Aparentemente Anna Erra ha dicho

Tardamos entre 20 segundos y 4 minutos en juzgar a una persona que acabamos de conocer y con la que no hace falta ni que hayamos intercambiado palabra alguna. Y en general, juzgamos por las apariencias. De la información que nos llega del mundo, un 87% es visual. Mientras se acerca, quizá la distancia aún no nos haya permitido reconocer sus expresiones faciales, pero su estética (ropa, pelo, accesorios…) ya nos aporta muchísima información (hombre o mujer, clase social, estado civil, profesión, gustos musicales, ideológicos, procedencia geográfica…). SEGUIR LEYENDO 

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Y si el Megxit salvó a la reina…

Fue el lunes cuando el Megxit se materializó. Lo hizo de la mejor manera. O por lo menos, con buena cara. Harry llegaba a Canadá para reunirse con su esposa e hijo con una gran sonrisa, ilusionado. Tras despedirse como buenamente pudo de su país y su familia de origen, Meghan le daba la bienvenida a su nuevo mundo. La actriz aprovechaba para pasear relajada con el pequeño Archie, en una mochila portabebé, y dos de sus perros a los que tanto añoraba (por edad, uno de ellos no podía volar a su nuevo hogar en Inglaterra). Una nueva vida no exenta de lujos ni presión mediática, pero menos rígida y casposa… SEGUIR LEYENDO 

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Sobre la mala hostia del Papa

La mujer aguarda en primera fila su turno. Lo hace con las manos en posición de súplica. En el saludo, el Papa da preferencia a los niños (Dios mío, no sé cómo escribir esto para que no suene mal…). Los mayores simplemente lo admiran y como mucho se conforman con rozarlo mientras Francisco sostiene la mano de algún crío. De hecho, hay una monja que también lo toma por la manga. Mientras, la mujer en cuestión se entretiene santiguándose. Pero cuando ve que el Papa se da la vuelta y no sigue estrechando la mano de nadie más, la mujer pierde la fe y los papeles. No le basta con tocarlo sino que tira del brazo de un anciano de 83 años con las dos manos para que Bergoglio le preste atención y se detenga ante ella. El Papa intenta liberarse pero no puede, ella se lo impide. Uno de los seguratas intercede aunque de un modo muy sutil que no consigue detener el frenesí de la señora. Algunos de las personas presentes, al percatarse de la situación también toman a la mujer para que suelte a Francisco. El Santo Padre finalmente le pega en la mano y logra recuperar su extremidad. Eso sí, está cabreado. Muy cabreado… SEGUIR LEYENDO

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