El problema no son las gafas

Dijo Gandhi sobre sus míticas gafas metálicas redondas que eran los anteojos que le habían permitido “visualizar una India independiente”. Lenin estuvo convencido toda su vida de que era ciego de un ojo, casualmente, menudo drama, del izquierdo. No fue hasta días antes de morir que el líder bolchevique no descubrió que el oftalmólogo que lo había examinado de niño se había equivocado en el diagnóstico y que con unas gafas hubiera corregido perfectamente la deficiencia visual (¿ideológica?). SEGUIR LEYENDO

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Y las urnas descabezaron al PP

Anoche, Ciutadans ganó en votos y en escaños. Sin embargo, el vencedor ha sido el bloque independentista. Más concretamente, el triunfador es el president Puigdemont. Y aunque en las crónicas políticas visuales uno debería recrearse con la imagen de los victoriosos, esta vez se me antoja mucho más atractivo (divertido) analizar la del gran perdedor del 21D: el PP.

Xavier García Albiol salió el primero a reconocer su derrota. Lo hizo con la misma ropa con la que había ido a votar por la mañana: una americana de pana con coderas, jeans y cuello libre de corbata. Además de querer ir de progre trasnochado, el postureo de su apariencia era más que evidente si uno se fijaba en la significante ausencia del lazo con la bandera de España y la senyera que, al final, sólo se colgó para los debates televisados (ni siquiera se lo puso para el de la SER). SEGUIR LEYENDO

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La representación gestual del 155

Bob Pop confesó esta semana en Late Motiv que cuando algún individuo o temática lo incomoda decide travestirlo. Así, en vez de referirse a “el 155″, habló de “la 155″. He procurado seguir la recomendación, pero como analista del lenguaje corporal se me hace imposible. El 155 es macho, el típico machito ibérico español tardofranquista. Y no importa si quien lo justifica es una mujer: la representación gestual del 155 supura testosterona.

Fue evidente la bravuconearía con la que Soraya Sáenz de Santamaría (S3) salió ayer por la tarde a defender el 155 en el Senado. Quizá, la afonía -no se sabe si de taberna o por tanto gritar el “a por ellos”- facilitaba visualizar esa arrogancia tan característica en la vicepresidenta cuando se enfrenta al adversario. Porque gestualmente intentó estar contenida (las manos ancladas en el atril para evitar tentaciones, pero los brazos separados para expandir su espalda y presencia). Todo se concentró entonces en su rostro: altivez (levantar barbilla=soy superior a ti), mirada desafiante (ojos dilatados=te tengo ganas) y exhibición innecesaria de los dientes (ataque inminente). Aunque lo más llamativo fue cuando se relamió al imaginar el hecho de que Puigdemont hubiera acudido finalmente a la cámara alta (menos mal que el president no lo hizo, lo hubieran devorado). SEGUIR LEYENDO

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