La Setmana Tràgica

“Soldados, apuntad bien. Vosotros no tenéis la culpa. ¡Viva la Escuela Mo…”. Francesc Ferrer i Guàrdia no pudo finalizar su proclama porque las balas, el único argumento de los cobardes, lo acallaron para siempre. Convencido de que la maldad humana no es una cualidad innata sino que deriva de la ignorancia, hasta en el momento de ser fusilado injustamente hizo gala de su refinada inteligencia emocional y perdonó a los borregos de sus verdugos.

Al pedagogo se lo había acusado de ser el instigador intelectual de la revuelta popular en Barcelona que motivó la Setmana Tràgica en julio de 1909. Dos años después, ya muerto y enterrado, las Cortes exigieron la revisión del proceso y el Consejo Supremo lo declaró “inocente”… La rectificación y disculpa de Miguel de Unamuno por haber condenado ideológica y moralmente a Ferrer i Guàrdia vino muchos años después a través de un artículo titulado “Confesión de culpa”, publicado en el diario Día en 1917. “Sí, hace años pequé y pequé gravemente contra la santidad de la justicia. El inquisidor que todos los españoles llevamos dentro me hizo ponerme al lado de un tribunal inquisitorial, de un tribunal que juzgó por motivos secretos -y siempre injustos- y buscó luego sofismas con que cohonestarlo”, escribió el filósofo. SEGUIR LEYENDO

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Claro, hablemos del “patriótico” bolso de Cristina Cifuentes

Los medios de comunicación nacionales -incluso los de corte supuestamente izquierdista- destacan y aplauden el “patriotismo” del bolso con el que la presidenta de la Comunidad de Madrid acudió ayer al desfile de las fuerzas armadas. “Con una capa y un vestido azul añil, Cristina Cifuentes acompañaba su estilismo con un bolso de mano de tela rojo y gualdo en homenaje a la bandera nacional y como guiño a la unidad de España”, repiten en todas las crónicas sobre el 12O. Y no es que desee contradecirles pero sí debo advertir y señalar que la cartera en la que se ha estampado la enseña es uno en formato sobre y está en manos y lleva bordadas las iniciales (CC) de una dirigente del PP… SEGUIR LEYENDO 

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El miedo de Ada Colau

Nuevo discurso institucional. Sí, otro. Después del de Rajoy, Felipe VI y Carles Puigdemont, le ha llegado el turno a la alcaldesa de Barcelona. Y aunque nadie la esperaba, parece ser que hay políticos a los que les encanta ser el muerto en el entierro. Sin embargo, alguien debería explicarle a Ada Colau la diferencia entre un discurso institucional y convocar a la prensa para leer un comunicado -de cabo a rabo y que podía haber colgado en Facebook como ha hecho en otras ocasiones. Si pretendía frenar el choque de trenes y tranquilizar y reconfortar a los ciudadanos ante la tormenta que se cierne mañana sobre la capital catalana, su rostro desencajado, la falta de luz y otros errores en la puesta en escena han acabado provocando más inquietud.  SEGUIR LEYENDO

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Atestado estético 1O

Puede parecer etérea y subjetiva, pero la belleza es sencillamente armonía. Se la reconoce no por su perfección -la perfección reside paradójicamente en la maravillosa imperfección- sino por el equilibrio (paz) que desprende.

La belleza estética tiene su ciencia (la filosofía) e incluso su expresión matemática (el numero Phi). Dice la Ley de la Proporción Áurea (oro, en latín) que para que un espacio dividido en partes desiguales resulte bello debe haber entre la parte más pequeña y la mayor la misma relación proporcional que entre la parte mayor y el todo. Y esta fórmula es aplicable a cualquier conflicto, sea éste emocional, social, arquitectónico, ideológico, político… SEGUIR LEYENDO

Che Guevara: ese que llevas estampado en la camiseta

“Es mejor caminar descalzo que robando zapatillas”

BSO Hasta siempre, comandante por Carlos Puebla

(Perfil incluido en Espejo de Marx, ¿la izquierda no puede vestir bien?)

Deseosos de exhibir tan valioso trofeo, hace hoy 50 años, los asesinos del guerrillero ordenaron a la enfermera que lavara, peinara e incluso afeitara al cadáver. Todo “para que no quedara duda” de que aquel cuerpo sin vida era el de Ernesto Guevara. Cuando llegaron los periodistas y los curiosos a contemplar el cuadro, la metamorfosis ya era completa. Coinciden los biógrafos que, sin pretenderlo, al presentar al caído con el torso desnudo y la cabeza ligeramente levantada, el ejército boliviano acababa de convertir a su principal enemigo en el mayor político del siglo XX. Con una mirada lúcida -motivada, tal vez, por la posteridad que le aguardaba- y una expresión burlona en su boca -quizá divertido por la ingenuidad de sus verdugos-, la última paz que exhaló el alma del muerto contribuyó irónicamente a tan cuidada puesta en escena. Si el símil estaba claro (“el Cristo armado” o el “Cristo Rojo”), que su captor se adueñara de su Rolex y su pipa cumplió, una vez más en la historia, el presagio de la Sagrada Escritura: “Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados.”  Read More