Iceta “Trumpeja”

El candidato socialista reveló hace un par de semanas que sus asesores le habían recomendado que no se quitara la corbata para ofrecer así una imagen más presidencial. Excepto en el cartel de campaña donde se decantó por una azul (quizá para agradar a su fichaje estrella, Ramon Espadaler), las viste rojas socialistas. Pero el accesorio por excelencia de la coquetería masculina no aporta seguridad ni seriedad tan gratuitamente. Uno debe conocer el exquisito ritual que comporta atarse el lazo, y esta sensibilidad por parte de los caballeros hacia el nudo me temo que ya ha desaparecido (tal vez, a la vez que se extinguen los caballeros). El candidato socialista presidir la Generalitat no sabe hacerse el nudo, ni qué tipo de corbata acompaña a cada cuello de camisa, ni que la punta de la corbata debe coincidir con la hebilla del cinturón (ni por encima ni por debajo)… Es por la corbata colorada satinada colgando sobre su barriga, y no tanto por aplicar el 155 y pedirle a la Junta Electoral que prohiba los lazos amarillos en las mesas el 21D, que Iceta se me antoja últimamente muy Trump (y sí, el americano ganó contra todo pronóstico). Además, es de los que, como Albiol, siempre calza mocasín (castellanos) con traje. Una elección de calzado más propia de Castilla, no de estos lares… Sus adversarios le reprochan que baile, yo es la única gracia (entretenimiento) que le veo. ¡Baila, Iceta, por Dios, baila!

Hace dos años, de cara a los comicios del 27S, escribí el siguiente perfil estético de Iceta. Como considero que la cosa no ha mejorado, más bien ha empeorado, lo recupero. ¡Feliz jueves!

Iceta, el antilíder

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

 

A mí, ahora, las formas “me la bufan”

c5eca4_7c30e63ea52a49bba54860879eb0df18-mv2La culpa no es de los que prefieren a Pablo Iglesias antes que a Íñigo Errejón. Ni de los que persisten en presentar a Obama y Trump como el mismo monstruo. Tampoco de los que pretenden hacerse famosos y millonarios retratándose el culo a lo Kim Kardashian. No, la culpa es de aquellos que no hace tanto tiempo, alzados en un trono de supuesta superioridad moral e intelectual, sentenciaron que las formas eran secundarias, superfluas y banales. Infravalorando las formas (el reflejo externo del fondo), estamos hoy donde estamos. La falta de estética se aprecia fácilmente en una diputada que mastica chicle desde un escaño del Parlament, en el regidor que asiste a un pleno del Ajuntament en bañador y en el secretario general de un partido que se presenta en el Congreso con una camisa sin planchar, tres tallas más grande y manchas de sudor. La apariencia (el arte de estar presente, en paz) y la búsqueda de la belleza (armonía entre físico, pensamiento y sentimiento) es una demostración de respeto no sólo hacia los demás, también hacia uno mismo. Por eso, la pérdida de estética es aún más denunciable y alarmante cuando un presidente del gobierno le niega el saludo al líder de la oposición, cuando un político no sabe pedir perdón (dimitir) y, por supuesto, cuando un cargo público sucumbe a la corrupción.

Read More

Assange se pasa a las camisas ecuatorianas

En una entrevista concedida al DailyMail, encuentro a un Julian Assange vestido con una camisa blanca adornada con tradicionales motivos ecuatorianos bordados. Retenido en la embajada de Ecuador en Londres, el fundador de Wikileaks parece estar mimetizándose con el look de sus aliados, y especialmente, con el de Rafael Correa. Aunque no del todo. Le siguen acompañando unos jeans y unos zapatillas deportivas azules.

No es la primera vez que el “ciberterrorista” cambia de estilismo. Desde que estallara el caso Wikileaks, Assange ha pasado por varias fases. En la primera etapa, incluso el New York Times llegó a comparar su imagen con la de cualquier vagabundo desaliñado. Pero ante las acusaciones por acoso sexual, sus abogados le recomendaron sacar partido de su faceta más angelical (rasgos delicados, cabello rubio, piel clara…) y, con su transformación a niño bueno de Oxford, llegó a estar entre los primeros puestos de los hombres mejor vestidos del mundo. Incluso, hace 100 días, cuando hizo la anunciación desde el balcón de la Embajada ecuatoriana, le prestó gran atención a su apariencia. Pese a su tez cristalina, compró una cabina de UVA e intentó broncearse. “Me lo puse para que se me viera con mejor aspecto, no tan pálido. Después de media hora, uno de mis empleados me dijo: “Julian, tienes media cara y una parte del cuello rojos como un tomate.” Parecía una langosta hervida, pero la escena del balcón era un momento político muy importante y pensé que qué le iba a hacer… Intenté igualar el otro lado, mis ojos estaban ardiendo, no podía ver y tenía ampollas por todo la parte izquierda. La piel se me empezó a pelar”.  Al fin, la esposa de un amigo de Assange entró en escena y con maquillaje y paciencia arregló el desastre. “Nos llevó una hora y media para asegurar que no se me vería como una víctima de Chernobyl “, explica riendo en la entrevista.