La rosa encantada

Érase una vez, en un país muy, muy cercano (…). La rosa que les habían ofrecido (los votos a una mayoría independentista) era en verdad una rosa encantada que seguiría fresca hasta que se cumplieran 21 meses (alguien poco enterado con el relato de Disney dijo 18, pero en realidad tienen de margen hasta junio).

Si los habitantes de aquel Palau eran capaces de celebrar (o fijar una fecha) un referéndum o referéndum vinculante antes de que cayera el último pétalo se desharía el hechizo y tendrían la posibilidad de independizarse. Si no, seguirían condenados a seguir formando parte del Estado para siempre y acabarían todos inhabilitados. Al pasar los meses, algunos comenzaron a impacientarse y perdieron toda esperanza (a hablar de posibles «candidatos autonomistas» y a querer denunciar al aliado ante la fiscalía enemiga, un disparate). SEGUIR LEYENDO

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Pisarello disfrazado de Trump y otros horrores de los Gaudí

En la invitación se incluía una nota referida al dress code: «Elegante, glamouroso. Etiqueta». Pero por el resultado final parece advertirse que o los asistentes sudaron de la misiva o que nadie entendió ninguno de los tres conceptos. Recomiendo a la Acadèmia de Cinema català que el año que viene prepare un libro de estilo con indicaciones más específicas sobre los estilismos o la gala volverá a convertirse en el pasaje de los horrores. Y es que en general, en este país la gente confunde arreglarse o vestirse de gala con disfrazarse. De ahí los looks esperpénticos de cada boda o entrega de premios cinematográficos. Si a eso se le suma la asistencia de políticos a la alfombra roja, la cosa no hace nada más que empeorar. En fin, cuatro notas sobre los representantes públicos a la ceremonia de entrega de los Premis Gaudí.

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Mobiliarios y escenografías que debilitan

¿Nadie en Palau se dio cuenta de que esa escenografía/fotografía debilita (empequeñece) al president o sencillamente lo odian y quieren acabar con él?

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1. Quemar el sofá y el sillón o regalárselos a alguno de los de CSQP. La planta va al contenedor amarillo.

2. Quemar la alfombra (sin discusión)

3. Sustituir la mesa de cristal (frágil) por una de madera (solidez). Seguro que en Palau hay alguna.

4. Un centro de flores naturales en la mesa (por ejemplo, rosas blancas).

5. Dos sillas de madera con brazos y tapizadas en un color claro y liso. Sólo si el invitado es otro presidente se utilizarán dos. Seguro que en Palau hay alguna.

6. Adquirir un sofá alto de un tono claro y liso (jamás en tono salmón o colores que un hombre no sea capaz de definir) y con cojines (dan buen rollo y el visitante se confía).

7. Deshacerse de esa mampara opaca y recuperar la vidriera de la ventana.

8. Planchar la senyera #respect

9. Empezar a filtrar las fotografías que el president cuelga en Instagram

10. Contratar al #cuquifotògraf, también conocido como Jordi Borràs.

 

La foto «privada» de Puigdemont

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Humanizar Este parece ser el argumento favorito para defender la publicación en redes sociales de esta fotografía. Es imprescindible que un líder empatice con el pueblo, pero también que proyecte una imagen de seguridad y seriedad. Sea por sus melenas (progres), profesión (periodista) o anterior cargo (alcalde), la cercanía no es precisamente la cualidad que más deba preocupar a Puigdemont en su papel como president de la Generalitat de Catalunya. Si algún amigo o asesor desea ayudarlo que cuelgue instantáneas que lo institucionalicen.

Menorquinas Pese a mi adversión a las bermudas, el conjunto que luce el president podría salvarse de la quema en un acto privado -siempre y cuando esa estampa no la vaya a contemplar más tarde todo el país. Uno debe adecuar su estilismo pensando también en los anfitriones;  y sabiendo los gustos estéticos de la organizadora, estaba más que garantizada la horterada. Ahora, las menorquinas y el modo de calzarlas (con la pulsera en el empeine) estarían de aplauso si él no fuera el president de Catalunya. Porque aunque queráis incluirlas en el armario de països catalans, la familia real las luce desde ha décadas cada verano en Mallorca. Si es por reivindicar cultura catalana, mejor decantarse por la espardenya de set vetes.

Estelada Ese empeño por insertar una bandera en la foto pudiendo simbolizar los mismos valores con unas elegantes espardenyes no lo entenderé en la vida. En fin… ¿Por qué la estelada que sostiene el president está roída por todo el filo? ¿Se la han comido los ratones? Y que conste que el deterioro de la tela no es debido por las inclemencias externas (entonces estaría descolorida).

«Tengo dos dedos» ¿Sabrá la dama de blanco que el gesto que realiza tiene su origen en los arqueros ingleses? Para un arquero, el peor castigo (más que la muerte) era que le cortaran los dedos para disparar las flechas. Por eso, al acabar una batalla empleaban este gesto: «aún puedo matar».  Más que celebración, era una amenaza hacia el enemigo. Si uno pretende expresar victoria lo hace con la palma hacia el exterior.

Laporta se toca. A sabiendas del currículum sentimental de Laporta, normal que la esposa del president se agarre a su marido buscando protección o que le cambie el sitio. Pero Puigdemont no percibe la incomodidad de su esposa teniendo a un pulpo al lado. Hombres…

La del sombrero Creo que se os ha colado una prima del rey (estoy dudando entre sí es Simoneta o María Zurita).

Rollo Quiero creer que ningún asesor del president revisó estas fotografías y que Puigdemont, él solito, autorizó inocentemente a Rahola para publicarlas sin medir las consecuencias (sin asumir que ahora es el president de la Generalitat y que su imagen no sólo lo representa a él). Y entiendo que no pasaron filtro ni retoque por parte de la periodista. Ni siquiera para evitarle a una de sus invitadas (a la izquierda) que el trasero le coincida con un rollo de papel de cocina… #malallet

El significado oculto de la corbata V.E.R.D.E

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V.E.R.D.E La corbata verde (aunque la combinara con camisa blanca) escogida por el rey para presidir el partido de anoche entre el Barça y el Sevilla no era un guiño partidista al equipo andaluz. El color del accesorio responde al acrónimo «Viva el Rey de España», símbolo indumentario adoptado por los alfonsinos (Duque de Cádiz) para identificarse cuando la dictadura franquista no permitía verbalizar el vítor. Esta vez, la corbata verde le sirvió a Felipe VI para contestar sin decir ni mu a les estelades y al gran pitido que recibió el himno español.  

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Los ojos Empieza a sonar el himno y con él, el esperado pitido. Pese a la solemnidad que exige el himno (posición firme de respeto), llama la atención hacia dónde se dirigen las miradas de Felipe VI y el president de la Generalitat. Puigdemont gira la cabeza completamente observando a la gradería del Barça de donde proceden los silbidos (está más cómodo con aquel espacio que con el que ocupa en el palco); Vicente del Bosque tuerce levemente el cuello (le puede la curiosidad) y el rey sólo dirige una mirada que sonríe amenazadora (os estoy vigilando, me las pagaréis). 

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Sonrisa tensa No hay mayor ofensa que sonreírle a alguien cuando el otro espera que estés cabreado y ofendido porque la sonrisa pasa a interpretarse como una burla o un desafío. Letizia dibujó esa sonrisa en su boca al llegar a su asiento (no me importa que nos pitéis). Sin embargo, para saber si una sonrisa es sincera o falsa basta con observar los ojos. Porque como siempre os digo, se sonríe con la mirada y no tanto con la boca. La reina mostraba una sonrisa tensa (labios rígidos) y ojos muy abiertos (cuando reímos de verdad, los ojos se rasgan); así que su interpretación de «no me importa nada, estoy por encima de todos vosotros» no era nada creíble. Y es que la sonrisa estaba tan petrificada en su cara que le costó darse cuenta que sonaba el himno de España y debía mostrar un expresión más solemne (seria).  Un ejemplo de sonrisa sincera (sólo ojos), aunque fuera maliciosa (cierra los labios para que no se le escape la risita), es la de Artur Mas en la Copa del Rey del pasado año.

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Puigdemont no aplaude Una vez acabado el himno, el president de la Generalitat se entretuvo en los botones de su chaqueta (no había motivo porque estaba abrochada perfectamente) para no aplaudir el himno español. Podía haberse quedado sin hacer nada (demasiado agresivo), pero la incomodidad de estar en «territorio enemigo» lo empujó a disimular la ofensa a los asistentes (gesto de respeto pero no de sumisión).

FINAL SEVILLA - BARCELONA

Pitido Tal vez, a medio estadio se le reventó el tímpano (creo que el himno se escuchó desde Australia) pero lograron que el estruendoso pitido quedara más o menos disimulado. Vicente del Bosque no pudo evitar llevarse la mano al lóbulo para proteger su oído.

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Aniversario Por muy rey que seas, celebrar el 12º aniversario de bodas en el fútbol es cutre y motivo de divorcio. 

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YosoylaCamacho Como Alicia Sánchez Camacho estire más el cuello se desnuca. Menos mal que llevaba los aros de choni para hacer de contrapeso.

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