Obama sólo se abre a Iglesias

Ha sido la propia Casa Blanca la que ha facilitado las fotografías. Y a sabiendas del máximo control que los estadounidenses toman con cada una de las imágenes del presidente, ninguna de las instantáneas ha sido elegida al azar. Obviamente, el encuentro fue breve (3 minutos con cada uno) pero al fotógrafo le dio para 10 disparos como mínimo. El hecho de que, al analizar el trato no verbal recibido por Obama, Pablo Iglesias sea el que mejor parado salga no es de ningún modo fortuito.

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Cara a cara, Iglesias vs Rivera

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Localización/Escenografía

El espíritu de Tío Cuco En sólo seis meses han pasado de charlar a pie de calle ( Tío Cuco, un bar de Nou Barris en Barcelona) a hacerlo ya en las altas esferas (en el Círculo de Bellas Artes de Madrid). ¿Alguien quiere seguir hablando de «nueva política»?

La mesa Évole no paraba de recalcarles el tono bronco que estaba tomando el debate. Sin embrago, consciente o inconscientemente, la producción del programa había contribuido a tal clima. Así como el primer cara a cara se dio en una mesa redonda (favorece el diálogo y el entendimiento), esta vez la conversación se asentó en una rectangular (propicia el enfrentamiento y la rivalidad).

Bandera Curioso y gracioso (¿casual?) que al fondo del plano de Albert Rivera ondeara la bandera española.

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Lenguaje corporal

«No te pongas nervioso» Acusar al rival de nerviosismo para desestabilizarlo… Si entendieran que esa percepción de ansiedad se transmite básicamente a través de la comunicación no verbal (que ninguno de los dos domina) y no de las palabras (la relevancia de la palabra en la comunicación sólo es de un 7% )…

Pies La mesa actuaba como escudo y la exposición de su lenguaje corporal pasaba más inadvertida. Sin embargo, cada vez que se hacía un plano general, comprobábamos la posición que habían tomado al sentarse y que mantuvieron durante todo el cara a cara. Ambos tenían los pies cruzados bajo la silla (equivale a cuando cruzamos los dedos detrás de la espalda). Cuando alguien es sincero (o queremos que lo sea) las plantas de los pies están apoyadas completamente en el suelo. Mucha gente asegura que es una posición muy cómoda y habitual. Y sí, es lo que tiene la sinceridad que generalmente incomoda muchísimo….

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Agresividad/frustración La incontinencia gestual de Rivera es su talón de Aquiles. Sus gestos transmiten ansiedad e incluso ciertas muestras de agresividad y frustración. Aunque intenta reprimirse (de pie, manos en los bolsillos para no hacer su sempiterno gesto de barrera/protección: foto2), al tratarse de un lenguaje inconsciente no lo logra y acaba apareciendo un gesto desafortunado en el peor momento. Ayer, en distintas ocasiones, se cubrió la cara con las manos (esta situación me está desbordando) y realizó el gesto de suplica (no puedo, esto me supera). No paraba de negar con la cabeza y de subirse la manga (gestos excesivamente negativos). Aunque el fallo fuera de producción, Rivera se quedó sin agua y aún así apuró hasta la última gota (se estaba ahogando en un vaso de agua).

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Boli Vicio de tertuliano que a Iglesias le sirve para camuflar su nerviosismo y ansiedad. El podemita no sabría qué hacer (comunicar) con las manos y el boli le permite tenerlas entretenidas (que su falta de comunicación no verbal (seguridad) pase desapercibida). Sin embargo, además de un recurso más propio de un principiante de oratoria que de un verdadero líder, el bolígrafo acaba delatando los verdaderos pensamientos del individuo. Como el bebé que busca el consuelo de la madre primero en el pezón, luego en el chupete y, por último, se conforma con su propio dedo; Iglesias se pasó todo el debate llevándose el bolígrafo a la boca (necesito que me reconforten) e incluso presionándolo sobre sus mejillas (autolesionándose).

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Iglesias, el preparao El primer cara a cara lo ganó Rivera. Al igual que le pasó a Felipe González con Aznar, Podemos se ha preparado a conciencia esta segunda vuelta. Bastaba con observar el cuidado orden que mantenía Iglesias con sus notas. Rodeado de información tanto a la izquierda, como a la derecha o en el centro. Las octavillas que ya había empleado las depositaba en otro montoncito. Rivera sólo tenía una libreta a la derecha y que no utilizó para nada. Esta vez, Iglesias se merendó al Naranjito.

 

Indumentaria

Arremangue El arremangue de la camisa tiene un tope, el codo. Por encima es de garrulillo. En política, además, una camisa azul arremangada por encima del codo recuerda excesivamente a la estética marcada por José Antonio Primo de Rivera para Falange… #ojo

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Sobado Aunque Rivera aclaró anoche en Twitter que hacía mucho calor y no habían subido lo suficiente el aire acondicionado, nada más llegar al encuentro su presencia ya se antojaba excesivamente ajada. La pésima calidad de la camisa, el pecholobo que tanto le agrada (nunca jamás desabrochar más de un botón de la camisa), el aspecto sucio de su pelo y alguna gota de sudor que le resbalaba por  la patilla lo dejaron en evidencia incluso ante una presa estética tan fácil de superar como es la de Pablo Iglesias.  Y si la estrategia era competir con la dejadez de Iglesias, creo que se equivoca. Para bien o para mal, el target de C’s no es el de Podemos. Además, sin PSOE ni PP, C’s podía haber aprovechado para captar algún voto más conservador que exige una estética diferente.

Corbata Desde que la «gurú de estilo» Ana Rosa Quintana se la aconsejó y le regaló un par de ellas, Iglesias aparece más veces con corbata. Si Alexis Tsipras acató la americana para gobernar, ahora que el líder podemita acaricia la presidencia le toca supeditarse a la soga al cuello. Si fue capaz de enfundarse un smoking (considerada por las izquierdas como un símbolo oligárquico), en nada acaba con un terno. Sin embargo, la seguridad y seriedad que se busca en el accesorio por excelencia de la coquetería masculina no se da por gracia divina: si el nudo no está bien ejecutado lo que transmite es una imagen de inmadurez nada conveniente para un líder político. Si lo que Iglesias pretende proyectar es una imagen de «rebelde sin causa», el resto del estilismo tendría que estar perfectamente escogido para que destacara el desaliño de la corbata (así sólo sugiere abandono y desgana).

 

 

Te juzgaré siempre por lo que vistas (o no vistas)

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Vale, pues vaya en pelotas «Júzguenme por lo que hago, no por lo que llevo encima». No hay frase que me saque más de quicio. Lo gracioso es que la suelen emplear los que más juzgan por las apariencias. Cada vez que tengo que oír esa consigna viene a mi mente Umberto Eco y me compadezco de él y de la semiótica. Porque la torpeza que esconde el anunciado (y que a su vez descubre al ignorante) es de (psico)análisis: «Júzguenme por lo que hago y no por lo que visto». Hasta el más necio entenderá que «vestirse» implica siempre una acción (decisión). «Quien haya estudiado a fondo los problemas actuales de la semiología no puede hacerse el nudo de la corbata, por la mañana ante el espejo, sin tener la sensación clara de seguir una opción ideológica, o, por lo menos, de lanzar un mensaje, una carta abierta, a los transeúntes y a quienes encuentre durante la jornada», advierte el maestro italiano en su ensayo El hábito hace al monje. Hoy, la estúpida frasecita se la he tenido que leer al líder de Podemos en la nueva revista de La Vanguardia y me ha puesto de muy mala leche… Es una frase que sólo le tolero -porque en este caso (si quitamos las pinturas y adornos que las tribus al final siempre acabaron empleando para distinguirse) sí sería algo coherente- a un naturista -que, quizá con bastante razón, defiende que el humano debería volver a vestirse con sus propias pieles-.

Pobres «Quieren que vistamos como pobres porque quieren que pensemos como pobres». Esta frase procedente del abuelo anarquista de Antonio Baños me tuvo varios días reflexionando. Políticamente incorrecta en estos tiempos de mediocridad indumentaria (y moral, claro), cada vez se me antoja más profunda y certera. Porque el hecho de que a Podemos le beneficie la imagen zarrapastrosa de su líder y que Pablo Iglesias presuma de «visto como mis electores» es altamente alarmante. Tanto como lo es que a la derecha le funcione desde hace décadas esa apariencia casposa.  ¿Respeto por el votante? Ninguno. ¿Respeto por él mismo? Ninguno. Porque aún me atormenta aquello que se atrevió a decirles a sus militantes cuando se ató una corbata una semana antes del 20-D: «Con vosotros, (señalando a su corbata) todo el respeto». Parecería que nunca antes se hubiera reunido con sus militantes o que el resto de electorado potencial no le mereciéramos la misma consideración que parece significar para él la corbata (y que tal como ultraja al accesorio, ya os advierto que es nulo)…  Pero como en un debate en Sálvame Deluxe siempre gana Belén Esteban, me resigno: Francia nos lleva siglos de ventaja (no sólo por el retroceso de la Guerra Civil, también por los años de luz y dos revoluciones sociales y culturales) y no podemos competir ni ideológica ni estilísticamente con el país vecino por mucho que yo, por cercanía geográfica (Barcelona) y estética, me empeñe.

Ricos El lerrouxismo ha vuelto y con más fuerza que nunca otra vez de la mano de una supuesta «nueva política»…  Mi mejor amiga, una sevillana con mucha gracia, siempre me advierte al ver saciar mi apetito con cualquier mierda: «Patry, somos lo que comemos». Tiene razón y creo que el consejo también es aplicable a la estética. Porque aquí no se trata de consumir todos los días caviar, sólo de comer sano (¿sardinas? mmmmmhhh… ¡Qué ricas!). Para que voy a andarme por las ramas, ya lo dijo la gran Vivienne Westwood: “La gente nunca había lucido tan fea como ahora. Simplemente consumen demasiado. Estoy hablando de toda esa basura desechable… lo que estoy diciendo es que compren menos, elijan mejor. No se limiten a chupar ropa, porque todo el mundo se ve como clones. No solo coman McDonalds, consigan algo mejor. Coman ensalada. Eso es la moda: algo un poco mejor”. Y he aquí el problema de España, creer que la moda es únicamente el capricho de cuatro (desequilibrados emocionales e intelectuales) fashion victims. Es como si alguien considerara que la cocina es sólo McDonalds. La cocina es también Ferran Adrià y los guisos de nuestras abuelas y nuestras madres (porque la comida de casa, de proximidad, sabe siempre mejor que ninguna). Ya les digo que la elección del establecimiento dónde compran y los productos que meten en la cesta delatan su filosofía de vida (sean ustedes ricos o pobres). No le estoy pidiendo a Pablo Iglesias que deje de ser él (más bien que se defina de una maldita vez y lo refleje en sus ropas), tampoco que se gaste grandes fortunas en ropa (menos cantidad, más calidad). Lo que digo es que el sencillo suéter negro que le prestaron en La Vanguardia para hacerle las fotos es infinitamente más elegante y comprometido con la causa que supuestamente defiende que la camisa blanca sintética con la que llegó al shooting.

Prueba por ahí, por ser tú. Por respetarte. Por respetarnos. Por ser coherente.  

Iglesias limpia a Errejón

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Humillación pública Los medios de comunicación, inocentes o tímidos, han tildado el gesto de Pablo a Iglesias a Iñígo Errejón en el desayuno de prensa de «paternalista». Creo que no han valorado del todo la brutalidad de la imagen. Cualquiera que se ponga en el lugar de Errejón comprenderá cuán humillante es que alguien -aunque sea tu querida madre- se disponga a limpiarte nada en público. Menos, lógicamente, cuando has superado los tres años de edad (aunque tu edad física e indumentaria diga lo contrario) y te encuentras en un desayuno (reunión) de trabajo con compañeros, enemigos (puede, y parece, que sean los mismos) y decenas de cámaras fotográficas y de televisión apuntándote. La incomodidad del momento sólo es comparable al que deben sentir los santos varones que soportan que sus novias los sometan a una limpieza de cutis o espalda improvisada (ese deseo irrefrenable de algunas féminas de proceder a una extracción de espinillas con su hombre es la «sofisticación» de un gesto primitivo lleno de amor: desparasitar a los de su manada) en mitad de una playa o piscina repleta de gente.

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Gesto de amor Sí, cuando eras pequeño (o no tan pequeño) y tu madre te limpiaba la nariz o la mejilla porque te habías embadurnado media cara con el puré aquello se antojaba un acto de amor y ternura. Aún así, si os fijáis, los niños apartan la cara (molestos) cuando sus padres o seres queridos se acercan e invaden su espacio vital armados con un pañuelo o una servilleta. A sabiendas de la reacción natural del crío, los progenitores cogen con una mano a su cachorro por la nuca (lo bloquean/lo someten porque «esto es lo que te conviene») para poder asearlos. Y exactamente esa ha sido la estrategia de Iglesias y la reacción de Errejón. Sin embargo, a Dios gracias, que al secretario general de Podemos no se le ha ocurrido servirse de su salivilla como desincrustante espontáneo a la manchas más rebeldes… #madremía

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¿Cómo proceder? He visualizado varias veces el vídeo y no percibo mancha alguna en el rostro de Errejón. Aún no habían probado bocado por lo que no podía haberse manchado de comida. Si se debiera a la marca traicionera del café o el zumo de naranja, la mancha aparecería alrededor de la boca y no en la mejilla o la nariz. Si había mancha (cosa de la que no estoy segura) quizá fuera de pintalabios tras saludar a alguna asistente (porque no quiero pensar que sea lo que algunos aseguráis que es…). Cuando te encuentras en una situación así, debes avisar a tu compañero: se lo comunicas verbalmente «tienes una cosa aquí» y no verbalmente (le indicas en tu rostro -para que en el otro funcione como un espejo- dónde). Nunca, ni que seas su madre o su esposa (si eres su mujer o amante y el gesto es en privado, funciona como gesto de seducción), lo harás por ella porque estás sugiriendo a los demás que aquella persona no es suficientemente madura o está discapacitada para valerse por si sola… #yahívamos

Broma Casualmente, hace poco más de un mes, en una pequeña intervención de Errejón en el programa Late Motiv, Andreu Buenafuente le gastó esa misma «broma» (2.35): quiso secarle la babilla con un pañuelo. Pero hoy, no era el lugar ni el momento para que su colega y secretario general eternizara la parodia del eterno adolescente. Más que nada porque alguien podría entrever cierta maldad y estrategia por parte de Iglesias para desacreditar a su número dos. Después de apartar a Errejón de la mesa de negociación con el PSOE y cesar a su mano derecha, Sergio Pascual; la broma de paternalismo (o humillación) puede que no tenga tanta gracia (para prueba, la mandíbula tensa -agresividad frustrada- de Errejón). 

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El mensaje (no verbal) del rey

Escenografía

Localización De Zarzuela al Palacio Real. Si el rey necesita justificar el cambio de escenario  durante su mensaje (es decir, quitar tiempo a otros asuntos más importantes de los que hablar en su discurso) es porque la localización es totalmente errónea. Cierto es que el momento precisa de seriedad e institucionalidad pero, precisamente por tal razón, es conveniente no hacer experimentos. En vez de haber utilizado el salón (cercanía) del pasado año, la mesa del despacho (incluso haber aparecido de pie frente a una biblioteca, junto a la bandera) lo habría proyectado como una figura aún útil (activa, sabia, comprometida y preocupada por las dificultades del país).

Solemnidad/austeridad Eclipsados por la «inestabilidad» política que ha dejado el 20D y el 27S, los asesores han errado al considerar que la ostentación (decoración, derroche energético…) del Palacio Real podría aportar en este momento (de crisis aún exasperante para demasiados españoles) solemnidad a la figura del rey. Y no es que no sólo no haya logrado la solemnidad que pretendían sino que, al pronunciar la palabra «austeridad» (incoherencia entre el mensaje verbal y no verbal) en medio de ese salón, Felipe VI ha perdido credibilidad.

Soledad No está centrado en el espacio (descolocado) y la silla (pese a ser de madera noble) se antoja ridícula en un espacio tan enorme. El está ligeramente ladeado (incómodo) para obedecer al cámara (cuando debería ser la cámara la que buscara al protagonista…). Es un espacio totalmente frío e impersonal. Por mucho que se empeñe en recordar el significado del «patrimonio pasado español común», allí no hay nada que cree empatía con el espectador (un pesebre, fotos de su familia…).

Alfombras Espejos enfrentados (reflejos egocéntricos) y todo el suelo forrado de alfombras. El rey no toca con sus pies el suelo (lejos de la realidad), sólo moquetas acarosas (arcaico).

Indumentaria

Corbata Sin duda, de su vestimenta, lo más llamativo ha sido la elección del color de la corbata. Si bien el color morado es y ha sido utilizado a lo largo de la historia por los más altos estamentos de poder (aristocráticos y eclesiásticos); actualmente, en España, este tono está completamente vinculado a la formación de Pablo Iglesias. Tras los resultados de las pasadas elecciones generales del pasado domingo, sería absurdo negar la intención buscada de la prenda (nunca nada es improvisado, pero mucho menos en un mensaje tan estudiado como este). La corbata señala el fin del bipartidismo y la aceptación de la Corona a nuevas sensibilidades políticas y sociales. Un pequeño guiño con el que el rey da la bienvenida (invitación a respetar el sistema de monarquía parlamentaria) a Podemos. 

Cejas Posee unas cejas espesas y el maquillaje siempre resulta excesivo. La ceja sirve para encuadrar el ojo (sinceridad) pero no debe en ningún caso eclipsar la mirada.

 

Lenguaje corporal

De espaldas a una entrada Aunque está bien buscado el enfoque de las grandes entradas (apertura, amplitud y profundidad de miras), el efecto pierde completamente su razón cuando decides colocar al rey de espaldas a esas mismas puertas. Regla básica del Feng Shui para lograr una influencia positiva sobre el ambiente.

Autocastigo El dominio gestual de Felipe VI es bastante pobre. Durante el discurso, pese a intentar acompañar el mensaje también con las manos, tan sólo ha utilizado tres gestos que se iban repitiendo dijera lo que dijera (fuera positivo o negativo). Lo más inquietante es que empezó y acabó el mensaje golpeándose las piernas. Abría y alzaba las manos, y al reposarlas sobre el regazo, inconscientemente, se golpeaba («autolesionaba»). El hecho de golpearse uno mismo es un signo evidente de frustración: los simios también lo hacen (golpean su pecho) cuando son conscientes de que no pueden enfrentarse a su rival porque es más fuerte que ellos. Los humanos hemos sofisticado (suavizado) algo el gesto.

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