El retrato oficial de Macronapoleón

Si algún iluso cree que este retrato es una fotografía improvisada es porque no conoce la obsesión por el mensaje no verbal de Emmanuelle Macronaopelón. Veamos…

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Lenguaje corporal

Me sorprende que la mayoría de medios y expertos que han analizado el retrato del presidente galo afirmen que Macron «apoya las manos en su escritorio» y «sonríe»… Fijemonos bien:

Esfuerzo Apoya su cuerpo en el escritorio (posado relajado/informal), separa sus brazos del tronco (ocupo más espacio = transmito más poder) y sus manos tensas agarran con fuerza el tablero del escritorio (=yo solito voy a levantar este país, este continente, este imperio). Ese gesto con las manos podría originarse por el nerviosismo del momento (la foto), pero sabemos que durante la sesión ese no fue el único disparo. O se trata de un descarte (las otras opciones finales eran peores) o es una pose estudiada (conociendo el carácter del personaje es lo más probable).

¿Sonrisa? Como siempre repito, para saber si una persona sonríe no hay que observar su boca. Sus labios y las arrugas de sus mejillas dibujan una sonrisa diplomática (mensaje optimista: soy agradable, confía en mi) pero si tapamos su rostro y sólo nos centramos en los ojos… Su mirada y expresión se vuelve penetrante y decidida (=os conduzco).

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Albert Rivera, vestido

En la campaña electoral catalana de 2010 les pregunté a los seis candidatos a presidir la Generalitat qué significaba la moda para cada uno de ellos. Me llamó especialmente la atención la respuesta del joven (y amabilísimo) líder de C’s: «La moda nos permite exteriorizar nuestra personalidad». Pues bien, 5 años después y para su salto a La Moncloa, eso mismo vamos a tratar de descubrir mediante su estética y su lenguaje corporal.

«No nos importa qué ropa vistes». Para ilustrar el eslogan del cartel de presentación de C’s a los comicios catalanes de 2006, un yogurín llamado Albert Rivera aceptó posar desnudo. Sin embargo, no tardó nada en empezar a importar lo que sí se vestía (por lo menos lo que él vestía). Fue uno de los primeros diputados en entrar al Parlament con jeans y en reconocer cierta animadversión hacia la corbata (aunque por aquello de parecer mayor y acatar las costumbres de antaño se acabara atando el nudo). Por aquel entonces, las americanas de terciopelo (pijo) y pana (progre) -siempre en terreno intermedio (el centro)- eran piezas clave en su armario. Informal y jovial, también se lo podía ver con cazadoras de cuero y suéteres de cuello alto. Pero conforme el partido ganaba fuerza, la estética de Naranjito fue cambiando: de los trajes de raso negro de la sección de inflamables (infumables) de Zara a los de Hugo Boss.

Regeneración. El secreto del éxito de C’s es haber acatado la estética ordinaria del bipartidismo pero presentarla como novedosa.  Con entallar el traje, hasta una americana azul Luis Aguilé se puede antojar de lo más vanguardista. Pero por ahora, a nadie le preocupa que las coderas de la Transición (parches para piezas deterioradas o rotas) sean hoy puros ornamentos en prendas recién estrenadas…

¿Con quién lo comparan? Existe la creencia generalizada de que Albert Rivera es «un hombre elegante que viste bien». Esta afirmación (que incluso suscriben alegremente revistas de moda de este país) se sostiene porque Rivera posee un buen físico (esculpido a brazada de natación), lo comparan con lo «mejorcito» de nuestra casa (Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias…) y él se lo cree (básico para interpretar cualquier papel en la vida). Si bien es de agradecer que un político español en la actualidad reconozca la importancia de su imagen para transmitir su mensaje y se cuide, el líder de C’s no sería en ningún caso paradigma de sofisticación (por Dios, que lleva los pañuelos de bolsillo de pecho cosidos de fábrica…). Para empezar, debería hacerse los trajes a medida (los de confección no le encajan en sus anchas espaldas y le embuten los brazos), aprender a hacerse el nudo, renunciar al pecholobo (¡sólo un botón!)…

Vestirse para la capital. Basta con pasear por el centro de Madrid y Barcelona para comprobar las divergencias estilísticas. Las mismas, o más, se dan entre el Parlament y el Congreso. A sabiendas, Rivera anda adaptándose a la caspa que parecen exigir unas generales en este país sin renunciar al arquetipo de ex alumno de ESADE que vende filosofía de Excel y Power Point. Esperanzada de que se resista a los botones dorados; por el momento, sorprendieron los pantalones burdeos a lo Marichalar en el Hotel Eurobuilding y los chinos de color camel (más intensos que los beige) en el Templo de Debod, combinados con blazers entallados azul marino.

Tomadura de pelo.  Tres soluciones para hacer frente a la calvicie: (1) Recortar el cabello proporcionalmente al grado de alopecia e ir manteniendo; (2) raparse; o (3) someterse a un injerto. Sin duda, la tercera opción es la más costosa y dolorosa. Además, necesita tiempo. Por eso, primero las entradas y luego la coronilla de Rivera se fueron poblando, poco a poco, de espesos mechones rizados. Pero pese a la evidencia, el gabinete de prensa de C’s prefirió atribuir el milagro capilar a unas «pastillas fortificantes». O intentaron tomarnos el pelo o la formación naranja lleva la receta del remedio en su programa y arrasará el próximo 20-D.

Su punto débil: el lenguaje corporal. Nadie pone en duda las habilidades discursivas de Albert Rivera. Sin embargo, aunque controle perfectamente el arte de la oratoria (palabra, tono, ritmo…), su talón de Aquiles es el lenguaje corporal (no es por alarmar pero el 93% del mensaje lo constituye la comunicación no verbal). Cuando la situación le incomoda o se pone nervioso, sus gestos lo delatan. Así pudo comprobarse en el famoso debate con el secretario general de Podemos. Pese a dominar el formato y mostrarse más ágil que un decaído Pablo Iglesias, el líder de C’s no paró de acariciarse, rascarse, tocarse los brazos, la cara, la nariz (ansiedad). También, el pasado 12-O, exaltado por el besamanos, se le escapó una palmadita al rey que Letzia condenó con su mirada («menos confianzas en público con mi marido»). Pero su imagen cuidada (que no acertada) y su agradecida empatía con el interlocutor (siempre procura buscar nexos de unión con el contrincante para llevarlo a su terreno) hacen que ni siquiera su eterno y más enigmático gesto haya sido percibido aún por ningún analista político…

El muro de las emociones. Si aún no se habían percatado, a partir de ahora les aseguro que no verán en él otro gesto. Cuando posa o reposa, inconscientemente, sus manos se colocan paralelamente a la altura del estómago (emociones) con las palmas hacia el interior (intimidad). A veces, las manos pueden estar más o menos juntas,  acariciarse un meñique, levantar levemente uno de los pulgares o dar la impresión de que se está colocando bien los puños de la camisa… Pero lo que crea es una especie de muro (protección, aislamiento) con todo lo que le rodea. Equivaldría, en refinado, al gesto que adoptan los niños cuando se retuercen las manos (inseguridad, vergüenza, miedo…). Hace unas semanas, cuando en una fotografía de El Mundo decapitaron a Inés Arrimadas y se centraron en su torso, Albert Rivera quiso mostrar su solidaridad con su compañera reproduciendo la instantánea. Pero mientras la hoy líder de la oposición catalana posaba con los brazos cruzados; Rivera fue fiel (no lo puede evitar) a su persistente gesto de apoyo. 

Mimetismo. Como líder de la formación, influye en sus seguidores. Si Arrimadas ha acabado imitando (de un modo más femenino) hasta el gesto típico de Rivera, con Jordi Cañas también parecían estar perfectamente sincronizados. Estilísticamente, todos los naranjitos (con mayor o menor gracia) pretenden imitar al jefe lo que permite que en mitad del aeropuerto de Bruselas identifiques a uno de sus parroquianos sólo por las pintas (un saludo para mi nuevo conocido y felicidades por el cargo).

 

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Kate obedece a la reina e incorpora a Cartier en sus estilismos

Sensacional aparición de la duquesa de Cambridge en el día de San Valentín luciendo un vestido de falda lápiz azul (aunque cueste 225 libras, ya está agotado) de una de sus firmas preferidas: LK Bennett. La esposa del príncipe William, pese a estar sufriendo un supuesto cambio de estilo programado por la mismísima reina Isabel, se mostró ayer más Kate que nunca con su característico eye liner negro, su larga melena castaña suelta y su sempiterna sonrisa. Sin embargo, la pupila ha acatado  una de las principales indicaciones de la reina (por la que se le habría recomendado servirse en sus apariciones públicas de más accesorios de joyería) portando unos pendientes de amatistas, un colgante de diamantes y un reloj de Cartier (4550$). Con todo, los medios británicos recogen también el rumor de que el new look de Kate Middleton vendrá acompañado de un considerable corte de pelo. Se ve que a la reina no le gustan las de pelo suelto.

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Pequeños detalles no verbales en Rajoy que hubieran mejorado la reunión con Obama

Las comparaciones suelen ser odiosas y otras veces, por los motivos que sean, sencillamente resultan imposibles. Por lo tanto, era fácil adivinar que ningún milagro iba a impedir que el presidente español quedara en evidencia ante la presencia de uno de los hombres más cautivadores y elegantes del mundo. Sin embargo, hubieran bastado pequeñas correcciones en la comunicación no verbal e imagen de Mariano Rajoy para que el abismo entre los dos no hubiera sido descomunal.

1. Vestirse por los pies. A parte de la evidente diferencia de lustre entre zapatos (el de Obama, seguramente hecho a medida, reluce y el de Rajoy reclama cepillo y cera), el pie del español revela la tensión que sufre al apuntar hacia arriba. En cambio, el del americano, mucho más relajado, toma una pose natural. Se advierte  también el calcetín fino de Obama frente al tosco de Rajoy (media no apta para ese tipo de calzado).  Por último, la marca de los pespuntes del dobladillo del pantalón de Rajoy deberían haber pasado totalmente desapercibidos.

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2. La importancia de los pequeños detalles. El lazo de la corbata de Obama es un nudo simple, el de Rajoy no sé cómo deberíamos bautizarlo… La camisa del jefe del ejecutivo español sigue tendiendo hacia un tono grisáceo nada recomendable. La montura de las  gafas deben actualizarse de inmediato para dotar al líder del PP de cierta personalidad. El Farmatin es abusivo. El tono rosáceo de su piel no es nada favorecedor (más al lado de un tono de tez  como el de Obama) y con la barba canosa y el pelo castaño viejo no termina de cuajar.  Pero olvidémonos de todo eso…  El reloj de mano de Rajoy estuvo durante todo el encuentro con la prensa con la esfera boca abajo. O no se lo ajustó bien, o le queda grande o ha conseguido ensanchar la correa con tanto ponérselo y quitárselo para controlar el tiempo en sus discursos.

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El reloj de Barcak Obama, en cambio, permaneció siempre en su sitio.

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3. Qué hacer con las manos. Para enfrentarse a la prensa, Mariano Rajoy suele utilizar el recurso de sujetar un bolígrafo entre los dedos recomendado para oradores principiantes. Sin embargo, en esta ocasión tuvo que renunciar a su truco y las manos revelaron con total sinceridad los nervios que estaba sufriendo el presidente español. Mientras Obama parecía estar orquestando una banda, Rajoy gesticulaba duramente (en numerosas ocasiones golpeaba la palma de la mano sobre su pierna) cuando su mensaje verbal no lo precisaba.  Además, tampoco ayudó que jugara con su anillo de casado porque, aunque no sea cierto, le estaba transmitiendo a su interlocutor falta de compromiso y lealtad.

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Seis errores no verbales de la comparecencia de Rajoy

rajoydedoEs de cajón que para mejorar nuestros puntos débiles comunicativos es indispensable no parar de practicar hasta que se conviertan en puntos fuertes. Las inusuales comparecencias del presidente del gobierno español no siguen esta premisa y por eso ocurre lo sucedido ayer. Señalamos algunos errores que Mariano Rajoy debería  corregir para sus próximas apariciones (con suerte, de aquí a un año).

1. Naturalidad: No teñirse el día antes. Mariano Rajoy tiene como costumbre teñirse con un castaño viejo el día previo a un evento importante. Sería aconsejable, además de cambiar de tono de pelo, colorearse una semana antes para que no se note el cambio tanto ni se descubra tan artificial.

2. Franqueza: Camisa blanca. En numerosas ocasiones hemos criticado las camisas amarillentas del presidente. Ayer, la pieza tiraba a gris… Si se quiere transmitir seguridad y sinceridad, la camisa debe ser blanca. Si se está en condiciones (es decir, se tiene la suficiente fuerza política ) incluso se podría optar por una camisa azul o rosa claro. Obviamente, no es el caso de Rajoy.

3. Poder: Ajustarse el nudo. Aunque aún no entiendo como un presidente del gobierno es incapaz de hacerse un nudo de corbata bien hecho, me parece increíble que para una comparecencia pública tan premeditada y estudiada como esta salga ya con el nudo bajo. Se supone que el lazo masculino anudado al pescuezo debe procurar obediencia y respeto, no insensatez y descuido. Y ya no voy a decir nada sobre el resto del atavío porque es lo de siempre.

4.  Dominio: Boli. Las personas que tienen pánico escénico y miedo a hablar en público se sirven de muletillas verbales («¿vale?», «¿sí?») o materiales (sujetar un bolígrafo). Hace unos años ya expliqué que para Mariano Rajoy sería más conveniente utilizar una pluma o un bolígrafo con consistencia (no un pilot, un bic o pseudoderivados). Además, la tinta negra sella un compromiso; la azul, en cambio,  no es oficial. Por otro lado, jamás se debe apuntar a una persona con un boli ni con el dedo (los periodistas, aunque a él se le antojen así, no son un enemigo al que debe apuntar). Para dar paso al turno de preguntas, se levanta ligeramente la mano extendida y con un leve gesto se ofrece la posibilidad de dar voz a la sociedad.

5. Control: Reloj. Abandonar el reloj de pulsera sobre el púlpito para controlar el tiempo de locución es otro recurso que se recomienda para los oradores principiantes. Ya que en primera fila tiene a muchos de sus asesores, debería confiar en ellos para que llegado el momento le avisen de los timings.

6. Firmeza: Soledad. Hay momentos en el cargo que se deben asumir en soledad. Sin duda, son las situaciones más complicadas pero demuestran carácter y capacidad de liderazgo. Salir a la palestra acompañado por la vicepresidencia (con zancos y fular que hacía el doble de ella) no tiene ningún sentido. Su equipo puede apoyarlo perfectamente desde la primera fila.