Cara a cara, Iglesias vs Rivera

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Localización/Escenografía

El espíritu de Tío Cuco En sólo seis meses han pasado de charlar a pie de calle ( Tío Cuco, un bar de Nou Barris en Barcelona) a hacerlo ya en las altas esferas (en el Círculo de Bellas Artes de Madrid). ¿Alguien quiere seguir hablando de “nueva política”?

La mesa Évole no paraba de recalcarles el tono bronco que estaba tomando el debate. Sin embrago, consciente o inconscientemente, la producción del programa había contribuido a tal clima. Así como el primer cara a cara se dio en una mesa redonda (favorece el diálogo y el entendimiento), esta vez la conversación se asentó en una rectangular (propicia el enfrentamiento y la rivalidad).

Bandera Curioso y gracioso (¿casual?) que al fondo del plano de Albert Rivera ondeara la bandera española.

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Lenguaje corporal

“No te pongas nervioso” Acusar al rival de nerviosismo para desestabilizarlo… Si entendieran que esa percepción de ansiedad se transmite básicamente a través de la comunicación no verbal (que ninguno de los dos domina) y no de las palabras (la relevancia de la palabra en la comunicación sólo es de un 7% )…

Pies La mesa actuaba como escudo y la exposición de su lenguaje corporal pasaba más inadvertida. Sin embargo, cada vez que se hacía un plano general, comprobábamos la posición que habían tomado al sentarse y que mantuvieron durante todo el cara a cara. Ambos tenían los pies cruzados bajo la silla (equivale a cuando cruzamos los dedos detrás de la espalda). Cuando alguien es sincero (o queremos que lo sea) las plantas de los pies están apoyadas completamente en el suelo. Mucha gente asegura que es una posición muy cómoda y habitual. Y sí, es lo que tiene la sinceridad que generalmente incomoda muchísimo….

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Agresividad/frustración La incontinencia gestual de Rivera es su talón de Aquiles. Sus gestos transmiten ansiedad e incluso ciertas muestras de agresividad y frustración. Aunque intenta reprimirse (de pie, manos en los bolsillos para no hacer su sempiterno gesto de barrera/protección: foto2), al tratarse de un lenguaje inconsciente no lo logra y acaba apareciendo un gesto desafortunado en el peor momento. Ayer, en distintas ocasiones, se cubrió la cara con las manos (esta situación me está desbordando) y realizó el gesto de suplica (no puedo, esto me supera). No paraba de negar con la cabeza y de subirse la manga (gestos excesivamente negativos). Aunque el fallo fuera de producción, Rivera se quedó sin agua y aún así apuró hasta la última gota (se estaba ahogando en un vaso de agua).

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Boli Vicio de tertuliano que a Iglesias le sirve para camuflar su nerviosismo y ansiedad. El podemita no sabría qué hacer (comunicar) con las manos y el boli le permite tenerlas entretenidas (que su falta de comunicación no verbal (seguridad) pase desapercibida). Sin embargo, además de un recurso más propio de un principiante de oratoria que de un verdadero líder, el bolígrafo acaba delatando los verdaderos pensamientos del individuo. Como el bebé que busca el consuelo de la madre primero en el pezón, luego en el chupete y, por último, se conforma con su propio dedo; Iglesias se pasó todo el debate llevándose el bolígrafo a la boca (necesito que me reconforten) e incluso presionándolo sobre sus mejillas (autolesionándose).

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Iglesias, el preparao El primer cara a cara lo ganó Rivera. Al igual que le pasó a Felipe González con Aznar, Podemos se ha preparado a conciencia esta segunda vuelta. Bastaba con observar el cuidado orden que mantenía Iglesias con sus notas. Rodeado de información tanto a la izquierda, como a la derecha o en el centro. Las octavillas que ya había empleado las depositaba en otro montoncito. Rivera sólo tenía una libreta a la derecha y que no utilizó para nada. Esta vez, Iglesias se merendó al Naranjito.

 

Indumentaria

Arremangue El arremangue de la camisa tiene un tope, el codo. Por encima es de garrulillo. En política, además, una camisa azul arremangada por encima del codo recuerda excesivamente a la estética marcada por José Antonio Primo de Rivera para Falange… #ojo

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Sobado Aunque Rivera aclaró anoche en Twitter que hacía mucho calor y no habían subido lo suficiente el aire acondicionado, nada más llegar al encuentro su presencia ya se antojaba excesivamente ajada. La pésima calidad de la camisa, el pecholobo que tanto le agrada (nunca jamás desabrochar más de un botón de la camisa), el aspecto sucio de su pelo y alguna gota de sudor que le resbalaba por  la patilla lo dejaron en evidencia incluso ante una presa estética tan fácil de superar como es la de Pablo Iglesias.  Y si la estrategia era competir con la dejadez de Iglesias, creo que se equivoca. Para bien o para mal, el target de C’s no es el de Podemos. Además, sin PSOE ni PP, C’s podía haber aprovechado para captar algún voto más conservador que exige una estética diferente.

Corbata Desde que la “gurú de estilo” Ana Rosa Quintana se la aconsejó y le regaló un par de ellas, Iglesias aparece más veces con corbata. Si Alexis Tsipras acató la americana para gobernar, ahora que el líder podemita acaricia la presidencia le toca supeditarse a la soga al cuello. Si fue capaz de enfundarse un smoking (considerada por las izquierdas como un símbolo oligárquico), en nada acaba con un terno. Sin embargo, la seguridad y seriedad que se busca en el accesorio por excelencia de la coquetería masculina no se da por gracia divina: si el nudo no está bien ejecutado lo que transmite es una imagen de inmadurez nada conveniente para un líder político. Si lo que Iglesias pretende proyectar es una imagen de “rebelde sin causa”, el resto del estilismo tendría que estar perfectamente escogido para que destacara el desaliño de la corbata (así sólo sugiere abandono y desgana).

 

 

Encuentro entre Sáenz de Santamaría y Junqueras

Lenguaje corporal

Passar de puntetes Juegas en territorio enemigo y eso se refleja enseguida. Junqueras estaba replegado (encogido): apoya la planta del pie en la silla (tocar planta del pie en el suelo=asentado) y sólo las puntas tocan el suelo (inseguridad). La número dos del gobierno español mantiene una posición mucha más chulesca. Un pie está apoyado en la silla (incomodidad) pero el otro se adelanta (este es mi territorio).

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El aprendiz de Obama: Justin Trudeau

Esperando que mis múltiples suplicas y peticiones obtengan respuesta y alguien clone a Obama antes de noviembre, de momento, voy a tener que conformarme con Justin Trudeau… El primer ministro canadiense ha llegado a Washington como el heredero político que el presidente estadounidense no tiene en casa. Admirador confeso del estilo (político y estético) de Obama, el equipo de campaña del actual canadiense se inspiró en él para hacerse con el poder. La sintonía entre ambos es palpable.

Chaleco Un hombre con un terno (un tres piezas) resulta de una sofisticación abrumadora. El primer ministro canadiense no acostumbra a utilizar chaleco por lo que sospecho que buscaba impresionar y no quedar en evidencia al enfrentarse a la perfecta imperfección indumentaria de #loveObama.

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El pañuelo de cuatro puntas de Lluís Companys

Advirtiendo en lo que me iba a acabar convirtiendo, supongo, yo era de las que estudiaba la historia interesándome por la indumentaria de cada uno de los personajes que, durante mis años de primaria y secundaria, mis profesores me fueron presentando en una de mis asignaturas favoritas. Y ahí, entre muchos otros, sentí especial curiosidad por el vestir de Lluís Companys. Leí distintas biografías que encontré en las bibliotecas públicas de Cardona y Manresa sobre el president y me entusiasmé con la de detalles que adjuntaban todas ellas sobre su cuidada indumentaria…

Lluís Companys entró en la sala del juicio arrastrando los pies lentamente. Le fue imposible calzarse las alpargatas de lona blanca porque, según atestiguó un capitán de la Guardia Civil, las torturas le habían hinchado terriblemente los tobillos. El president vestía el mismo traje estival cruzado gris claro de finas rayas y la camisa blanca con los que había sido detenido por los nazis el 13 de agosto de 1940 en Francia. Pero lo más enternecedor es que se hubiera molestado en lucir su complemento más característico: un pañuelo cuidadosamente doblado para destacar las cuatro puntas que llevaba desde su juventud y que en los años 20 identificaba a los bohemios que frecuentaban el Paral·lel.

El día que lo ejecutaron, ahora se cumplen 75 años, Companys no quiso que le vendaran los ojos ni colocarse de espaldas. Tan solo pidió descalzarse. Según se interpretó, para morir en contacto con la tierra catalana. El teniente que lo fusiló -y que por temblarle el pulso necesitó varios disparos para rematarlo- pidió quedarse con el sempiterno pañuelo de cuatro puntas de Companys. No se lo permitieron. Cuando a su familia le entregaron el cuerpo, su hermana Ramona se enfrentó a los militares para poder cambiarle el traje ensangrentado y enterrarlo con uno limpio.

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