La foto real de una familia no real

Con motivo del 80 cumpleaños del rey emérito, Casa Real compartió una instantánea de la familia durante el almuerzo de celebración que tuvo lugar en el Palacio de la Zarzuela el pasado 5 de enero. La fotografía -todo un despropósito visual-, además de representar la ridiculez de una institución anacrónica, debió provocar la carcajada del resto de monarquías que aún sobreviven en Europa del mismo modo que lo hizo la imagen del gabinete de crisis de Zoido entre los españoles. Pues el retrato de familia es tan excesivamente real (cutre) que demuestra la falta de realeza (majestuosidad) de la misma. SEGUIR LEYENDO 

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Protocolo para la declaración de una infanta

Últimamente la justicia reclama la presencia de numerosos personajes con gran trascendencia pública y mediática. Esta tendencia ha provocado que los grandes bufetes de abogados de nuestro país cada vez requieran más conocimientos de comunicación no verbal, especialmente de lenguaje y expresión corporal pero también de código indumentario, para que sus clientes resulten creíbles de cara a la opinión pública y en vistas a apoyar declaraciones orales y alegatos ante el juez (la justicia será ciega pero el que la aplica, no ). Lógicamente el éxito de la estrategia dependerá de las dotes interpretativas del imputado pero en este caso, el de la infanta Cristina, este aspecto se antoja prácticamente innato en un miembro de la Casa Real. No obstante, como hace unas semanas nos advirtió el presidente Rajoy, ellos también son «seres humanos». Repasamos a continuación aciertos y errores de la llegada de la infanta Cristina a su cita con el juez Castro.

Sonrisa La infanta Cristina ha bajado del coche con la sonrisa dibujada ya en la cara. Es cierto que la hija pequeña del rey, nada más abandonar el vehículo, ha contado con el gesto amable de unas trabajadoras del juzgado que aguardaban expectantes su llegada tras la reja de una ventana, pero ha decidido dedicar la misma expresión «relajada» también ante las cámaras y periodistas acreditados. Daba la impresión de que la infanta en vez de acudir a defenderse fuera a inaugurar algo, porque después de darle la mano a uno de sus letrados que la esperaba en la puerta, se ha dirigido hacia una de las policías que custodiaba la puerta casi esperando que alguien más le diera la bienvenida y le obsequiara con unas flores. Y es que esa sonrisa más que revelar «tranquilidad» lo que revelaba era un deseo de parecer «tranquila» y de que no olvidáramos (ni ella tampoco) que sigue siendo infanta de España. La actitud, por lo tanto, aunque no haya levantado la mano para saludar al aire, se la enseñaron en protocolo ya de bien pequeñita. No obstante, esta vez no era preciso sonreír con la boca para reflejar serenidad, hubiera sido más conveniente preparar una mirada y un gesto consciente (sonreír con los ojos).

Alma blanca, poder oculto y alianza. Si alguien desea buscar serenidad en Cristina la encontramos en la elección de su atavío. Si la  seriedad que requería el momento y la relevancia de su título se hacía patente en la chaqueta de terciopelo negro (color del poder oculto) con botones dorados (símbolo del poder visible), el cuello de la camisa blanca entreveía un alma pura. El pantalón azul  (sin conjuntar con el blazer) le quitaba hierro al asunto (no me he preparado para esto) y el botín con tacón reforzaba su seguridad. Como joyas, únicamente tres pendientes (en una de las orejas lleva un par) y su alianza de oro (compromiso y fidelidad hacia su marido, no va hacer nada que comprometa su matrimonio). El bolso era el modelo Sophia de la firma neoyorkina Coach (valorado en 400 euros).

Paseíllo. Aunque antaño alguien pudo valorar positivamente la bajada de la rampa a pie de Urdangarín, la interpretación, inconscientemente, fue como una especie de penitencia por la que el yerno del rey debía pasar. Además, la imagen de culpabilidad quedó reforzada por su apariencia demacrada y cabizbaja. A sabiendas, los abogados han hecho bien en recomendarle a la infanta que descendiera en coche hasta la puerta del juzgado y ella ha acertado al lucir melena de peluquería y un aspecto saludable.

 

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Urdangarín protege su cuello

Hace un año el color de las corbatas que el duque de Palma escogió para declarar ante el juez nos sirvió para confirmar que algo ocultaba (gris) y que no iba a decir nada (verde). La dejadez en su aspecto (más allá de la pérdida de peso y el incremento del  mechón de canas; me refiero al nudo de su corbata y a la combinación de tonalidades) era consciente igual que la fue en su día la presentada en Félix Millet. Hoy, la corbata se ha sustituido por una bufanda multicolor (amarillo, verde, rojo y azul). Se sabe que inconscientemente requerimos de la fuerza de los colores en accesorios cuando nuestra salud (emocional y física) está debilitada y falta de energía. No por casualidad, el complemento escogido por el marido de la infanta Cristina sirve para proteger la garganta y el cuello (ya sea del frío o de declaraciones imprudentes). Además, la amabilidad de la bufanda sugiere que podría tratarse de un amuleto (quizás regalo de sus hijos o algún ser querido. Es decir, la protección de los suyos). Sin embargo, curioso es que casi todos los imputados sucumban a las rayas (tan tendencia entre rejas) cuando visitan al señor juez. En suma, la bufanda dará de qué hablar a los demás pero no al duque.

Corbatas en el Ave

No es por malmeter pero tiene delito que el Ave Madrid-Sevilla lleve veinte años funcionado y el Madrid-Barcelona- resto de Europa se inaugurara ayer. Así va el país. En fin, yo a lo mío. La esperada y morbosa fotografía del príncipe Felipe, Mariano Rajoy y Artur Mas tendrá en la prensa de hoy mil lecturas diferentes. Yo leo entre corbatas: la verde del heredero se parecía mucho a la que lució su cuñado Iñaki Urdangarín en su segunda declaración ante el juez Castro; el presidente del gobierno y sus greñas (por Dios, ahí sí que urge un recorte) se decantaron por una de camuflaje (fea pero ideal para el contexto); y el convergente (cada vez con las cejas más Ibarretxe y una expresión más desagradable), de rayas negras y grises que enseguida me llevó a pensar en el caso Pallerols… ¡Feliz viaje!

Letizia se quita el anillo de compromiso

Letizia se ha quitado el anillo de compromiso. Tranquilidad, el gesto no se debe a un distanciamiento con el príncipe. Más bien tiene que ver con que la joya la pagara en su día Iñaki Urdangarín con dinero del Instituto Noos (unos 3.000 euros). Sin embargo, quizás por no pertenecer a la realeza, no entiendo por qué el cuñado y no el novio abonó el precio de una de las joyas más valiosas para cualquier mujer enamorada. Pero bueno, puestos a objetar, también me extrañó que el príncipe Guillermo agasajara a Kate Middleton con el anillo que su padre, el príncipe Carlos, le juró «amor eterno» a la desgraciada Lady Di. Mira por donde ahora las teorías de Mariló Montero van a tener cierto sentido para mí: los anillos de amor tienen alma.

Sí, aunque parezca mentira, así era Letizia en 2003.

 

Vamos, a mí me ofrecen esa joya y, como mínimo, hago algún rito para quitarle la mala energía.