Amat

Salía de los cines Texas. Era un domingo, media tarde y el sol invitaba a quedarse a disfrutar del resto de la jornada en la calle. En una plaza de Gràcia, casualmente la de la Revolució, me topé con Jordi Cuixart. Él no me vio, y tampoco me hubiera reconocido. E hice lo que suelo hacer si me cruzo en mi camino a algún líder: observar desde la distancia para comprobar cómo actúan cuando creen que nadie los ve… La estampa me atrapó enseguida. Lo acompañaba una preciosa y atractiva mujer morena -me pareció mucho más joven que el presidente de Òmnium- que conducía un carrito de bebé. Charlaban de pie con otra pareja y sonreían. Los envidié porque desgraciadamente no resulta tan usual ver a alguien tan feliz y comprometido. Y confirmé mis sospechas… Jordi Cuixart es un buen hombre. SEGUIR LEYENDO

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¿Por qué el PSC no aplaudió a los presos?

Dudo que alguien se sorprendiera de que el PP se largara nada más empezar el pleno del sábado; al igual que dudo que alguien se asombrara cuando C’s no se levantó a aplaudir a los familiares de los presos. Y a la que aquí escribe, sintiéndolo mucho, tampoco le impactó lo más mínimo que no lo hiciera el PSC. Porque aunque minutos antes el líder de los socialistas catalanes había insistido en verbalizar su afecto y empatía hacia los sentimientos a flor de piel que experimentaba medio parlamento (y media Catalunya), sólo eran eso: palabras. A nadie se le escapa que en el caso de las emociones positivas dirigidas hacia otro u otros no es nada meritorio declararlas sino demostrarlas. SEGUIR LEYENDO

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Martín Garitano, mosca, pendiente y cuello alto

En el País Vasco podría establecerse la excepción a la regla de que los políticos españoles visten mal (vaya, acabo de regalarles otro motivo para demandar la independencia). Hay que reconocerlo, tienen una sensibilidad especial para vestirse. Al último al que le he echado el ojo es a Martín Garitano, el dirigente más representativo de la izquierda abertzale. Ayer, a la conmemoración del 75 aniversario del bombardeo de Guernica, el diputado general de Guipúzcoa se distinguió de Patxi López -el lehendakari sigue empeñado en vestir de traje y corbata sin saber muy bien cómo y transmitiendo dejadez – con un jersey de cuello alto negro y una americana gris. Fácil estilismo para un hombre de izquierdas pero nada común en la rancia y aburrida escena política nacional. Sobretodo cunado se combina con un pendiente en la oreja -le queda bien- y la mosca debajo de la boca -me refiero a los cuatro pelos que esculpe con mimo cada mañana y que demuestra que le gusta cuidarse. Tampoco faltan en su vestuario camisetas -casi siempre negras y lisas, aunque a veces se le escape la típica camiseta pancarta-, jeans y foulards (de distintos colores). Aunque particularmente su aspecto me da un poco de miedo (obviamente, también es lo que pretende), sobre coherencia estilística podría dar lecciones a más de uno.