Aparentemente sólo era una coleta…

Paren el mundo: ¡Pablo Iglesias se ha cortado la coleta! ¿Y qué tiene eso, un mero cambio de look, de noticioso? Aparentemente nada, pero en el fondo, todo. En 2014, un joven Iglesias de 35 años irrumpió en la rancia escena política española para cambiarlo todo y ese “todo” implicaba también la estética. Iglesias introdujo el pelo largo al uniforme diplomático occidental actual. Nada más. Los jeans, las camisetas reivindicativas, las camisas de cuadros, los polos y los piercings ya se habían colado con anterioridad en la escenografía política (la #cuquiCUP llegó al Parlament catalán en 2012). Ni siquiera el zarrapastrismo —reconocido y publicitado por él mismo— le era exclusivo pues el uso de traje y corbata, no por convicción sino por convención, genera desde hace décadas el mismo patético efecto. Capilarmente, la coleta de Pablo Iglesias funcionó como la calva de Yannis Varoufakis. En el sistema político, por defecto conservador, cualquier pequeño cambio supone una amenaza para el establishment: incluso algo aparentemente tan banal como pueda parecer una coleta.

Además, inconscientemente, todo con lo que se adorne la cabeza lo asociamos a las ideas. No significa  lo mismo un sombrero de copa que una gorra obrera. Y según la época o el lugar le damos connotaciones distintas a la textura (el rizo se interpreta como más temperamental que el liso), color (el rubio como ingenuo o angelical), el arreglo (un peinado atado es más sumiso que la melena al viento) o la largura. El paso intermedio entre su larga coleta y la amputación de esta fue el moño. Algo que ya nos tendría que haber servido de presagio. No porque el vicepresidente estuviera “hasta el moño” sino porque si nos referimos a la metáfora española taurina de cortarse la coleta, debemos explicar que con la coleta del torero este se hacía una moña para si en caso de caída tal cojín de pelo sirviera (qué optimistas) para evitar desnucarse. Aunque la referencia más certera sería la de Sansón. La coleta de Iglesias era su identidad de marca y era muy consciente que en el momento en que se deshiciera de ella perdería su “fuerza”.

También funcionaría aquí la profecía de Coco Chanel: “cuando una mujer se corta el pelo está a punto de cambiar su vida.” Recuerden el alboroto que se armó cuando la diputada de la CUP Anna Gabriel reapareció en Suiza sin su característico flequillo borroka (feminista). Sé lo que están pensando. ¿Pero por qué siempre se ataca más por su aspecto a los líderes de izquierda que a los de derecha? Por muchas razones, pero la más evidente es que un conservador en poco o nada modifica su cabeza (e ideario). Se trató el injerto de Albert Rivera y el de José Bono, y ya. Pero si Pablo Casado acudiera mañana al Congreso con una cresta punk, ¿quién no estaría tentado a comentarlo?

Está claro que sus adversarios más torpes han utilizado su diferencia estética para atacarlo e insultarlo (como si no hubiera incongruencias en su discurso y en sus gestos para rebatirlo).  Pero no crean que Iglesias no sabía a qué jugaba… Una cosa es que su estilo agrade o no y otra, muy distinta, que no haya empleado la estrategia estética siempre que le ha convenido. Consciente de que la imagen también comunica; al poco de obtener unos buenos resultados en las elecciones europeas desaparecieron los pendientes (si hay que ampliar la base, quizá un estilo menos rupturista y radical convenga más). Después empezó a coquetear con la corbata. Era divertido (para algunos de izquierdas nos resultaba espeluznante) observar y escuchar como a veces la demonizaba (como fiel símbolo de una soga al cuello con la que la derecha había sometido estilísticamente a la izquierda durante décadas) y, otras, le rendía pleitesía (la más sonada cuando se ató el nudo porque Ana Rosa Quintana —sí, Ana Rosa— se lo pidió). A medida que Podemos acariciaba ya con las yemas de los dedos el cielo que deseaba asaltar, los polos (corporativos) de la firma 198 empezaron a ser enterrados bajo camisas y americanas, y los jeans por chinos beige… Ante tal renovación estilística, algunos de sus enemigos lo acusaron de querer ser precisamente aquello que verbalmente condenaba: “casta”. La compra del chalet tampoco ayudó. Sin embargo, el problema era más profundo que el que sus hiperventilados haters de la derecha cavernícola alcanzaban a ver. Camisas de Alcampo, americanas de Zara y pantalones de Massimo Dutti. Mientras denunciaba justamente a esas marcas de moda rápida por irrespetuosas con el medio ambiente, los derechos de los trabajadores y la propiedad intelectual; las lucía sobre la piel. Más que casta, en este país lo que hay es “caspa”.

Los cambios de look de Pablo Iglesias y sus constantes incongruencias son infinitas. Como cuando se presentó a los Goya con un smoking (grande, nunca ha dado la talla) “porque Antonio Resines me lo ha pedido”. Ningún líder de izquierdas (Allende, Carillo, Mandela…) había aceptado antes vestir smoking, chaqué o frac porque, a diferencia del traje que tiene un germen revolucionario, se consideran símbolos oligárquicos. Bueno, Felipe González sí lo hizo pero ya saben cómo ha acabado esa historia.

En fin, como bien apunta Pepe Mujica: “El poder no cambia a las personas sólo refleja lo que en verdad son.” Y una cosa es mejorar el estilo de una persona a lo largo de su vida o trayectoria política y otra disfrazarse. Cuando ocurra lo segundo, creanme, desconfíen: va engañado o va a engañar.   

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Making of investidura Macri y Juliana

Un día, con calma, analizaremos con más detalle tanto al nuevo presidente como a la primera dama argentina. Hoy, sólo repasamos cómo fue la investidura de Mauricio Macri y Juliana Awada.

Make in off Me ha encantado tropezarme con estas instantáneas de la pareja preparándose para la investidura. Creo que ningún president@ antes había compartido este  tipo de detalles tan «íntimos» en un día tan especial. Obviamente, no es casualidad. Todo es marketing, pero creo que, en este caso en concreto, han acertado: han hecho partícipes a todos los argentinos del momento histórico que estaban viviendo de un modo bastante cercano y fresco.

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Macri haciéndose el nudo de la corbata frente al espejo (en España, algunos políticos aún no se han enterado que precisan  de un reflejo para ejecutar bien el lazo…). Podríamos pasarnos horas diseccionando los productos de belleza que hay en el baño. Ya os digo que la mayoría de potingues serán de él ;) Veo que el que hace la foto no tiene mucha experiencia… jajajjajaja…

 

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Aquí, mientras maquillan y peinan a Juliana. No es que el vestido me agrade, pero lo que menos me gustó fueron los zapatos blancos. Ahí debía haber arriesgado un poco más. La niña, en cambio, le dio un toque al look con el calzado masculino plateado (muy a lo Sasha Obama).

 

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Juliana vs. Cristina El blanco (en oposición al negro y la sobriedad masculina que representa el poder oculto) ha significado para las mujeres que han alcanzado el poder un símbolo de pureza y renovación. CFK tomó el bastón de mandos de su marido vestida de blanco y, tras unos años de luto riguroso, el miércoles clausuró su «reinado» de la misma manera. En política no existen las casualidades (y cuando existen, generalmente se las califica de «errores»). Que Julianna Awada escogiera un estilismo que recordara tanto al de Kirchner no se puede atribuir a una simple eventualidad. ¿Motivos? 1) Una mujer no soporta coincidir estilísticamente, aunque sea en días consecutivos, con otra. 2) Julianna tuvo 24 horas para optar por otro estilismo y no lo hizo. 3) Después del feo a su marido, Juliana tenía motivos suficientes para vengarse de CFK. Ponerte un vestido parecido a tu archienemiga, pero luciéndolo con 20 años menos y un físico impresionante, es el equivalente a clavarle el tacón del stiletto en el ojo.

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Blanco, transparencias, bordados, encajes, zapato… Cualquier mujer sabe que ese vestido no responde a la «casualidad». Hasta la coleta tenía su intención (mi cuello no está arrugado como el de CFK).

 

 

Todo al blanco. Además de Juliana, su hija también vistió de blanco para la investidura de su padre. En primavera (en Argentina están ahora en primavera) es un tono muy recurrido. De hecho, la nueva primera dama también lo escogió para la celebración religiosa (un look más recatado pero jovial, con un conjunto de blazer y pantalón) y para la fiesta de gala (un precioso y sencillo vestido de corte recto con una sexy apertura frontal y el mismo clutch que había lucido por la mañana). Todos los looks los adquirió en una boutique multimarca (firmas internacionales) ubicada en Buenos Aires y llamada Ménage à Trois (nombre sugerente, más cuando Macri confesó que su joven y bella esposa es «insaciable»…).

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Supongo que el pantalón era de lino y por eso se dibujan los bolsillos. Sandalias planas para la ceremonia religiosa. Con lo alta que es se lo puede permitir perfectamente.

 

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Precioso el vestido. De 10. La sencillez siempre gana.

 

 

Iglesias, más republicano que Carrillo

Ayer los políticos hicieron diversas actividades para pasara el día de reflexión. El líder de Podemos jugó un partido de fútbol. Para la ocasión, Pablo Iglesias vistió pantalón corto de Nike, deportivas y camiseta republicana. Para sujetar los pelos sueltos de su frondosa melena hizo bien en optar por una diadema sólo que se la colocó per encima de la coleta y se le resbalaba cada dos por tres.

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