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Time para Peña Nieto

La perfección no existe y, por eso, cuando alguien pretende hacernos creer que podría acercarse a ella, despierta desconfianzas y recelos. No sé si recordaréis la obsesión de Michelle Obama en cada entrevista concedida al llegar a la Casa Blanca por dar detalles mundanos sobre su marido (así conocimos que Barack Obama, como cualquier hombre, deja tirados los calcetines en el suelo). Esta información íntima y poco ortodoxa sobre el presidente de los EEUU servía para equilibrar la imagen de un ser extraordinario, casi un superhéroe, y, por lo tanto, irreal. Por eso, la permanente apariencia de hombre 10 ofrecida por Enrique Peña Nieto se antoja excesiva. Y obviamente, esta portada  (imagen y titular) de la revista Time no ayudan a que el presidente de México resulte creíble. Además de la actitud altiva de Peña Nieto (que refuerza el tupé), el contrapicado de la fotografía agrava la sensación de lejanía. Salvo casos excepcionales, tanto los picados (empequeñecer) como los contrapicados (engrandecer) son poco recomendables para un posado político. Y es que aunque el contrapicado transmita poder, grandeza y seguridad, su uso abusivo por parte de los mayores dictadores de la historia lo ha condenado dentro de la comunicación política. Siempre es preferible posar de frente y que el candidato mire directamente al objetivo de la cámara para conseguir conectar con el observador.

PD. Gracias a José Vázquez por animarme a escribir sobre este asunto.

 

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La contención de Peña Nieto y Angelica Rivera

La toma de posesión del nuevo presidente mexicano se ha visto eclipsada por la batalla campal orquestada en su honor. Sin embargo, las protestas no impidieron que Peña Nieto cumpliera con el protocolo de recibimiento de mano. Para la ocasión, el dirigente iba inmaculado, como siempre. Una perfección que casa con la de su esposa, la Gaviota (Angelica Rivera es una famosa actriz de culebrón… ¿Raro? Nosotros tenemos a una presentadora de informativos de princesa). Sin embargo, ese aire altivo de la pareja -tan propio de portada de Hola- es excesivo. La contención aparente es excesivamente peligrosa en política. Deberían trabajar la naturalidad.