Por qué te alegras (un poco bastante) de la detención de Rosell

Esta mañana nos hemos despertado con la detención de Sandro Rosell por blanqueo de capital. En las redes sociales se detectaba un cierto disfrute por la noticia, y no sólo por el deseo de acabar con la corrupción… Pese a ser el presidente del Barça más votado, nunca se supo el más querido. Falta de carisma y una imagen que, por o pese a sus esfuerzos por caer bien, crea antipatía.  SEGUIR LEYENDO

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Por qué detestamos a Susana Díaz (y no es por ser mujer ni andaluza)

Hace un par de semanas, el ex presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, acusaba a Catalunya de machista y xenófoba al declarar que los catalanes «tenemos prejuicios con Susana Díaz porque es mujer y andaluza».No había que exprimirse los sesos para desmentir al instante la suprema idiotez verbalizada por el socialista (no sólo por falsa, sino por un tremendo desconocimiento de los orígenes, sensibilidad y cultura de una gran parte de la población de este país): la jerezana Inés Arrimadas es la líder de la oposición del parlament de Catalunya y el cordobés José Montilla fue president de la Generalitat. Sin embargo, debo reconocer el gran rechazo visual y empático que provoca por estos lares la figura política de la presidenta andaluza y candidata a secretaria general del PSOE (Sánchez ha obtenido 6.058 avales en Catalunya y Díaz sólo 974) y voy a intentar explicar brevemente el porqué… SEGUIR LEYENDO

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El cigarro de Magaldi…

La falta de educación y respeto debilita la causa Jamás, sin excepción, he tolerado o justificado que a nadie, aunque se tratara de una persona a la que no le tuviera estima, la abuchearan, ridiculizaran o lastimaran (física o moralmente) en mi presencia. Una de las lecciones más importantes que aprendí de pequeña es que la falta de educación y respeto sólo sirve para debilitarse uno o a la causa que defiende. Así que no es mi objeto defender o justificar a los manifestantes que supuestamente vociferaron agravios contra Anna María Magaldi, fiscal jefe de Barcelona.

Mirada, desafío Aclarado el punto anterior, en lenguaje corporal responder a un agravio verbal o no verbal mirando al provocador a los ojos es una señal de que aceptas el desafío. Esta respuesta no verbal es muy peligrosa y en cursos de defensa personal es una de las primeras enseñanzas que dan. Me ha sorprendido que la fiscal jefe explicara satisfecha que a cada insulto respondió parándose y levantando la cabeza (orgullo por el papel que representa) como si eso no significara alimentar aún más la tensión. De hecho, podía haber levantado la cabeza (dignidad) pero sin concederles el derecho a violentarla. Si los miras a los ojos les reconoces su importancia.

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La sonrisa burlona Siempre insisto en que existen muchos tipos de sonrisa. En una situación así, la sonrisa más natural sería la de temor (alargada con los labios sellados y la mirada baja o perdida). Sin embargo, no es la de Magaldi: la mirada es de soberbia (desde arriba)  y en la sonrisa, por lo tanto, se entreve cierta sorna. Y aunque no fuera esta la intención (como ella ha dejado claro verbalmente en rueda de prensa), la sonrisa funciona aquí como una expresión no verbal que agrava el conflicto en vez de apaciguarlo. Podía haber salido con la cabeza alta (dignidad), pero sin la sonrisa burlona. El mejor desprecio es no hacer aprecio.

El cigarrillo Fumar es un lenguaje. No viene al caso que me extienda en este post sobre el arte de fumar, pero sí sobre la altura a la que se sostiene un cigarro (celebro que no se tratara de un puro…). Si uno se sintiera cohibido o  intimidado por la vivencia, lo más natural es que el brazo estuviera estirado, pegado al cuerpo (o rígido) y el cigarro apuntara hacia el suelo (o hacia atrás). Magaldi mantuvo el brazo flexionado y el cigarro a la altura de su pecho apuntando (retando) hacia el público concentrado. No modificó esa postura ni cuando descendió las escaleras, ni cuando se paró ni cuando se alejó. Además, aunque sea desde lejos, echar una bocanada de humo hacia alguien es una señal de menosprecio absoluta. Entiendo que en una tesitura como esta una puede perder los nervios. Sin embargo, no es la forma más inteligente de enfrentarse a una intimidación (más cuando era probable que sucediera y seguramente ya la habían puesto en sobre aviso). Podía haber salido con la cabeza alta (dignidad), fumándose el cigarro (relajar nervios) pero sabiendo que en su cargo (fiscal jefe de Barcelona) también debería ir implícita la serenidad (inteligencia emocional). La bravuconería rara vez resulta exitosa, pero mucho menos en un momento como este. La honorabilidad hubiera sido no echar más leña al fuego.  

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Análisis visual del primer discurso de Trump como presidente electo

Otra vez ganaron las emociones Ante todo, los humanos somos seres emocionales. Y para ganar unas elecciones, empatizar con el electorado, hay que generar algún tipo de emoción (la que sea). Las emociones pueden ser positivas (optimistas y esperanzadoras como las que transmitía Obama en 2008) o negativas (el miedo y el odio de Trump en 2016). Si en estas elecciones se hubiera librado la batalla moral entre «el bien» y «el mal», muchos habrían entendido que generar confianza y respeto siempre es mucho más productivo que propagar decepción e ira. Sin embargo, la frialdad de la candidata Hillary Clinton y la contención de su equipo de campaña -miedo a feminizarla demasiado y recurrir a Michelle para que en la campaña demócrata alguien proyectara un puñetero sentimiento sincero- no sólo ha impedido la disputa, también explica la victoria de Trump. El triunfo del republicano alimenta y pondrá de moda las campañas agresivas y de desprecio que muchos partidos y candidatos vislumbran para hacerse con el poder de un modo fácil y rápido (es mucho más sencillo fingir enfado que alegría).

Lenguaje corporal En su primer mensaje como presidente electo, hemos visto a un Trump más sereno. Durante los primeros minutos parecía que finalmente había tomado conciencia de la responsabilidad que acaba de asumir. Sus gestos eran más abiertos y receptivos: en numerosas ocasiones ha recurrido a los brazos en cruz y mostrar las palmas de las manos (os lo digo de verdad). Pero aunque pretendía dibujar una sonrisa de agradecimiento, la sonrisa era forzada (sólo con la boca, no con los ojos) y triste (si se abusa de la sonrisa de Bull Dog, después es imposible deshacerse de ella). La postura de supuesta concordia le ha durado nada. Enseguida ha empezado a hacer su sempiterno gesto de ok  (Trump modifica el gesto y, por lo tanto, cambia el significado: agita arriba y abajo la mano y, más que un «todo está bien»,  debemos leerlo como «se hará lo que yo diga y eso estará bien»). No creo que el Trump verdadero sea tan exagerado como el de la campaña, pero tampoco estaba interpretando un papel demasiado ajeno a su personalidad. El cuerpo no miente y su lenguaje no verbal negativo, aun cuando sabe que debe controlarlo, acaba apareciendo.

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Escenografía Aparece Trump y detrás de él, en fila, lo sigue su familia y equipo que, obedientes, no dan un paso si el líder supremo no lo hace primero. Ningún vínculo físico con su mujer ni sus hijos (hasta que no los saluda con un beso al final del discurso). Ya instalado en el atril, lo flanquean dos hombres: a su derecha, Pence  y a la izquierda, su hijo pequeño (las corbatas de los tres conformaban la bandera de EEUU). Melania y el resto de mujeres quedaban fuera del primer plano televisivo. Muy diferente a la escenografía de la victoria de Obama en 2008 cuando apareció acompañado (núcleo unido, familia, grupo, en común) por sus dos hijas (él cogía de la mano a Sasha) y de Michelle (con Malia).

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Indumentaria Horroroso ver a un presidente de EEUU con la americana desabrochada y la corbata colgando por debajo de la hebilla del cinturón… Y claro, si el padre lo hace que no hará el hijo… Las hijas de Trump iban vestidas de azul (con tejidos inflamables de los chinos), la nuera, de rojo, y Melania, de blanco (lo de conformar la bandera americana les encanta). Sin embargo, la elección estilística de Melania Trump fue la más estudiada para provocar a los demócratas: ¡ la futura primera dama lució un white  jumpsuit de Ralph Lauren (4.000€)! Las seguidoras de Clinton habían acordado vestir un white pant suit, inspirado en el famoso Ralph Lauren de Hillary, si la demócrata ganaba las elecciones como símbolo del feminismo. 

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