El mensaje (no verbal) del rey

Escenografía

Localización De Zarzuela al Palacio Real. Si el rey necesita justificar el cambio de escenario  durante su mensaje (es decir, quitar tiempo a otros asuntos más importantes de los que hablar en su discurso) es porque la localización es totalmente errónea. Cierto es que el momento precisa de seriedad e institucionalidad pero, precisamente por tal razón, es conveniente no hacer experimentos. En vez de haber utilizado el salón (cercanía) del pasado año, la mesa del despacho (incluso haber aparecido de pie frente a una biblioteca, junto a la bandera) lo habría proyectado como una figura aún útil (activa, sabia, comprometida y preocupada por las dificultades del país).

Solemnidad/austeridad Eclipsados por la «inestabilidad» política que ha dejado el 20D y el 27S, los asesores han errado al considerar que la ostentación (decoración, derroche energético…) del Palacio Real podría aportar en este momento (de crisis aún exasperante para demasiados españoles) solemnidad a la figura del rey. Y no es que no sólo no haya logrado la solemnidad que pretendían sino que, al pronunciar la palabra «austeridad» (incoherencia entre el mensaje verbal y no verbal) en medio de ese salón, Felipe VI ha perdido credibilidad.

Soledad No está centrado en el espacio (descolocado) y la silla (pese a ser de madera noble) se antoja ridícula en un espacio tan enorme. El está ligeramente ladeado (incómodo) para obedecer al cámara (cuando debería ser la cámara la que buscara al protagonista…). Es un espacio totalmente frío e impersonal. Por mucho que se empeñe en recordar el significado del «patrimonio pasado español común», allí no hay nada que cree empatía con el espectador (un pesebre, fotos de su familia…).

Alfombras Espejos enfrentados (reflejos egocéntricos) y todo el suelo forrado de alfombras. El rey no toca con sus pies el suelo (lejos de la realidad), sólo moquetas acarosas (arcaico).

Indumentaria

Corbata Sin duda, de su vestimenta, lo más llamativo ha sido la elección del color de la corbata. Si bien el color morado es y ha sido utilizado a lo largo de la historia por los más altos estamentos de poder (aristocráticos y eclesiásticos); actualmente, en España, este tono está completamente vinculado a la formación de Pablo Iglesias. Tras los resultados de las pasadas elecciones generales del pasado domingo, sería absurdo negar la intención buscada de la prenda (nunca nada es improvisado, pero mucho menos en un mensaje tan estudiado como este). La corbata señala el fin del bipartidismo y la aceptación de la Corona a nuevas sensibilidades políticas y sociales. Un pequeño guiño con el que el rey da la bienvenida (invitación a respetar el sistema de monarquía parlamentaria) a Podemos. 

Cejas Posee unas cejas espesas y el maquillaje siempre resulta excesivo. La ceja sirve para encuadrar el ojo (sinceridad) pero no debe en ningún caso eclipsar la mirada.

 

Lenguaje corporal

De espaldas a una entrada Aunque está bien buscado el enfoque de las grandes entradas (apertura, amplitud y profundidad de miras), el efecto pierde completamente su razón cuando decides colocar al rey de espaldas a esas mismas puertas. Regla básica del Feng Shui para lograr una influencia positiva sobre el ambiente.

Autocastigo El dominio gestual de Felipe VI es bastante pobre. Durante el discurso, pese a intentar acompañar el mensaje también con las manos, tan sólo ha utilizado tres gestos que se iban repitiendo dijera lo que dijera (fuera positivo o negativo). Lo más inquietante es que empezó y acabó el mensaje golpeándose las piernas. Abría y alzaba las manos, y al reposarlas sobre el regazo, inconscientemente, se golpeaba («autolesionaba»). El hecho de golpearse uno mismo es un signo evidente de frustración: los simios también lo hacen (golpean su pecho) cuando son conscientes de que no pueden enfrentarse a su rival porque es más fuerte que ellos. Los humanos hemos sofisticado (suavizado) algo el gesto.

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Se busca presidente para rellenar un chaqué

De la tradicional recepción celebrada en el Palacio Real al cuerpo diplomático acreditado en España, la mayoría de los medios destacan que el rey «leyó sin dificultad». Y que me perdonen, pero cualquier despistado puede acabar pensando que los periodistas en vez de cubrir la agenda de la Casa Real andan últimamente evaluando el desarrollo de una clase de parvulitos. El segundo hecho noticiario que encuentra la prensa en el acto de ayer es, como ya es costumbre, el modelo de Letizia. La princesa de Asturias estrenó vestido para la ocasión. Pero no se emocionen demasiado porque el corte del vestido tubo de manga larga en color azul cobalto es el mismo de siempre. Y, por supuesto, no voy a mencionar a quién pertenece dicho diseño. Adivinen, adivinen… Por si éramos pocos y para darle ese toque tan «chic y glamuroso» que solo los miembros del gobierno español son capaces de ofrecer a cualquier celebración que se precie, localizamos a un chaqué portando a un presidente.

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Me entusiasmó la corbata del rey. Naranja y con lunares blancos. Ya sé que no es nada del otro mundo pero para lo que me tiene acostumbrada la clase política, no está nada mal.

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El estampado de la del príncipe Felipe tampoco estaba mal. Letizia, con lo extremadamente delgada que está, podría darle un poco de volumen a sus vestidos de gala. Además, el color del vestido tampoco le favorece demasiado. En fin, Felipe Varela ya cansa. Hay que innovar un poco.

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Ojo al largo del Varela de Letizia. Supongo que es el resultado de descansar el cuerpo sobre una sola pierna, pero la forma que toma el largo no es normal para un vestido hecho a medida.

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He escogido esta fotografía para mostrar la belleza de los detalles del vestido de la reina: el tornasolado de la falda y el bordado del cuepo. Parece mentira que la reina Sofía innove más que su nuera.

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Elvira Fernández es mona pero como decía aquel refrán… «El que con niño se acuesta, mojado se levanta.»