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La política las prefiere rubias

La secretaria general del PP compareció ayer en rueda de prensa para desmentir que en su partido exista ninguna “convulsión” o “fractura”. Sin embargo, el peinado con el que nos sorprendió Cospedal sí que nos remitía a una fractura con el modelo anterior y a una gran convulsión con el cepillo y el secador. Además, el tono de tinte escogido, mucho más oscuro, no le favorecía ni estética ni políticamente. Me explico: construir una imagen creíble de un dirigente consiste, básicamente, en equilibrar la seguridad, seriedad y cercanía de la que dispone. Las dos primeras cualidades están socialmente vinculadas al género masculino  (a la mujer no se le consiente la madurez -deben ser eternamente jóvenes- ni la fuerza -se la calificaría de marimacho (Thatcher, Merkel…)-), mientras que la tercera (proximidad, empatía… ) le pertenece a la fémina. Uno de los detalles estéticos que más peso juegan al definir la imagen de una mujer (sea o no representante pública) es el pelo y, por eso, a las políticas se les recomienda que el color de su cabello no sea excesivamente oscuro (duro) ni artificial (lo más natural posible). Así, aunque las melenas sean castañas o morenas, muchas optan por darse unos reflejos miel para endulzar el rostro. Veamos algunos ejemplos.

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Pese a su feminidad en el vestir y sus rasgos faciales suaves, Cospedal ya transmite seguridad y seriedad. Por lo tanto, en su caso no es necesario endurecer su imagen. Más bien, debido a la ideología de su partido, es preferible dulcificarla. Por eso los rubios y los tonos dorados la favorecen más.

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La líder del PP catalán lucía en sus primeros años una melena morena oscura. Recuerdo que una vez confesó que fueron sus asesores los que le recomendaron “chorradas” -palabras textuales- como aclararse el pelo para resultar más cercana. Ahora le falta asumir que debe cortarse la melena y acabar con esas puntas abiertas y quemadas. Nada, más “chorradas”…

 

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A Tymoshenko no hizo falta convencerla. Procedente del mundo empresarial, la ex primera ministra ucraniana supo enseguida que el pelo oscuro era demasiado violento para penetrar en el sistema político.

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Obviamente, hay muchíismos casos también de mujeres políticas con el pelo azabache. Una de mis preferidas es la ministra de PYMES francesa. Fleur Pelleryn, de origen surcoreano, posee unas facciones muy aniñadas y, por lo tanto, su tono de color oscuro no supone ningún problema, es más, es recomendable.

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Pequeños detalles no verbales en Rajoy que hubieran mejorado la reunión con Obama

Las comparaciones suelen ser odiosas y otras veces, por los motivos que sean, sencillamente resultan imposibles. Por lo tanto, era fácil adivinar que ningún milagro iba a impedir que el presidente español quedara en evidencia ante la presencia de uno de los hombres más cautivadores y elegantes del mundo. Sin embargo, hubieran bastado pequeñas correcciones en la comunicación no verbal e imagen de Mariano Rajoy para que el abismo entre los dos no hubiera sido descomunal.

1. Vestirse por los pies. A parte de la evidente diferencia de lustre entre zapatos (el de Obama, seguramente hecho a medida, reluce y el de Rajoy reclama cepillo y cera), el pie del español revela la tensión que sufre al apuntar hacia arriba. En cambio, el del americano, mucho más relajado, toma una pose natural. Se advierte  también el calcetín fino de Obama frente al tosco de Rajoy (media no apta para ese tipo de calzado).  Por último, la marca de los pespuntes del dobladillo del pantalón de Rajoy deberían haber pasado totalmente desapercibidos.

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2. La importancia de los pequeños detalles. El lazo de la corbata de Obama es un nudo simple, el de Rajoy no sé cómo deberíamos bautizarlo… La camisa del jefe del ejecutivo español sigue tendiendo hacia un tono grisáceo nada recomendable. La montura de las  gafas deben actualizarse de inmediato para dotar al líder del PP de cierta personalidad. El Farmatin es abusivo. El tono rosáceo de su piel no es nada favorecedor (más al lado de un tono de tez  como el de Obama) y con la barba canosa y el pelo castaño viejo no termina de cuajar.  Pero olvidémonos de todo eso…  El reloj de mano de Rajoy estuvo durante todo el encuentro con la prensa con la esfera boca abajo. O no se lo ajustó bien, o le queda grande o ha conseguido ensanchar la correa con tanto ponérselo y quitárselo para controlar el tiempo en sus discursos.

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El reloj de Barcak Obama, en cambio, permaneció siempre en su sitio.

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3. Qué hacer con las manos. Para enfrentarse a la prensa, Mariano Rajoy suele utilizar el recurso de sujetar un bolígrafo entre los dedos recomendado para oradores principiantes. Sin embargo, en esta ocasión tuvo que renunciar a su truco y las manos revelaron con total sinceridad los nervios que estaba sufriendo el presidente español. Mientras Obama parecía estar orquestando una banda, Rajoy gesticulaba duramente (en numerosas ocasiones golpeaba la palma de la mano sobre su pierna) cuando su mensaje verbal no lo precisaba.  Además, tampoco ayudó que jugara con su anillo de casado porque, aunque no sea cierto, le estaba transmitiendo a su interlocutor falta de compromiso y lealtad.

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