Un Rajoy inerte anima a la participación

«Y empezamos…» Si el objetivo del presidente en funciones es animar a la participación de los españoles en las elecciones del 26J, incluso con el trillado truco de que «viene el demonio (comunismo)», su mensaje no verbal expresa todo lo contrario. Se ve a un individuo excesivamente relajado, desmotivado, desgarbado e inactivo.«Se que esto puede cansar, y es lógico que lo haga, a mucha gente», advierte verbalmente. Ahora, con la comunicación no verbal, demuestra que el que está fatigado es él. Pero el momento más desalentador es cuando Mariano Rajoy termina el vídeo verbalizando un (¿ilusionador?) «y empezamos» y se queda quieto, inmóvil e inactivo. Bastaba con que el presidente se hubiera levantado del asiento para abandonar el plano (= me voy a trabajar, a empezar algo…).

Descorbatado Incluso, la ausencia de la corbata que suele recomendarse como un gesto de cercanía, resulta aquí deprimente. En los carteles de la campaña del 20D, fue el único candidato que se sirvió de este accesorio y acertó porque le servía para diferenciarse del resto y vender un perfil más clásico (u aburrido, lo que se quiera). En una persona de derechas y conservadora que además se atreve a realizar un vídeo electoral desde La Moncloa (institucional), no tiene ningún sentido este estilismo desahogado. Una opción intermedia, entre la seriedad de la localización y el dinamismo que supuestamente deseaba transmitir el vídeo, hubiera sido una camisa con corbata pero sin la americana.

Mira, ¡sin manos! Para poder comunicar un mensaje que resulte creíble, honesto y sincero es imprescindible emplear la mirada y las manos -de ahí que muchos prefieran el mail, el whatsapp o incluso una llamada telefónica para intentar intimar. En este vídeo, el plano elegido no permite que veamos las manos del líder popular. Seguramente sea una decisión intencionada para camuflar el descontrol del lenguaje corporal de Rajoy (evitar las incongruencias entre el mensaje verbal y el no verbal), pero es peor el remedio que la enfermedad. Sin manos, y al haber elegido un formato audiovisual, el mensaje verbal queda huérfano.No hay ningún elemento que apoye la palabra. Ni siquiera los ojos ya que estos sólo se emplean para leer el telepronter (la dirección de la mirada va todo el rato de izquierda a derecha. Este efecto queda disimulado generalmente en el orador porque al gesticular nos centramos más en las manos…).

Tic ojo Habitualmente, es uno de los gestos propios de Mariano Rajoy que mejor delatan la mentira o la incomodidad sobre un tema en concreto. En esta ocasión, el presidente en funciones guiña el ojo cuando dice: «Los españoles estamos convocados a unas nuevas elecciones generales». En principio, a no ser que él tenga otra información, es un anunciado cierto. Con lo cual, en esta afirmación no habría margen para la falsedad. Sin embargo, y pese a que no podamos analizar el resto de microgestos que confirmarían la falta de sinceridad, sí que tiene sentido si mantenemos la teoría de que al PP no le interesa una gran movilización en estos comicios ya que le beneficia la abstención.  Si se hubiera referido y delimitado -o en el momento de verbalizar la frase hubiera visualizado a los votantes populares- a su electorado; tal vez el guiño no se hubiera producido.

La Moncloa Dejando a un lado si la Ley electoral permite grabar un vídeo partidario desde tal localización (legalmente no sé, pero moralmente es absolutamente cuestionable); analicemos la escenografía. Cuando el plano es frontal, advertimos una ventana y media planta de esas que nunca sabes si es de verdad o de plástico, ni siquiera cuando la tocas. Obviamente, no sería la mejor opción decorativa para transmitir vitalidad y entusiasmo. Cuando el plano es de perfil, otra ventana y la sensación de claustrofobia/centro médico mental se agudiza por las rejas. El minimalismo -por describir «la idea de nada» que provoca el espacio- relaja y crea un clima sofisticado. Ahora, es como un look sencillo (que no simple), precisa mucho más trabajo e inteligencia que el recargue. Como diría Margallo, «nos hemos pasado de austeros». 

Perfil En una conversación, a las personas más próximas o afines, las escuchamos (escrutamos) muchas veces de perfil. En ese momento, las palabras pronunciadas toman mayor significado (importancia). Pues bien, estas son las que resalta Mariano Rajoy: «Cansar», «imperfecciones», «apostamos», «extremista», «disolvente», «progreso», «mejor decisión». Seguramente, «cansar» e «imperfecciones» no eran conceptos para resaltar todavía más…   

 

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Sinceridad absoluta en las respuestas no verbales de Mariano Rajoy anoche

Entrevista desquiciante la de anoche, tanto por el interrogado como por la interrogante. Sin embargo, tuvimos una nueva oportunidad de contemplar algunos desaciertos en la imagen y el lenguaje corporal del presidente español a los que se debería poner remedio con especial premura.

1. Confundirse con el fondo. Antiguamente, con la televisión en blanco y negro, se recomendaba que la camisa de los candidatos en los platós fuera de un tono azulado en vez de blanca. Hoy, después de unas cuantas décadas de color, la mayoría de asesores de imagen españoles siguen empecinados en recomendar el azul a sus líderes sin otro motivo aparente (simple corporativismo, que le favorezca a la persona o que se busque cierta cercanía con el espectador). Anoche el presidente se confundía con los pivotes (especie de mesitas auxiliares) de la escenografía preparada por A3.  Y no hay excusa porque, además de que los asesores deben conocer todos los detalles del espacio que acogerán al invitado, no era la primera vez que Rajoy interactuaba con ese mismo escenario.

2. Consistencia. Pocas veces Rajoy verbaliza términos como «personalidad» y «carácter». Ayer lo hizo pero su imagen, nuevamente, no acompañaba a su discurso. Ni las gafas, ni la barba, ni el cabello, ni la corbata, ni el nudo, ni la calidad de los tejidos y el paño le aportaban fuerza al jefe de gobierno para valerse de conceptos tan poderosos como los que se atrevió a pronunciar anoche.

3. Mirada. Una de los secretos para obtener éxito en cualquier comunicación física reside en mirar a los ojos a los interlocutores ya que se advierte como una prueba de sinceridad e implicación en lo que se está diciendo. Obviamente, esto no significa que se deba aguantar la mirada permanentemente (no se trata de intimidar sino de seducir) pero sí se debe aprender a desviar la mirada (descansar la vista) con disimulo y en momentos del discurso de menor importancia. Por eso, retirar la mirada cuando se pronuncian palabras como «corrupción», «paro», «crisis» o «Catalunya» no es lo más conveniente. Del mismo modo, el tic nervioso en el ojo de Rajoy y que lo hace parpadear cada vez que se siente incómodo con una pregunta o situación debería corregirse de inmediato. Lo debilita en exceso.

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Prácticamente la misma escenografía se utilizó en la entrevista para las elecciones generales de 2011.