Un Manuel Valls al estilo Barcelona

Con unos zapatos de ante sobre la más internacional baldosa barcelonesa (todo apunta a que el panot acabará siendo el símbolo de su campaña), Manuel Valls daba a entender en su cuenta de Twitter lo que ya era un secreto a voces. Algunos esperábamos mayor gracia y calidad (savoir faire) en el calzado y la fotografía, pero ahí estaba el paso hacia delante del ex primer ministro francés a optar por la alcaldía de Barcelona. SEGUIR LEYENDO 

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Sí se puede gobernar por Skype

“Imagínese que yo estuviera ubicado en Lisboa. No se puede ser presidente de una comunidad viviendo en el extranjero”, sentenció hace unos días Mariano Rajoy sobre la posibilidad de que Carles Puigdemont sea president desde Bruselas. Lo dijo él, el presidente español que se pasó una legislatura gobernando a través de un plasma. “Con todo mi respeto, no se puede gobernar por Skype”, coincidió educada pero sorprendentemente Gabriel Rufián. La sorna del diputado de ERC, que parlamenta a golpe de tuit, se la rió y recogió el programa Al Rojo Vivo (La Sexta) que conduce Antonio Ferreras, padre entregado al periodismo y que durante el procés ha criado a sus hijos por FaceTime. Hasta José Montilla, president al que sería prácticamente imposible recordar si no fuera por la interpretación de Sergi Mas en Polònia, también defiende que “això (governar Catalunya) s’ha de fer des d’aquí”.

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Otro punto Mas

peralada2Expectación por el encuentro entre Rajoy y Mas. La foto se ha tomado durante una comida en el Castillo de Peralada con motivo de la visita del primer ministro francés a Santa Llogaïa d’Àlguema, l’Alt Empordà. En esta ocasión, más que la ropa en sí, me han llamado la atención los gestos del español, el catalán y el galo (bueno, francés de adopción). Rajoy, una vez más, se ha visto superado por el president de la Generalitat. Veamos por qué..

1. Torcidos No voy a hablar mucho sobre el estilismo escogido para la ocasión porque es el que acostumbran a llevar, sin más. Sólo anotar que mientras las corbatas de Rajoy y Mas eran de rayas (visualmente y para no recargar aún más el mensaje político, es preferible que sean lisas), la de Valls resaltaba por la calidad de la seda y el tono amable salmón. Eso sí, tanto el español como el francés la llevaban torcida (uno más que otro). Medio punto para el catalán.

2. Saludo. La prensa madrileña ya se ha afanado en resaltar que el president de la Generalitat no ha recibido al presidente del estado en el Castillo de Peralada como manda el protocolo. Bien, el protocolo manda recibir al invitado. Pero en esta (rara) ocasión, el “anfitrión” era Rajoy. Por lo tanto, Mas no ha cometido ninguna falta (cierto es que por cordialidad-hipocresía- institucional hubiera podido acceder a ello pero tampoco había necesidad de fingir aún más). Otro punto para Mas.

3. Sonrisas. Apreciable el buen humor de Mas mientras charlaba con Valls. Lo hacían en catalán (aunque lo podrían haber hecho también en francés porque ellos, a diferencia de Rajoy, son políglotas). Ambos se mostraban relajados y sonrientes. La verdad es que esa afinidad no se ha percibido en ningún momento, no solo entre Rajoy y Mas, entre Rajoy y el primer ministro francés. El president de la Generalitat ha interactuado con Valls como si de su homólogo se tratara y de cara a la prensa internacional eso suma otro punto para él.

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4. Nerviosismo. Al llegar a la mesa, Rajoy indica (insisto, porque es el anfitrión) dónde debe sentarse cada comensal. Mas, a su derecha. De pie, los tres aguardan un segundo a que los fotógrafos tomen las instantáneas y Rajoy se frota las manos (impaciencia). Una vez sentados, Valls (enterado de la frialdad de sus compañeros de mesa) decide dejar espacio y tiempo a Rajoy y Mas para que interactúen mínimamente: así que mira hacia a otro lado para que los tortolitos se reconcilien. Rajoy sigue muy nervioso y no para de mirar hacia a un lado y hacia el otro pero esquivando cualquier mirada (sobretodo la de Mas). Mas se quita las gafas (por un momento, deja a un lado su particular visión), las coloca sobre la mesa (toma el control de la situación ante el delirante comportamiento de su interlocutor) y toca levemente el antebrazo de Rajoy para captar su atención (como se hace con los niños). El presidente español aún se pone más nervioso (sigue mirando a todos lados sin ver a nada ni nadie) y el president lo capta. Mas recoloca sus gafas en la mesa (vuelve a tomar posición) e intenta conseguir solo con su mirada que el líder del PP lo mire. Sin embargo, normal por otra parte, los gestos faciales del president también evidencian su incomodidad. Hay un momento, mientras intercambian algunas palabras, que Mas se tapa la boca y se rasca los labios. Podría ser que el catalán quisiera evitar que los medios supieran de qué hablaban (descarto esta opción porque no creo que la conversación fuera tan trascendental), pero en este caso lo interpreto como que Mas no estaba siendo sincero, solo hablaba de cosas banales para que la comida no se les atragantara a ninguno de los dos. Otro punto Mas.

 

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La corbata envenenada de Renzi a Tsipras

corbataMatteo Renzi necesita que Europa se fije en él y así lo escenifica a cada paso que da. Si la semana pasada recurrió a las nobles partes de David de Michelangelo para retratarse con Merkel, hoy ha preferido ser más sutil y regalarle a Tsipras una corbata de firma italiana (las cosas como son, de las mejorcitas). El primer ministro griego, ya metido en el noble oficio del cinsimo político, le ha contestado que se pondrá la corbata cuando acabe la crisis (que tal y como pinta la cosa significa “cuando las ranas bailen flamenco”). Estoy bastante hartita de los defensores de la corbata (casi tanto como de los detractores), así que aquí van algunos motivos por los que Tsipras y su gobierno no deben atarse la soga al cuello:

1. DESIDIA Porque lo harían porque sí, por seguir al rebaño. Y el caso es que  como el 98% de la población mundial (creo que he sido bastante generosa, solo deberíamos excluir a Obama), no tendrán ni pajorera idea de cómo hacerse el nudo y con qué cuello de camisa combinarlo. El resultado será igual de patético que lo que ocurre con sus trajes y camisas: no saben ni quieren lucirlos y parece que vayan disfrazados (no creíbles).

2. OBSOLETA. Porque la corbata (se cree que la corbata procede de los pañuelos que los soldados de las tropas croatas lucían en sus cuellos en el s.XVII) está, junto al traje diplomático occidental, obsoleta. Soy consciente de que cada vez que digo que la corbata desaparecerá, muchos se ríen. Señores míos, desapareció el chaqué y el sombrero y también parecía impensable. Además, les recuerdo que el traje, la corbata, la camisa y los zapatos de cordones proceden de la Revolución Francesa y los Sans Culottes (la primera izquierda). Si Syriza se considera izquierda, y una izquierda nueva, deben proponer nuevos códigos indumentarios (igual que nuevas políticas). Jamás nadie, y mucho menos la derecha, debe imponerles una vestimenta (un modo de pensar y actuar). Que se apliquen el cuento también los de Podemos. “Cambia, todo cambia…”, que diría Mercedes Sosa.

3. MUJICA. Si en la actualidad hay alguien de izquierdas que tenga alguna legitimidad, ese es José Mujica. El uruguayo siempre que le contestaban sobre el lazo respondía lo siguiente: “Yo me tomo la presidencia como un trabajo y para trabajar no necesito corbata. La corbata es un trapo miserable que se transformó en coquetería masculina, y andamos por ahí con esa servilleta bien incómoda, con el calor”.

4. EMPATÍA. ¿A quién representa Syriza? ¿Al opresor o al oprimido? Pues si es al oprimido, ya les informo desde aquí que la mayoría de ellos no llevan corbata y si la llevan, no la soportan, les incomoda y tienen ganas de cortársela y quemarla en la hogera.

5. MOUSTAKI. Porque los dos griegos más elegantes que yo he conocido (y con los que tuve la enorme suerte de compartir cena en un pequeño restaurante de París) no llevaban corbata. Uno era Georges Moustaki y el otro, mi amigo Yiorgos Eleftheriades.