El pelo de Rand Paul

Desde hace unos días, uno de los protagonistas de la crónica política internacional es este hombre: Rand Paul. Y este martes, finalmente, el senador por Kentucky anunció oficialmente su deseo de competir por las presidenciales de 2016. Pero aunque todavía deberá librar una batalla con los demás aspirantes republicanos, algunos adivinan ya que será el rival de Hillary Clinton (de la que se espera que este mismo mes confirme su intención de sustituir a Barack Obama en la Casa Blanca). Mientras la prensa ofrece amplias biografías de Paul, aquí una no puede concentrarse en otra cosa que en su pelo. Un cabello rizado que, según confiesa, se corta él mismo (me lo creo), para el que no necesita más productos que «el agua caliente de la ducha» y que no se cansa de desmentir que «no es una peluca».
PD. Su mujer Kelley también promete buenos ratos pero ya hablaremos de ella más adelante.

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La moda reniega de Ann Romney

Cada vez que Michelle Obama cambia de look es noticia. A sabiendas de que todo lo que se pone se convierte en oro (en pocas horas se agota el modelo en cuestión), las agencias de prensa de las firmas se afanan en comunicar a los medios de comunicación que el diseño les pertenece. Pero en el caso de Ann Romney no ocurre lo mismo. Podría pensarse que, de momento, no goza de la popularidad y el atractivo de la figura de la actual primera dama estadounidense, pero eso no tendría por qué eximir a los diseñadores de aprovecharse de las apariciones de la esposa del candidato republicano para publicitarse. Por eso, la posible explicación al silencio de la moda respecto a Ann Romney que más consistencia -y morbo- está generando es la que tiene que ver con un complot de Anna Wintour. Según esta teoría, la directora de Vogue, entregada totalmente a la causa demócrata, podría haber amenazado y pactado con sus anunciantes que no dieran soporte a la aspirante republicana. Aunque tampoco creo que le haya costado demasiados esfuerzos convencerlos, la mayoría de diseñadores son más bien de izquierdas.

Ann Romney, la chica de rojo

La protagonista durante la jornada de ayer en la convención republicana fue la candidata a primera dama. Ann Romney, de 56 años, ha puesto toda la carne en el asador (es decir, resultar enormemente atractiva para competir con el ya icono de moda Michelle Obama) para apoyar en la carrera presidencial a su marido. Aunque vestía de rojo, no se trataba de un rojo republicano más bien de un rojo «este marido tan aburrido mío necesita pasión». La estampa no estaba mal, pero sí demasiado preparada. La naturalidad y espontaneidad de los Obama es difícil de igualar.

La punta cuadrada de Ryan

Antes de que le suceda lo que le ocurrió a Matt Damon en Destino Oculto (que decenas de asesores le decidan hasta el color de los gayumbos que use), hablemos del auténtico Paul Ryan. Hace unos días leía en algún diario español un artículo en el que se describía al Sarah Palin de estas elecciones estadounidenses como un tipo «atractivo y elegante». Me quedé alucinada porque no coincidía para nada con lo que yo misma había estado observando el día de su presentación (buenísimo como le falló el subconsciente a Romney que lo anunció como  «el próximo presidente de los EEUU»). Su estilo, más que sofisticado, me recordaba al de Tom Hanks en Big. Y es que algunos hombres siguen considerando que el hecho de enfundarse un traje de una talla mayor los hace más machos, cuando si se observaran comprenderían rápidamente que el efecto es justamente el contrario: parece como si el niño se acabara de disfrazar con las ropas de su padre. Pero además de un buen sastre para confeccionarle los trajes, una de las pifias estéticas que más han molestado de Ryan es la punta cuadrada de su zapato (mocasín de suela de goma… Arghhh). Según los expertos en moda, es uno de los peores fallos que puede cometer un hombre. Esto se debe a que además de deformar el pie, acorta la silueta (la punta alargada, estiliza). De todos modos, algunos analistas sostienen que la mediocridad indumentaria de Ryan (dejadez) es una estrategia para ganarse la simpatía del hombre medio americano (no todos allí son Barack Obama). Así, el efecto Ryan pretendería disimular la excesiva perfección y rectitud del candidato republicano. En mi opinión, dentro de dos semanas, hablaremos de su cambio de imagen.

El efecto tsunami en su camisa es preocupante.

Según los profesionales, la punta cuadrada de su zapato es el primer tropiezo que debe solucionar antes de emprender su camino hacia la Casa Blanca

 

Ciertamente le sobran unos centímetros de tela

 

De ahí puede sacar cualquier cosa... ¡¡¡Un arma o hasta a Sarah Palin!!!

 

 

Debajo de tanta ropa ancha, se esconde este cuerpo por el que supuestamente babean muchas republicanas.