Comunicación de crisis: dar ejemplo

Además de la serenidad y la síntesis que ya tratamos en las dos semanas anteriores, la credibilidad y confianza en aquel que asuma el mando y responsabilidad durante una situación de incertidumbre depende de su ejemplaridad. Por una parte, y es el argumento más obvio, el líder no puede exigir lo que él/ella mism@ no es capaz de ofrecer o sacrificar. Por otra, aunque quizá a veces no seamos conscientes porque se produce de manera natural, los primates aprendemos mayoritariamente por osmosis. Es decir, es a través de la observación y la imitación que adoptamos conductas y habilidades advertidas en otros individuos de la comunidad. En este sentido, y más cuando se vive un periodo de incertidumbre u oscuridad y uno se encuentra totalmente desorientado, se buscan referentes para poder seguir su proceder y determinación (vamos, un líder). SEGUIR LEYENDO

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Comunicación de crisis: la concreción

Como cuando llegabas a un examen sin haber estudiado y optabas por meter paja. Con suerte, pensabas, el profe desistiría de leerse las 17 páginas en las que no decías absolutamente nada y te pondría el cinco pelado para evitarse el insoportable sufrimiento de destinar tiempo a una causa perdida. En cambio, el día en que dominabas la materia, bastaba con la misma hoja por la parte delantera y 8 minutos de reloj para saber que aquel día habías estado brillante, de 10. SEGUIR LEYENDO 

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Negociaciones tóxicas

(…) De nada sirve que ahora tus amigos te insistan para que pases de él (habrá que ir a elecciones, Pablo) o que te repitan que es un imbécil, que no te merece o que él se lo pierde. Ahora es tarde. Porque después del desengaño con Íñigo Errejón, Sánchez te había dado vidilla… SEGUIR LEYENDO 

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Nada de cariño en el posado de Ferraz

He querido esperar a ver el vídeo (os lo dejo más abajo) para confirmar lo que decían las imágenes sueltas… Este es un breve análisis sobre el tenso posado de anoche de Pedro Sánchez, Susana Díaz y Patxi López.

Entrada Sánchez entra primero, sonriente y con paso decidido (cuanto más largas son las zancadas, mayor autoestima) con la seguridad que dan las urnas (y el creerse el hombre más guapo del mundo, cosa que le hace perder todo poder de seducción). Detrás, López y Díaz le siguen con la cabeza gacha (ni se lo esperaban ni acaban de tolerar la victoria de Sánchez) y evitarán mirarle a los ojos en el breve posado (seguimos sin reconocerte). La presidenta andaluza, además, lleva los hombros y brazos caídos expresando sin querer su absoluto derrotismo. Díaz aparece, no con semblante serio (preocupación serena), más bien desganao (ofendida y humillada): está claro que la han obligado a bajar a saludar.

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«Un beso o un abrazo» Dada la frialdad del posado (no interactúan entre ellos, sólo miran al frente), los periodistas les animan a escenificar «la unión del socialismo» que cada uno ha prometido que se daría ganara quien ganara. Ante la insistencia de los cámaras (¡grandes!), Sánchez le da la mano a Patxi López (prueba con el vasco porque con Díaz no lo tiene claro) y después, sin soltar al primero, le ofrece la otra a la andaluza. Es un saludo cruzado que ya se había dado en las anteriores primarias del PSOE, cuando Pedro Sánchez (identicamente vestido: jeans azules oscuros y camisa blanca) también venció a Eduardo Madina y Pérez Tapias.

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No nos entendemos El saludo cruzado suele ser siempre fruto de la confusión o los nervios: no conoces el protocolo y te lías con las manos. Si lo que se desea proyectar es unión, hubieran entrelazado las manos o Díaz y López hubieran posado su mano sobre la de Sánchez (somos un equipo). Si además de unión hubieran querido lanzar proyectar un mensaje de victoria socialista, además de entrelazar sus manos hubieran levantado los brazos en V. El saludo cruzado sólo confirma que la guerra  (lío, falta de entendimiento) en la transición continuará.

Cariño… Susana Díaz observa durante unos microsegundos la mano que le ofrece Sánchez (duda, desconfía) y aunque le corresponde porque están las cámaras, antes le pega una palmada sobre la mano (castigo, reprimenda). Al analizar el gesto en conjunto se entiende que no es de cariño (ánimo) ni siquiera de condescendencia, sólo demuestra la frustración, rabia contenida y mal perder de la Sultana: «te odio, ojalá pudiera darte el tortazo que te mereces en la cara».  Tras aguantar la respiración y sellar sus labios (quiero morirme), es Díaz la que deshace el posado: «Venga». Pero Pedro Sánchez le devuelve una palmadita en la espalda: «ahora mando yo, cariño».

 

Obama sólo se abre a Iglesias

Ha sido la propia Casa Blanca la que ha facilitado las fotografías. Y a sabiendas del máximo control que los estadounidenses toman con cada una de las imágenes del presidente, ninguna de las instantáneas ha sido elegida al azar. Obviamente, el encuentro fue breve (3 minutos con cada uno) pero al fotógrafo le dio para 10 disparos como mínimo. El hecho de que, al analizar el trato no verbal recibido por Obama, Pablo Iglesias sea el que mejor parado salga no es de ningún modo fortuito.

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