Contracrónica de la Diada

No es la cantidad. Como cada año, y como en cada manifestación, baile de cifras sobre los asistentes. Un millón o 350 mil personas, según a quién le preguntes. Así como hay ciegos que logran ver nítidamente, tampoco hace falta ser ciego para estar ciego. A vista de humano que sólo quiere ver para después analizar y opinar con humildad (la objetividad no existe, a no ser que uno decida dejar de ser sujeto), mucha gente. O por lo menos, la suficiente para que nadie con un mínimo de inteligencia crea que ignorando la presencia (causa y mensaje) de la multitud (una parte importante de la sociedad) el problema desaparece. SEGUIR LEYENDO

 

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El pañuelo de cuatro puntas de Lluís Companys

Advirtiendo en lo que me iba a acabar convirtiendo, supongo, yo era de las que estudiaba la historia interesándome por la indumentaria de cada uno de los personajes que, durante mis años de primaria y secundaria, mis profesores me fueron presentando en una de mis asignaturas favoritas. Y ahí, entre muchos otros, sentí especial curiosidad por el vestir de Lluís Companys. Leí distintas biografías que encontré en las bibliotecas públicas de Cardona y Manresa sobre el president y me entusiasmé con la de detalles que adjuntaban todas ellas sobre su cuidada indumentaria…

Lluís Companys entró en la sala del juicio arrastrando los pies lentamente. Le fue imposible calzarse las alpargatas de lona blanca porque, según atestiguó un capitán de la Guardia Civil, las torturas le habían hinchado terriblemente los tobillos. El president vestía el mismo traje estival cruzado gris claro de finas rayas y la camisa blanca con los que había sido detenido por los nazis el 13 de agosto de 1940 en Francia. Pero lo más enternecedor es que se hubiera molestado en lucir su complemento más característico: un pañuelo cuidadosamente doblado para destacar las cuatro puntas que llevaba desde su juventud y que en los años 20 identificaba a los bohemios que frecuentaban el Paral·lel.

El día que lo ejecutaron, ahora se cumplen 75 años, Companys no quiso que le vendaran los ojos ni colocarse de espaldas. Tan solo pidió descalzarse. Según se interpretó, para morir en contacto con la tierra catalana. El teniente que lo fusiló -y que por temblarle el pulso necesitó varios disparos para rematarlo- pidió quedarse con el sempiterno pañuelo de cuatro puntas de Companys. No se lo permitieron. Cuando a su familia le entregaron el cuerpo, su hermana Ramona se enfrentó a los militares para poder cambiarle el traje ensangrentado y enterrarlo con uno limpio.

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Felipe VI y Rajoy

Como es tradición, ayer el rey se reunió en el palacio de Marivent con el presidente del gobierno. Y aunque la cita en Mallorca marca el «descanso» veraniego de la política española y permite un estilismo más desenfadado, Mariano Rajoy ha vuelto a elegir un rancio traje de raya diplomática (penosamente cortado, por supuesto) para la ocasión. Acostumbrada -pero no por ello, menos escandalizada- a sus desatinos indumentarios, me ha llamado la atención que para superar su miedo escénico esta vez eligiera un papel en vez de un bolígrafo para calmar sus nervios.

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El príncipe George viste de firma española y lo agota en 24 horas

Como ocurre con su madre, el príncipe George es un auténtico rey en eso de crear tendencias. En su última aparición pública lució un peto de rayas rojas y blancas que se ha agotado en 24 horas. La pieza era de la firma infantil española Neck & Neck y los medios británicos sospechan que la nueva niñera del hijo de los duques de Cambridge ha tenido mucho que ver en la elección. Pese a esta posible suposición, recordamos que Kate Middleton en algunas ocasiones también se deja seducir por otras marcas españolas como Zara.

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