Sí se puede gobernar por Skype

“Imagínese que yo estuviera ubicado en Lisboa. No se puede ser presidente de una comunidad viviendo en el extranjero”, sentenció hace unos días Mariano Rajoy sobre la posibilidad de que Carles Puigdemont sea president desde Bruselas. Lo dijo él, el presidente español que se pasó una legislatura gobernando a través de un plasma. “Con todo mi respeto, no se puede gobernar por Skype”, coincidió educada pero sorprendentemente Gabriel Rufián. La sorna del diputado de ERC, que parlamenta a golpe de tuit, se la rió y recogió el programa Al Rojo Vivo (La Sexta) que conduce Antonio Ferreras, padre entregado al periodismo y que durante el procés ha criado a sus hijos por FaceTime. Hasta José Montilla, president al que sería prácticamente imposible recordar si no fuera por la interpretación de Sergi Mas en Polònia, también defiende que “això (governar Catalunya) s’ha de fer des d’aquí”.

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Política i llenguatge corporal, a l’estil Crític

Com les paraules, les imatges poden llegir-se també i, d’entre les aparences, el rostre humà constitueix un dels textos més llargs, advertia John Berger. Les fotografies són al llenguatge visual el que les paraules al llenguatge verbal; les seves unitats de representació. Com qui rellegeix el seu llibre preferit any rere any i encara se sorprèn en descobrir nous significats, tornar a descodificar una instantània i als seus protagonistes (fora de l’angoixa que provoquen els 140 caràcters) és un exercici del tot recomanable. I és aquest l’encàrrec que em fa avui CRÍTIC: rellegeix aquesta tria d’imatges del panorama polític nacional i internacional dels darrers mesos i diga‘ns, ara, què hi veus. SEGUIR LLEGINT 

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Crónica visual de la moción de censura

Por edad, no me había tocado vivir ninguna moción de censura al gobierno español. Y lo celebro. De hecho, suplico que en Catalunya nos independicemos inmediatamente. Entre la pachorra de Mariano Rajoy y el PP y la sobreactuación de Pablo Iglesias y Podemos, se le quitan a una las ganas de seguir analizando la crónica política por un tiempo. SEGUIR LEYENDO

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Puigdemont en La Moncloa

A la derecha El apretón de manos lo instiga el que recibe o el que alberga mayor poder. El anfitrión (en este caso, Rajoy) parte con ventaja porque es el que toma la posición privilegiada en el saludo. Colocado a la derecha, la mano de uno puede dominar (girar) la del otro individuo hacia abajo (limosna) y, además, gráficamente se apunta un tanto: es la mano que capta la cámara (la otra queda oculta, pierde). El presidente español no ha sometido al catalán (no ha obligado a Puigdemont a colocar su mano en posición de súplica) y ninguna de las partes (quitando que el líder del PP es más alto) ha quedado por encima (superioridad) o por debajo (inferioridad) de la otra.

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Palmadita  Insisto, jugar en casa conlleva ciertas ventajas. ¿Podríamos justificar así la palmadita de Mariano Rajoy a Puigdemont? Podríamos. Sin embargo, la última vez que Artur Mas pisó La Moncloa fue el president el que golpeó (mando yo) a Rajoy. Claro que el dominio del lenguaje corporal y escénico del líder de CDC es incomparable a ningún otro líder peninsular actual. En ese sentido, #aprendandeMas

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Sonrisas (y cierto vacile) A diferencia del tenso encuentro con Mas, el de Rajoy y Puigdemont ha sido incluso cordial. La permanente sonrisa del actual president ha alejado la sensación de “català emprenyat” y es algo que puede beneficiar a la imagen (diabólica) que se le da al procés en España (entiendo que el “vacile” de los reporteros con el “merci beaucoup” no lo ha pillado ni Rajoy…). Puigdemont parecía mucho más interesado y dispuesto a alcanzar algún tipo de acuerdo: se ha inclinado hacia delante para conversar con el presidente español (disposición); cuando ha cruzado las piernas, el pie estaba dirigido hacia Rajoy (reconoce al interlocutor); y ha colocado las 46 propuestas sobre la mesa, entre los dos (vamos a hablar sobre esto). Artur Mas tomó una posición mucho más agresiva y fría (autoritaria) al aposentarse en el sillón (intimidar al contrario), apuntar con el pie hacia la puerta (me quiero largar de aquí) y guardar sus peticiones en el reposabrazos derecho (lealtad a las reivindicaciones) lejos de la persona a la que se suponía debía convencer (no pienso ceder en nada/no reconozco tu superioridad).

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Cachondeo entre los reporteros gráficos. A Puigdemont le divierte (¡¡¡aún así no se apunta con el dedo!!!!), Rajoy no entiende nada (cuando no entiende saca la lengua) y su mano izquierda escenifica la tensión del momento (¿qué dice esta gente?).

 

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La cara de Puigdemont de “vinga, no us passeu amb aquest pobre home” mientras Rajoy saluda (un poco a lo “jeu, caloma, jeu”) a un público “entregado”.

 

Obsequio Desgraciadamente, hace ya mucho que se perdió la bella costumbre de llevar un obsequio cuando se visita a alguien. Pablo Iglesias ha utilizado en numerosas ocasiones (el rey, Rajoy, Sánchez…) esta vieja práctica para asegurarse la foto. Ahora bien, es un detalle que define (personaliza) a Iglesias y, por eso, en algunas ocasiones, le funciona positivamente. Hace unas semanas, Puigdemont recibió al líder de la formación morada en Palau y le regaló un libro sobre Andreu Nin. Si hacemos caso al protocolo, era Iglesias el que tenía que agasajar al anfitrión (ojo a los independentistas que han caído rendidos ahora a Coleta Morada: Pablo Iglesias no le llevó nada al president. Por algo será…). Además, tener que recurrir a copiar una técnica de seducción (cortejo, marqueting, postureo…) de otro dice muy poco de uno (y su equipo, claro). Y hoy llega Rajoy -tonto el último- y le entrega un ejemplar de El Quijote a Puigdemont. La derecha española y catalana siguiendo la tendencia podemita… #enshock

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El Quijote (pero sólo la II parte) Buscarán los medios mil interpretaciones para tal elección literaria. “Es el aniversario de Cervantes y en Catalunya por Sant Jordi se regalan libros”, se ha justificado el presidente español. En el caso de que hubiera cierta malicia en la entrega y su mensaje (léase, “locos que divisan gigantes en vez de molinos”), el argumento utilizado por el popular -“en Catalunya por Sant Jordi se regalan libros”- reconoce la singularidad de la identidad catalana (ya es un avance porque para Rajoy hasta hace nada los catalanes sólo le gustábamos porque “hacíamos cosas”, pero sin especificar qué). La cara de asco de Rajoy al entregarle el libro no la malinterpreten. Esa mueca la hace cuando desconoce algo: no sabía cómo abrir el libro (una obra con cierre antiguo… Ay…). La estampa del presidente español sentado con el botón de la americana abrochado sí es para #hiperventilar, madre mía. Ni Sancho Panza… Aunque lo de los bajos de Puigdemont y el agua embotellada en plástico con copa de vidrio también es para #hiperventilar un ratito, ¿eh?

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