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Para Vanity Fair, De Guindos viste bien

Para gustos, colores. Por eso, a la hora de valorar la imagen de un político es conveniente regirnos por la coherencia que transmite su estilismo y no por nuestros caprichos indumentarios. Sin embargo, la revista Vanity Fair prefiere jugar al «quién es el que más pasta se gasta» para enumerar a los poderosos que, según la publicación, mejor visten. En mi humilde opinión, este sistema de elección lleva al error y lo demuestra el hecho de que en la lista se incluya el nombre de Luis de Guindos. Los motivos que aporta la revista para destacar al ministro de economía es que tiene un estilo «de buena familia madrileña» y su tiempo lo marcan las agujas de un Rólex, un Panarci, un Cartier o un Jaeger Le Couture. Dentro del panorama nacional, también entra el presidente de la Xunta. Y aunque Alberto Núñez Feijóo, en comparación con la bancada de políticos actuales, es salvable; lo cierto es que en su segunda legislatura se ha descuidado bastante.

Fuera de nuestras fronteras, Julian Assange sale favorecido por su premeditado aspecto colegial y el primer ministro de los Países Bajos, Mark Rutte, por el uso del azul en todos sus accesorios. Contar con el mismo sastre que el agente 007, David Craig, es motivo suficiente para que David Cameron también tenga un puesto de honor en Vanity Fair -pese a que la misma publicación nos recuerda que en un encuentro con Barack Obama causó polémica el hecho de que el primer ministro llevara unos viejos y raídos zapatos. Obviamente, la lista incluye al presidente estadounidense aunque sin demasiado entusiasmo. Y ya para rematar y dejarme helada, hasta el mejicano Peña Nieto les parece un galán (a mi también, pero de telenovela). Lo dicho, para gustos, colores.

La obsesiva perfección de Peña Nieto

Aún no me había repuesto de las declaraciones de Maduro cuando me llega vía @asesorpolitico (¡Gracias!) la fotografía oficial del presidente de México. Estoy espesa pero intentaré centrarme en la imagen de Enrique Peña Nieto… Sentado en la silla presidencial (ojo que el Águila ya da miedo por si sola) y con la bandera de su país al fondo, la exasperarte perfección que pretende demostrar el presidente mexicano en todo momento llega esta vez a rozar lo siniestro (si me dicen que le han colocado la cabeza sobre el cuerpo rígido de alguien, me lo creo). Fijaros también en la posición que toman sus manos: mientras la derecha está extendida (disposición al diálogo), el puño izquierdo (donde lleva la alianza de matrimonio) está cerrado (autocontrol / reprimir emociones).  Ataviado con un traje negro y una camisa blanca; la corbata gris (ya hemos mencionado varias veces que dicha tonalidad  se asocia al secretismo y tiende a transmitir incertidumbre) asoma bajo la banda presidencial. Aunque la disposición autoritaria pueda ser acertada para una fotografía oficial, la incomodidad que se le intuye al propio presidente en la instantánea impide que su seguridad, seriedad y cercanía se antojen del todo convincentes.

Aunque aparentemente y estilísticamente, en comparación con la foto oficial del expresidente mexicano, son muy parecidas; la actitud marca la diferencia. En vez de la bandera, Felipe Calderón apostó en 2006 por el fondo de la biblioteca y colocó las dos manos extendidas.

La contención de Peña Nieto y Angelica Rivera

La toma de posesión del nuevo presidente mexicano se ha visto eclipsada por la batalla campal orquestada en su honor. Sin embargo, las protestas no impidieron que Peña Nieto cumpliera con el protocolo de recibimiento de mano. Para la ocasión, el dirigente iba inmaculado, como siempre. Una perfección que casa con la de su esposa, la Gaviota (Angelica Rivera es una famosa actriz de culebrón… ¿Raro? Nosotros tenemos a una presentadora de informativos de princesa). Sin embargo, ese aire altivo de la pareja -tan propio de portada de Hola- es excesivo. La contención aparente es excesivamente peligrosa en política. Deberían trabajar la naturalidad.

 

Peña Nieto y Angela Rivera en Moncloa

Pasado el efecto Ignacio González, Rajoy viene a antojarse como lo que es.  Porque gracias a la visita del presidente mexicano a Madrid aprovecho para hablar de un aspecto del jefe de gobierno español que me cabrea mucho: asumo que Rajoy no sea un gentleman vistiendo pero por lo menos debería aprender buenas maneras. Jamás he visto un gesto caballeroso por parte de nuestro presidente ni ante su mujer -en vez de ofrecerle el paso a la salida del avión, siempre pasa él antes-, ni ante Merkel -la canciller ya ha aprendido y acaba siempre sirviéndose ella misma el café-  ni con las convidadas -hoy ha tenido que ser Peña Nieto el que invitara a su esposa a pasar a la Moncloa. Supongo que el defecto se debe a su timidez pero estoy algo cansada de que siempre que se critique al presidente se acabe recurriendo a  la misma excusa.

PD. «A las mujeres no se os entiende… Queréis ser iguales pero para lo que os conviene que os traten diferente.» Pues sí.

Peña Nieto es el Ken de México y su esposa, Angela Rivera (actriz de culebrones), una especie de Barbie. Pero pese a la supuesta perfección de la pareja, a él, aunque lo quiera disimular, se le nota un clareo en el lateral. A ella, ese vestido... ¡¡¡Arghhhh!!!!