Los gestos de LLuís Rabell sabotean su mensaje

La candidatura “Sí que es pot” ha revelado que su cabeza de lista será Lluís Rabell, hasta la fecha presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona. En su primera rueda de prensa, se lo ha visto inseguro y muy nervioso, algo normal por la expectación generada. Pero Rabell estaba tan agitado gestualmente que ha saboteado todo su discurso verbal perdiendo credibilidad en su mensaje. Veamos lo que ha sucedido…

1. Manos en los bolsillos. Durante su exposición, tenía las dos manos en los bolsillos (inacción). Durante el turno de preguntas, utiliza una para gesticular pero la otra pertenece casi todo el rato en el bolsillo. Ya hemos dicho en numerosas ocasiones que ocultar las manos (las armas) genera desconfianza al interlocutor (“no está siendo del todo sincero”).

2. Camisa blanca. Ha elegido un modelo de manga corta (típico de los movimientos vecinales y sindicales) con un bolsillo en el pecho donde ha metido un bolígrafo. Como estaba nervioso, ha acabado metiendo la mano en el bolsillo de pecho de la camisa (contorsionismo) y acariciando el boli. Y pese a los dos botones desabrochados (en su casa lo que quieran pero como representantes públicos huyan del efecto #pecholobo #esonomelodicesenlacalle), ha acabado sudando (pequeñas manchas que iban apareciendo en el tejido a lo largo de la rueda de prensa). Hubiera evitado tal efecto con una camiseta de algodón debajo o con una chaqueta de lino encima…

3. Incomodidad. Pese a que ha repetido por activa y pasiva que se sentía “muy cómodo”, sus gestos delataban todo lo contrario. Cada vez que trataba el tema de la Diada o la independencia se acariciaba la calva (“a ver cómo salgo yo de esta…”); se tocaba la nariz (“voy a mentir”); se tapaba la boca (“miento”); o se rascaba la oreja (“me estáis sacando de quicio, quiero largarme de aquí”).

 

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Joan Laporta quiere ser algo… Lo que sea

Joan Laporta quiere ser alcalde de Barcelona. El ex presidente del FC Barcelona no se conforma con los cuatro escaños conseguidos en las pasadas elecciones catalanas al parlament de la Generalitat y tratará de robarle la alcaldía a Jordi Hereu. Entre los caretos (y jetas) de algunos de sus compañeros en Solidaritat Catalana (como Emili Valdero) y sus peculiares estilismos, resulta imposible brindarle apoyo.

Para ser alcalde o algo, quizá le convendría no enseñar tanta carne. Aunque a él le pueda resultar sexy, le resta credibilidad y seriedad. Episodios como el que protagonizó en el aeropuerto (harto de los controles, se bajó los pantalones ) durante su época como presidente del Barça podían tener cierta gracia antes pero ahora, ninguna.

Tampoco estuvo muy acertado cuando escogió una camisa verde ICV para celebrar los resultados de Solidaritat Catalana en las elecciones catalanas del pasado 28-N.

Y bueno, lo de Emili Valdero… Es que la imagen es el espejo del alma. Tras soportar sus soporíferas ruedas de prensa durante sus años como responsable de la pasarela 080 Barcelona Fashion (y sus estupideces como la de querer justificar que un diseñador de Burgos era en Barcelona un internacional como lo podía ser un americano), nunca lo podré ver con buenos ojos. Pero como mi argumento es ultra subjetivo (incluso para mí), cuando el día 28-N descubrió que no había conseguido un cargo de diputado, su cara de frustración no se la puede permitir ningún político que de la talla.