Por qué detestamos a Susana Díaz (y no es por ser mujer ni andaluza)

Hace un par de semanas, el ex presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, acusaba a Catalunya de machista y xenófoba al declarar que los catalanes “tenemos prejuicios con Susana Díaz porque es mujer y andaluza”.No había que exprimirse los sesos para desmentir al instante la suprema idiotez verbalizada por el socialista (no sólo por falsa, sino por un tremendo desconocimiento de los orígenes, sensibilidad y cultura de una gran parte de la población de este país): la jerezana Inés Arrimadas es la líder de la oposición del parlament de Catalunya y el cordobés José Montilla fue president de la Generalitat. Sin embargo, debo reconocer el gran rechazo visual y empático que provoca por estos lares la figura política de la presidenta andaluza y candidata a secretaria general del PSOE (Sánchez ha obtenido 6.058 avales en Catalunya y Díaz sólo 974) y voy a intentar explicar brevemente el porqué… SEGUIR LEYENDO

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La política las prefiere rubias

La secretaria general del PP compareció ayer en rueda de prensa para desmentir que en su partido exista ninguna “convulsión” o “fractura”. Sin embargo, el peinado con el que nos sorprendió Cospedal sí que nos remitía a una fractura con el modelo anterior y a una gran convulsión con el cepillo y el secador. Además, el tono de tinte escogido, mucho más oscuro, no le favorecía ni estética ni políticamente. Me explico: construir una imagen creíble de un dirigente consiste, básicamente, en equilibrar la seguridad, seriedad y cercanía de la que dispone. Las dos primeras cualidades están socialmente vinculadas al género masculino  (a la mujer no se le consiente la madurez -deben ser eternamente jóvenes- ni la fuerza -se la calificaría de marimacho (Thatcher, Merkel…)-), mientras que la tercera (proximidad, empatía… ) le pertenece a la fémina. Uno de los detalles estéticos que más peso juegan al definir la imagen de una mujer (sea o no representante pública) es el pelo y, por eso, a las políticas se les recomienda que el color de su cabello no sea excesivamente oscuro (duro) ni artificial (lo más natural posible). Así, aunque las melenas sean castañas o morenas, muchas optan por darse unos reflejos miel para endulzar el rostro. Veamos algunos ejemplos.

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Pese a su feminidad en el vestir y sus rasgos faciales suaves, Cospedal ya transmite seguridad y seriedad. Por lo tanto, en su caso no es necesario endurecer su imagen. Más bien, debido a la ideología de su partido, es preferible dulcificarla. Por eso los rubios y los tonos dorados la favorecen más.

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La líder del PP catalán lucía en sus primeros años una melena morena oscura. Recuerdo que una vez confesó que fueron sus asesores los que le recomendaron “chorradas” -palabras textuales- como aclararse el pelo para resultar más cercana. Ahora le falta asumir que debe cortarse la melena y acabar con esas puntas abiertas y quemadas. Nada, más “chorradas”…

 

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A Tymoshenko no hizo falta convencerla. Procedente del mundo empresarial, la ex primera ministra ucraniana supo enseguida que el pelo oscuro era demasiado violento para penetrar en el sistema político.

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Obviamente, hay muchíismos casos también de mujeres políticas con el pelo azabache. Una de mis preferidas es la ministra de PYMES francesa. Fleur Pelleryn, de origen surcoreano, posee unas facciones muy aniñadas y, por lo tanto, su tono de color oscuro no supone ningún problema, es más, es recomendable.

Tymoshenko renuncia al glamour pero no a la imagen de mártir

Mientras Alemania (vamos, la Unión Europea, ¿o alguien lo duda aún?) intenta movilizar al resto de países para que boicoteen a Ucrania con el fin de que se libere a la Dama Naranja, las imágenes de los moratones en el cuerpo de Yulia Tymoshenko (51 años) ocasionados por personal de la cárcel donde está encerrada siguen circulando por medio mundo. Acusada por “abuso de poder” a siete años de prisión -aunque casi todos demos por válida la teoría de que se trata de una venganza personal del actual presidente, Víktor Yanukóvich- la Rapuntzel de la política no descuida del todo su imagen. Sigue haciéndose la trenza, aunque mucho más despeinada que a la que nos tenía acostumbrados, y una diadema de goma le sirve ahora como tiara. Incluso, pese al uniforme que se impone a los presos, no ha renunciado al blanco: una cinta de ese color ata su característica y larga cabellera rubia.  Todo para que no se olviden de ella, para que todavía se la reconozca.

El glamour y la sofisticación de Tymoshenko se esfumaron en cuanto tuvo que colgar los Yves Saint Laurent en el armario. De todos modos, aún intenta custodiar su imagen angelical.

 

Aunque se me antojó que quizá Tymoshenko podría soltar su larga cabellera por las murallas de la cárcel para que su príncipe (Merkel, no. Quizá Sarkozy o ya Hollande) treparan por ella, creo que las fotografías publicadas en prensa tienen más que ver con el cuento de la Bella Durmiente.

 

La influencia Thatcher en las políticas de hoy

Mañana los Reyes nos traen el esperado estreno de La Dama de Hierro. Por favor, como ya os advertí, para evitar fraudes en la traducción, optar por disfrutarla en versión original. Aunque opino que actualmente la mujer política debe luchar por alcanzar una feminidad indumentaria real (el uniforme político está hecho por y para los hombres), es de justicia reconocer la influencia (masculina en su totalidad -rigidez de tejidos, líneas rectas, sobriedad…-, pero femenina en los detalles) que la imagen de  Margaret Thatcher (el azul conservador, el collar de perlas, la camisa lazo, el pelo rubio cardado y el bolso de asa corta) ha tenido en las representantes públicas. Incluso a día de hoy…

La camisa de cuello en lazo estuvo presente el día de la foto de familia del nuevo gobierno de Rajoy. A Ana Pastor le favorece el estilo masculino, lástima que no sepa explotarlo.

 

Este estilismo de Elena Salgado (el color, el peinado, el broche y el pendiente de perla) recuerda mucho al de la Dama de Hierro.

 

El cardado y las perlas de Rita Barberá serían la versión barroca del estilo Thatcher

 

Angela Merkel quiso imitar a la ex primera dama británica pero pronto advirtieron que la figura de las dos mujeres poco tenían que ver. Aunque las perlas sean muy Thatcher, la Dama de Hierro nunca hubiera lucido un escote semejante.

 

La dureza política y estética de Condolezza Rice, ex secretaria de Estado de EEUU con George Bush, fue muy comparada con la de Thatcher.

 

Dilma Rousseff quiso lucir bolso como la primera dama. Pero se equivocó de modelo. Thatcher apostó casi siempre por la firma británica Asprey. En cambio, la presidenta brasileña se vio tentada por un Hermès.

 

La primera ministra danesa prefiere el bolso de Gucci. De hecho, la apodan así: Gucci-Helle