El fachaleco

Abrigan mucho, son ligeros y abultan poco. Hasta ahí las ventajas, porque estéticamente los plumíferos no deberían haber descendido jamás de las montañas a la ciudad; y mucho menos como prenda viral entre empleados administrativos que trabajan en cómodos despachos con calefacción. Si ya como chaqueta era un horror-error visual, al recortarle las mangas se convirtió en chaleco y parapeto para públicos tan dispares como pijos y/o cazadores. Es decir, Rodrigo Rato entró en prisión vistiendo uno.  SEGUIR LEYENDO

 

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¿Por qué el PSC no aplaudió a los presos?

Dudo que alguien se sorprendiera de que el PP se largara nada más empezar el pleno del sábado; al igual que dudo que alguien se asombrara cuando C’s no se levantó a aplaudir a los familiares de los presos. Y a la que aquí escribe, sintiéndolo mucho, tampoco le impactó lo más mínimo que no lo hiciera el PSC. Porque aunque minutos antes el líder de los socialistas catalanes había insistido en verbalizar su afecto y empatía hacia los sentimientos a flor de piel que experimentaba medio parlamento (y media Catalunya), sólo eran eso: palabras. A nadie se le escapa que en el caso de las emociones positivas dirigidas hacia otro u otros no es nada meritorio declararlas sino demostrarlas. SEGUIR LEYENDO

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Y las urnas descabezaron al PP

Anoche, Ciutadans ganó en votos y en escaños. Sin embargo, el vencedor ha sido el bloque independentista. Más concretamente, el triunfador es el president Puigdemont. Y aunque en las crónicas políticas visuales uno debería recrearse con la imagen de los victoriosos, esta vez se me antoja mucho más atractivo (divertido) analizar la del gran perdedor del 21D: el PP.

Xavier García Albiol salió el primero a reconocer su derrota. Lo hizo con la misma ropa con la que había ido a votar por la mañana: una americana de pana con coderas, jeans y cuello libre de corbata. Además de querer ir de progre trasnochado, el postureo de su apariencia era más que evidente si uno se fijaba en la significante ausencia del lazo con la bandera de España y la senyera que, al final, sólo se colgó para los debates televisados (ni siquiera se lo puso para el de la SER). SEGUIR LEYENDO

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Claro, hablemos del “patriótico” bolso de Cristina Cifuentes

Los medios de comunicación nacionales -incluso los de corte supuestamente izquierdista- destacan y aplauden el “patriotismo” del bolso con el que la presidenta de la Comunidad de Madrid acudió ayer al desfile de las fuerzas armadas. “Con una capa y un vestido azul añil, Cristina Cifuentes acompañaba su estilismo con un bolso de mano de tela rojo y gualdo en homenaje a la bandera nacional y como guiño a la unidad de España”, repiten en todas las crónicas sobre el 12O. Y no es que desee contradecirles pero sí debo advertir y señalar que la cartera en la que se ha estampado la enseña es uno en formato sobre y está en manos y lleva bordadas las iniciales (CC) de una dirigente del PP… SEGUIR LEYENDO 

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A mí, ahora, las formas “me la bufan”

c5eca4_7c30e63ea52a49bba54860879eb0df18-mv2La culpa no es de los que prefieren a Pablo Iglesias antes que a Íñigo Errejón. Ni de los que persisten en presentar a Obama y Trump como el mismo monstruo. Tampoco de los que pretenden hacerse famosos y millonarios retratándose el culo a lo Kim Kardashian. No, la culpa es de aquellos que no hace tanto tiempo, alzados en un trono de supuesta superioridad moral e intelectual, sentenciaron que las formas eran secundarias, superfluas y banales. Infravalorando las formas (el reflejo externo del fondo), estamos hoy donde estamos. La falta de estética se aprecia fácilmente en una diputada que mastica chicle desde un escaño del Parlament, en el regidor que asiste a un pleno del Ajuntament en bañador y en el secretario general de un partido que se presenta en el Congreso con una camisa sin planchar, tres tallas más grande y manchas de sudor. La apariencia (el arte de estar presente, en paz) y la búsqueda de la belleza (armonía entre físico, pensamiento y sentimiento) es una demostración de respeto no sólo hacia los demás, también hacia uno mismo. Por eso, la pérdida de estética es aún más denunciable y alarmante cuando un presidente del gobierno le niega el saludo al líder de la oposición, cuando un político no sabe pedir perdón (dimitir) y, por supuesto, cuando un cargo público sucumbe a la corrupción.

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