Comunicación de crisis: la concreción

Como cuando llegabas a un examen sin haber estudiado y optabas por meter paja. Con suerte, pensabas, el profe desistiría de leerse las 17 páginas en las que no decías absolutamente nada y te pondría el cinco pelado para evitarse el insoportable sufrimiento de destinar tiempo a una causa perdida. En cambio, el día en que dominabas la materia, bastaba con la misma hoja por la parte delantera y 8 minutos de reloj para saber que aquel día habías estado brillante, de 10. SEGUIR LEYENDO 

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Comunicación de crisis: la serenidad

Que las lágrimas y las sonrisas sinceras (no las diplomáticas) dejaran de significar debilidad y pasaran a considerarse vulnerabilidad (autoconfianza) se lo debemos a Barack Obama. El día que el presidente de los EEUU lloró por primera vez en un acto público y oficial fue en 2016 cuando suplicó controlar las armas de fuego y, rodeado de familiares de víctimas de tiroteos, recordó a los niños que habían sido asesinados cuatro años en una escuela infantil. Porque cuando hubo el atentado, cuando la crisis todavía estaba viva, el presidente se mantuvo públicamente sereno. Una cualidad, la serenidad, más humana que cualquier otra. Pues la serenidad no es sólo empatizar (algo que hacen también otras especies animales), es gestionar las emociones y sensibilidades para que ninguna domine a otra y nos evite la parálisis o la agresividad en momentos en que debemos responder rápidamente; y eso, sólo lo podemos llegar a alcanzar los humanos. La lucidez mental depende de la inteligencia emocional. SEGUIR LEYENDO 

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Y si el Megxit salvó a la reina…

Fue el lunes cuando el Megxit se materializó. Lo hizo de la mejor manera. O por lo menos, con buena cara. Harry llegaba a Canadá para reunirse con su esposa e hijo con una gran sonrisa, ilusionado. Tras despedirse como buenamente pudo de su país y su familia de origen, Meghan le daba la bienvenida a su nuevo mundo. La actriz aprovechaba para pasear relajada con el pequeño Archie, en una mochila portabebé, y dos de sus perros a los que tanto añoraba (por edad, uno de ellos no podía volar a su nuevo hogar en Inglaterra). Una nueva vida no exenta de lujos ni presión mediática, pero menos rígida y casposa… SEGUIR LEYENDO 

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Sobre la mala hostia del Papa

La mujer aguarda en primera fila su turno. Lo hace con las manos en posición de súplica. En el saludo, el Papa da preferencia a los niños (Dios mío, no sé cómo escribir esto para que no suene mal…). Los mayores simplemente lo admiran y como mucho se conforman con rozarlo mientras Francisco sostiene la mano de algún crío. De hecho, hay una monja que también lo toma por la manga. Mientras, la mujer en cuestión se entretiene santiguándose. Pero cuando ve que el Papa se da la vuelta y no sigue estrechando la mano de nadie más, la mujer pierde la fe y los papeles. No le basta con tocarlo sino que tira del brazo de un anciano de 83 años con las dos manos para que Bergoglio le preste atención y se detenga ante ella. El Papa intenta liberarse pero no puede, ella se lo impide. Uno de los seguratas intercede aunque de un modo muy sutil que no consigue detener el frenesí de la señora. Algunos de las personas presentes, al percatarse de la situación también toman a la mujer para que suelte a Francisco. El Santo Padre finalmente le pega en la mano y logra recuperar su extremidad. Eso sí, está cabreado. Muy cabreado… SEGUIR LEYENDO

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