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Mensaje (no verbal) de Felipe VI

Resumen del primer mensaje (no verbal) de Navidad de Felipe VI. Feliz Navidad a todos (bueno, excepto a las personas malas).

1. Escenografía.

Espacio. Pasamos del despacho (trabajo) que utilizaba Juan Carlos I para transmitir seriedad al saloncito (recepción) de Felipe VI, cercanía. Fondo blanco (relajado), cortinas abiertas (transparencia), con tonos rojos (celebración, armonía, solemnidad) y madera (rigor, fuerza…).

Luz. Lámpara de mesa encendida = rey reflexivo, dotado con capacidad para guiarnos.

Bandera, pesebre y padres. España, religión y familia de origen se presentan a lo lejos. Hasta que no se hace un plano general no se descubren todos estos elementos. Mejor evitar conflictos.

Familia. Su familia son Letizia y sus hijas. Con la reina, fotografía cariñosa en clase business (nosotros no somos como mis padres, nosotros nos queremos y somos cómplices).

2. Vestuario.

Traje gris. Nada excesivamente formal (negro) para tratar de empatizar y proyectar proximidad.

Corbata azul. A juego con el color de sus ojos y que, al estar sentado, alargaba su mirada. Buen recurso: franqueza.

Gemelos. Los gemelos no eran de oro dorado. Austeridad.

Calzado. Los zapatos de hebilla descubren a un rey, que pese a pretender vendernos una imagen de monarca actual, sigue anclado en el pasado. Borbón, borbón. Insisto, desde la Revolución Francesa que solo es válido el zapato de cordón.

 

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Cameron y Merkel hablan entre fogones

Es la casa más famosa de Inglaterra pero más allá de la fachada poco se sabe de lo que esconden sus muros. Así que ayer, cuando el primer ministro británico accedió a que los fotógrafos entraran a su apartamento privado (en el 11 de Downing Street) para inmortalizar su encuentro -amistoso- con la canciller alemana, más de uno se emocionó al poder chafardear cada recobejo de la cocina-salita de los Cameron. Y es que si con la ropa adivinamos la personalidad del líder, si entráramos en sus alcobas acabaríamos conociéndolos más que ellos mismos -bueno, como último ejemplo el de Yanukovich en Ucrania . De hecho, hay un libro que se llama Las casas de los dictadores. Vamos, un Política y Decoración. En fin, centrémonos ahora en el hogar de los Cameron.

Antes de que os decepcionéis con la distribución del apartamento, que sepáis que la misma desilusión le produjo a Cherie Blair y luego, a Samantha Cameron. Sí, el tamaño de la cocina es propia de los minipisos de 50 m2 que en Barcelona te alquilan por medio pulmón y parte del otro (total, en un espacio tan reducido quién necesita respirar).

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El primer ministro británico colgó en Twitter esta instantánea del encuentro con Angela Merkel en el sofá mostaza Fancy Nancy de su salita de estar. Mientras el primer ministro británico se decantó por su corbata lila (o lo lleva azul o la lleva malva), la alemana hizo un guiño a su colega escogiendo el azul Thatcher para su tres botones. Por cierto, pesa más Merkel que Cameron. Comparen como se hunde el cojín del sofá.

Una imagen casi idéntica a la de Cameron con Merkel se produjo en 2011 con Samantha Cameron y Michelle Obama como protagonistas. La verdad es que aunque la instantánea ya fue en aquella ocasión original -pocas veces los mandatarios acceden a que se puedan fotografiar sus estancias privadas, a no ser que estén metidos en campaña electoral-, fue aceptada como una propuesta amable propia de primeras damas (mujer, cocina, machismo….). Si en aquella ocasión, ya los medios británicos se volvieron locos escrutando cada detalle de la decoración de los Cameron, hoy con la nueva imagen se ha hecho un estudio comparativo. Si la primera vez nos enteramos de que a los Cameron les gustaba cocinar (electrodomésticos de alta gama y mucho libro de cocina), que eran amantes del buen café (cafetera italiana) y que muchos utensilios de cocina (cuchillos y sártenes) ya los tenían en su antiguo hogar en Nothing Hill, ahora sabemos que o David o Sam siguen o se propusieron seguir un método de dieta para perder unos cuantos kilos en 2 semanas.

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En 2011, el Daily Mail detalló cada elemento de la estancia de los Cameron. Muy divertido curiosear en su librería.

Trinidad Jiménez, un vestido y un sofá

Si la ministra de exteriores se decide a enfundarse un estrecho y escueto petit robe noir de manga corta para recibir a su homólogo peruano, que menos que saber colocar bien las piernas. Porque aunque una de las mayores virtudes de la imagen de Trinidad Jiménez es que irradia sensualidad por cada poro de su piel de forma natural, a veces olvida que el saber estar sentencia un estilismo.

El sillón donde se sentaron no era apto para ese vestido. Bueno, ni para el vestido de Jiménez ni para nadie que no se quisiera tumbar en pijama a ver una peli (sólo hace falta comprobar la incomodidad de su homólogo peruano). Confiamos en que la ministra de exteriores no sabía que el palacio de Viana, donde se produjo la cita, contaba con ese tipo de asientos. De todos modos, una recomendación: si las piernas se colocan en lateral, inclinadas levemente hacia un lado, la pose (y la escena) queda algo más comedida y femenina.

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Trinidad Jiménez, a dress and a couch

If the foreign minister decides to slip into a narrow and short petit robe noir to welcome his Peruvian counterpart that unless she knows how put her legs. For though ,one of the major strengths of the image of Trinidad Jiménez is that radiates sensuality from every pore of your skin naturally, sometimes forget that know ledge to be a styling statement.

The couch where they sat was not fit for that dress. Well, not for Jimenez dress or anyone that would not topple in pajamas to watch a movie (only need to check the discomfort of herPeruvian counterpart). We trust that the foreign minister did not know the Viana Palace, where the event occurred, had the seats. However, a recommendation: if the legs are positioned on the side, tilted slightly to one side, the pose (and the scene) is more demure and feminine.