Manspreading y otros micromachismos en el lenguaje corporal

En 2015 la Federación de Transporte de Nueva York anunció una campaña de sensibilización contra el manspreading después de que varias usuarias de redes sociales y colectivos feministas denunciaran esta postura de privilegio de algunos hombres en el transporte público. El New York Times se hizo eco del movimiento con el titular «Tío, cierra tus piernas». Ahora, la petición llega a los autobuses de Madrid y se espera que pronto también a Barcelona. Pero, ¿qué es, por qué se hace y qué molesta exactamente? SEGUIR LEYENDO 

 

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CDC ya es «nueva política»

La forma sólo es un fiel reflejo del fondo. Tras un apaño de chapa y pintura superficial (CDC-PDC, corbata-sin corbata), las heridas no tardan en salir de nuevo. Porque no es que las apariencias engañen, es que no sabemos (o no queremos) interpretarlas. Y en esta obsesión que viven hoy los partidos españoles y catalanes por querer rejuvenecer, el propósito no parece ser actualizar, mejorar, reformular o desenpolvarse… No, sólo se trata de idiotizarse (los gobernantes son un fiel reflejo de la sociedad). La ideología, los principios y los valores brillan por su ausencia y la estética (indumentaria, escénica, protocolo…) lo constata. Este fin de semana hemos experimentado (sufrido) la de CDC en PDC. Entre la vieja y la nueva política, algunos simplemente se conformarían con otra política (diferente).

#sherpas La nueva política consiste en echarse una mochila al hombro. Si eres de izquierdas, la llevarás con las dos asas colgadas como si te dispusieras a escalar el Himalaya #nosoissherpas o como si todavía asistieras a segundo de primaria con el bocadillo de salami envuelto en papel de plata. La excusa del progre para utilizar este sistema de portacargas y no otro es que «así no te dañas la espalda» (sí, claro, porque dentro de la bolsa, además de un ipad, transportáis ladrillos, no te fastidia).  Si eres liberal, de centro o socialdemócrata (leñe, de derechas), sólo utilizas una correa en plan #soyelchicomásmolón de todo el insti. ¿La excusa para el conservador? «Es que con la vespa es súper cómodo, ¿sabes?» Sé que después de la visita de Obama a Madrid vais a echarme en cara su primer viaje como «mochilero» a la capital española. De excursión, se permite y es recomendable. Ahora bien, observaréis que como presidente haya optado por otras opciones más de adulto (¡creced!).

Nota (només per fotre): La tendencia, en la política española, la introdujo Jorge Moragas (PP). La debió copiar de la serie El ala oeste de la Casa Blanca. Allá vosotros ahora con vuestra conciencia…

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Falta de diplomacia (Rajoy) y postureo (Sánchez)

 

Saludo vs. acuerdo El acto de estrecharle la mano a alguien puede darse como saludo inicial o final en un encuentro (hola/adiós), con el que le deseas al otro salud, o para suscribir visualmente un acuerdo (antiguamente se entregaba un guante como símbolo de convenio = te doy mi mano = compromiso). El saludo, obviamente, se produce cuando te encuentras  o despides de alguien. Fuera de ese espacio/tiempo (recepción/despedida), el mismo gesto se interpretará como una señal de entendimiento.

Falta de diplomacia y postureo Ayer, Rajoy y Sánchez llegaron a la sala juntos. Esto quiere decir que el encuentro (saludo) ya se había producido (o no) en privado. Una vez toman lugar en la escenografía -se dirigen a sus respectivos asientos-, el presidente en funciones opta por sentarse pero el líder socialista se queda de pie esperando la foto (como si el encuentro o el desencuentro no tuviera validez alguna sin una cámara delante). Sánchez reclama a Rajoy el posado. Éste se levanta y, como el protocolo indumentario estipula, abrocha su americana. Sánchez, sin concederle a su interlocutor unos segundos para recolocar su ropa, le alarga inmediatamente la mano. Cierto que Rajoy se entretiene y se hace el longui para no darle la mano (falta de diplomacia y muestra evidente de mal perder), pero Sánchez retira inmediatamente el saludo (no era sincero, postureo).

Según el protocolo… Vamos a analizar un ejemplo internacional muy parecido… Reunión bilateral entre Barack Obama y Raúl Castro en septiembre de 2015. Misma escenografía (bueno, con mejor gusto) y prácticamente mismo contexto (Guerra Fría), los dos presidentes llegan juntos (el saludo ya se ha dado en privado) y se sientan (no se quedan de pie). Obama le ofrece la mano a Castro (para que las cámaras puedan registrar que la intención y seguramente la resolución de esa reunión vaya a conllevar un acuerdo), pero el cubano lo interpreta como un saludo (inicio o final) y se levanta (desconocimiento del protocolo). Obama no quiere soltar la mano de su homólogo (respeto, diplomacia, educación) pero sabe que no debe posar con la americana abierta. Para no desprenderse de Castro, Obama intenta abrocharse con una sola mano. Al advertir el gesto, Castro se da cuenta que él también lleva la chaqueta abierta pero se ve incapaz de recolocar sus vestimentas con una sola mano y suelta al estadounidense (visualmente, ha perdido). Obama ya está listo, alarga la mano y la mantiene (sinceridad=realmente quiere ese saludo y por eso espera pacientemente) hasta que Castro está preparado.    

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Rajoy y su delicadeza al sentarse

El presidente del gobierno español ha iniciado sus días de descanso estival. Lo ha hecho en su (y mía de nacimiento) tierra, Galicia. Y como cada verano, Mariano Rajoy nos regala una estampa de elegancia y de saber estar… Con un espantosos polo negro de la firma noruega de deporte Helly Hansen, pantalón corto beis y esa particular forma de sentarse suya en la que la entrepierna se impone como protagonista, al jefe del ejecutivo español le falta un garrote y un palillo en la boca para completar la escena. Ya ven, todo delicadeza.

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Cierra las piernas

Mis reiteradas críticas acerca de la posición que adoptaba Felipe VI para sentarse me valió una buena regañina de mi tío: «los hombres no cruzan las piernas», sentenció. Me pareció curioso que ese comentario lo apuntara él… Me he criado rodeada de varones y precisamente mi tío -aunque nunca le ha hecho falta cruzar las piernas- no es de aquellos machos que necesitan reclamar su poder abriéndose de piernas. Siempre, y digo siempre porque de pequeña ya era algo que me creaba un rechazo espantoso, me he mantenido alejada de los caballeros que se espatarran al sentarse. Y aunque al principio creía que era algún otro trastorno propio (uno de tantos), comprobé que la animadversión por este tipo de posición corporal masculina es común entre el sexo femenino. Tanto que en el metro de Nueva York se han decidido a pedir que los viajeros varones eviten tal comportamiento en el transporte público.

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En lenguaje no verbal, cuanto más ocupas, más poder tienes. Piensen en lo que hace un atleta nada más llegar a la meta: extender los brazos (victoria). Los tacones para las mujeres, los cuerpos musculados en los hombres, o la cantidad de capas de ropa que se pueda llegar a echar encima la clase alta también buscan esa sensación. En este sentido, las piernas abiertas en los caballeros, con sus atributos colgando como principales protagonistas, pretenden someter a los que no alcanzan su poderío animal. Si esta actitud la toman frente a una dama, provocarán que esta se sienta incómoda (las féminas, víctimas de un machismo histórico, continuamos considerándonos inconscientemente -y en comunicación no verbal- el sexo débil).  Frente a la sumisión no verbal a la que obligan a la mujer, los otros machos suelen responder imitando la postura amenazadora del provocador.

En política, donde las relaciones diplomáticas son esenciales, este tipo de postura tan agresiva puede acarrear graves problemas de comunicación…

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El pasado sábado tuve que cambiar de canal y pasar de escuchar a Albert Rivera en La Sexta Noche. El presidente de Ciutadans se pasó toda la entrevista con las piernas abiertas y la corbata (larguísima) cubriéndole las partes. Desagradable.

 

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Muchas veces, la necesidad de ocupar más espacio del necesario se debe a que uno se siente inseguro. Los nervios suelen propiciar posturas incorrectas que transmiten una imagen equivocada o no pretendida.

 

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Los hombres son muy dados a imitar la posición corporal del que tienen enfrente.

 

 

 

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Susana Díaz aguantando el tipo. Yo es que no me siento, vamos.

 

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Lo de Rajoy es que es de manual. Rubalcaba, algo más fino que Rajoy, en vez de espatarrarse, utiliza sus brazos para frenar la conquista del presidente.

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Ojito porque aquí el presidente mantiene postura y apunta con el dedo… Artur Mas se vale de un accesorio (la libreta) para expandirse sin perder un ápice de dignidad.

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En esta pelea de gallos, aunque me duela en el alma, gana Putin. Obama apreta la boca y tiene los pies en tensión (ganas de largarse), mientras que Putin (pese a la postura adoptada) conserva el rostro relajado y sus pies están anclados en el suelo (de aquí no me muevo).

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Normalmente, Obama suele cruzar las piernas. Frente a la postura de Putin, esta reacción del estadounidense (ambos pies en el suelo pero sin caer en la provocación del otro) es más acertada (demuestra serenidad frente al ataque).