Carles Riera, lo peor que le podría pasar al 155

«Los radicales, extremistas, etarras, agitadores, violentos, perroflautas y la reencarnación de Satán» presentan a este hombre -sosegado, dialogante, formado, buen orador, educado y perfectamente aseado- como candidato a presidir la Generalitat de Catalunya y dejan nuevamente en evidencia a la derecha y la izquierda más casposa de este país. Ames u odies a la CUP, sería honesto reconocer que actualmente no hay aspirante mejor (vestido).

Consciente Carles Riera es terapeuta Gestalt. ¿Qué quiere decir eso? Según los trogloditas de twitter, la Gestalt es una secta o una pseudociencia. Según la psicología (ciencia), la terapia Gestalt consiste en tomar conciencia de lo que pensamos, sentimos y hacemos. 

Seco Como buen psicoterapeuta, emocionalmente reservado: «Dime tú cómo te sientes y yo sabré cómo enfrentarme a esa actitud sin perder mi equilibrio existencial». Lo describen como un hombre «tranquilo». Más que tranquilo, se antoja algo seco de carácter (si lo comparas con alguien tan adorablemente sensible como David Fernàndez o alguien tan adorablemente payaso como Antonio Baños). Le cuesta sonreír y entusiasmarse con lo que expone, así que también le cuesta enojarse en un debate (aunque mantener la calma siempre lo hace a uno ganador). Del mismo modo, ninguno de sus gestos es gratuito. Cuando habla, inclina su cuerpo hacia delante (= me dirijo a ti, préstame atención). Cuando escucha, vuelve a su posición normal y lleva su mano a la barbilla o frente (juicio y análisis). Y uno de sus gestos más repetidos es el de pedir calma con las manos (control sobre los demás).

Coherente Camachas, americanas de cheviot, camisas blancas de algodón, jeans, parkas, boinas, jerséis de lana gruesa, piercing (discreto, nada que ver con el pendiente de quinqui que luce Xavier Domènech) … Todas las piezas que viste este señor, incluyendo esas preciosa gafas, son de una coherencia absoluta con la ideoestética de izquierda. Y aunque hubiera lucido un terno (traje de tres piezas: pantalón, americana y chaleco) con corbata, como Antonio Baños, sería coherente (el traje burgués lo crearon los sans culottes en la Revolución Francesa). ¿Por qué? Porque casi toda la indumentaria que usamos hoy es de origen obrero o militar (incluso las piezas más icónicas de los nazis o de la guerra de Vietnam perdieron su antiguo significado cuando los jóvenes pacifistas las adoptaron como señal de protesta). La incoherencia ideoestética vendría si se enfundara un smoking, frac o chaqué (prendas de origen aristocrático y que históricamente la izquierda -la izquierda de verdad, no Pablos Iglesias y Felipes González- ha rechazado por considerarlas un símbolo oligárquico) o escogiera marcas que no fueran ecoéticas (no sostenibles e irrespetuosas con los trabajadores y la creatividad). La única vez que ha tenido un resbalón estético fue el último día que intervino en el Parlament con una sahariana de manga corta (prenda colonialista).

Sencillo Dada la gran pluralidad ideológica que conforma la CUP surge una gran pluralidad estética. El estilo de David Fernández nada tiene que ver con el de Baños o Riera. Aún así, los tres cabezas de lista que ha presentado la CUP tienen dos cosas en común: coherencia (explicado en el punto anterior) y estilo (carácter, personalidad definida) y, por lo tanto, pueden dar lecciones de estética (ética indumentaria) al 98% de los políticos de este país (incluyo a toda España). Otra cosa sería hablar de elegancia. David Fernàndez no es elegante y no viste bien. Tampoco, aunque lo intente, lo consigue Baños. Carles Riera viste bien (harmonía del conjunto resultante) y es elegante (que esa difícil sencillez parezca algo fácil) aunque vista casual. 

Intelectual Aunque lleve jerséis de algodón negros de cuello alto, Carles Riera no es un bohemio. Su peinado (tupé delicadamente domado) y el pulido recorte de su barba (ha lucido sin, pero está mucho más interesante con ella) hablan de una persona de ideas fijas. Y así te lo imaginas: sentado en su vieja butaca, disfrutando de un café en su taza preferida y devorando millones de libros. Sin duda, esta bella y sofisticada estampa de la CUP sería lo peor que le podría pasar al 155. 

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La ambigüedad de Ada Colau

La Ada Colau activista disfrazada de Supervivivienda para denunciar la especulación inmobiliaria; la Ada Colau con camiseta verde de la PAH que mira fijamente a cámara mientras un policía la desaloja; la Ada Colau desmelenada que “nunca entrará en política”; la Ada Colau que presenta la candidatura de Barcelona en Comú ataviada con una levita de inspiración militar y el pelo mucho más corto; la Ada Colau con un agujero en la manga del suéter con el que canta el pegadizo Run-Run; la Ada Colau con el blazer gris que llevó durante toda la campaña municipal; la Ada Colau con camiseta de rayas por la rodilla que viajó en metro para acudir a su primer día en el consistorio; la Ada Colau que se pasea en ropa holgada y amorfa calzando sandalias por el Ayuntamiento; la Ada Colau, con corte garçon y chaqueta de terciopelo dorada, que le pone ojitos al rey Felipe cuando éste le toma la mano para saludarla; la Ada Colau que viaja con fulares y zapatones con plataforma a Nueva York; la Ada Colau que, mientras estuvieron acampados los medios internacionales en la plaza Sant Jaume por el procés, no pierde un día de pelu para que cada mañana le den forma a las puntas de su media melena; la Ada Colau de blusa y americana con hombreras de señorona que exige a los del 155 que excarcelen al govern de la Generalitat para pedirles explicaciones…  SEGUIR LEYENDO

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Por qué detestamos a Susana Díaz (y no es por ser mujer ni andaluza)

Hace un par de semanas, el ex presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, acusaba a Catalunya de machista y xenófoba al declarar que los catalanes «tenemos prejuicios con Susana Díaz porque es mujer y andaluza».No había que exprimirse los sesos para desmentir al instante la suprema idiotez verbalizada por el socialista (no sólo por falsa, sino por un tremendo desconocimiento de los orígenes, sensibilidad y cultura de una gran parte de la población de este país): la jerezana Inés Arrimadas es la líder de la oposición del parlament de Catalunya y el cordobés José Montilla fue president de la Generalitat. Sin embargo, debo reconocer el gran rechazo visual y empático que provoca por estos lares la figura política de la presidenta andaluza y candidata a secretaria general del PSOE (Sánchez ha obtenido 6.058 avales en Catalunya y Díaz sólo 974) y voy a intentar explicar brevemente el porqué… SEGUIR LEYENDO

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Hasta el moño de la Ferrusola

«Volveré a peinarme con moño, porque es el peinado que más le gusta a mi marido, y usted debe comprender que yo debo respetar los gustos de mi esposo», aclaraba Marta Ferrusola en 1983 durante una fiesta en su honor -con desfile de moda, joyas y peletería incluido- en el Hotel Ritz en la que le hicieron entrega de la medalla al mérito empresarial. Las crónicas del acto de aquel día coincidieron todas en destacar el asombroso cambio de look capilar de la primera dama: «la señora Ferrusola dejó esta vez el moño y lució un cabello recortado y muy bien peinado que cambia totalmente su aspecto». SEGUIR LEYENDO

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Análisis visual de la bronca de Beiras

Dios Zeus Ojo con expulsar al dios Zeus… Si os ha parecido que ya estaba algo cabreado, como lance un rayo nos condena a todos (y sospecho que con mucha razón) al castigo eterno. No es la primera vez que el líder de la izquierda galega increpa a un miembro del PP. En 1993, ante Fraga, Xosé Manuel Beiras protagonizó el remake gallego de Nikita Krushev aporrenado el estrado de la Asamblea de Naciones Unidas con su zapato y, en 2014 empleó su propio puño (como hoy) para exigirle a Feijoo «decencia» tras conocerse que el presidente de la Xunta había compartido yate con un narcotraficante.

El mejor vestido Incluso en este momento de gran agitación (ese arrebato que nos da a los gallegos cuando defendemos algo desde las entrañas), su bella coherencia ideoestética sigue empoderándolo. La calidad y combinación de tejidos, espectacular. Porque señores de izquierda, porque señores de derechas, porque señores sin corbata, porque señores con corbata…; lo de Beiras es estilo. Además de conciencia ideológica (algo que no abunda), la estética bohemia requiere mayores cuidados que el vestir clásico. Así que, amigos de la nueva política, no intenten imitarlo sin la supervisión de un adulto. El mejor vestido de este país y de Europa.

La verdad bajo el brazo Se acerca al escaño del portavoz del PP para abroncarlo con un dossier bajo el brazo. Pese al enojo, no la suelta en ningún momento (llevo la verdad bajo el brazo). En cambio, ante la invasión de su espacio vital, el popular se escuda tras sus notas (se siente violentado, normal) y empieza a doblar los folios por la parte superior (aunque sea inconscientemente y en una situación de tensión, su inconsciente revela que sería capaz de arrepentirse -traicionar- sus palabras= no cree fervientemente en lo que dice). Cuando Beiras se aleja, el popular recoge sus hojas y las ordena (necesidad de reafirmarse y equilibrarse tras la debilidad sufrida y cometida).

Golpe en la mesa Es una expresión que transmite fuerza y agresividad, sin duda. Pero como siempre os digo, un gesto debe leerse en conjunto, no de forma aislada. Si Beiras hubiera estado apoyado sobre una mesa, el gesto se interpretaría como un «porque lo digo yo». Al estar de pie y llevar la otra mano ocupada, se evidencia un empecinamiento infantil (llevo razón, llevo razón…). Todo el lenguaje corporal que acompaña al golpe en la mesa (asentir con la cabeza y reclinarse hacia delante) confirma su tesis (es sincero, cree en lo que está diciendo verbalmente= «están insultando a los ciudadanos»).

La palma de la mano Si mostrar las palmas de las manos transmite verdad (no tengo nada que esconder), cuando se hace en horizontal es señal de ruego (demanda). Beiras le exige de forma verbal (le repite «pida disculpas») y no verbal (palma en posición de mendigo = «te estoy dando la oportunidad de rectificar y pedir perdón»)  porque considera realmente (sea o no sea así) que el popular ha «insultado a los ciudadanos». Mientras, el popular, con el codo apoyado en la mesa (realmente cohibido), empieza a ventilar la mano derecha de dentro hacia fuera. Este gesto podría significar el deseo de que la amenaza (Beiras) se aleje; pero al hacerlo cuando oye la palabra «disculpas», toma forma de excusa («a otra cosa mariposa» o «me la suda»).

Y puerta (pero con educación) Sería políticamente incorrecto justificar el comportamiento de Beiras. Se supone que en política, uno debe actuar con diplomacia (civismo/cinismo). Pero antes de que algún analista sugiera «agresividad» o «enloquecimiento» en el comportamiento de Beiras, que tenga muy en cuenta la forma en que abandona el parlamento: abre la puerta, encuentra a una mujer al otro lado, y pese al acaloramiento, le cede el paso. Si alguien estuviera a punto de perder los papeles y comportarse como un primate (lucha a cuerpo), tampoco se acordaría de ser un caballero.

Teatro Últimamente el postureo de las nuevas hornadas lo pervierten todo. Por ello, este episodio podría catalogarse también de teatro. Si fuera así -algo que por su comunicación no verbal descarto totalmente-, nos hemos perdido a un fantástico actor.

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