Amat

Salía de los cines Texas. Era un domingo, media tarde y el sol invitaba a quedarse a disfrutar del resto de la jornada en la calle. En una plaza de Gràcia, casualmente la de la Revolució, me topé con Jordi Cuixart. Él no me vio, y tampoco me hubiera reconocido. E hice lo que suelo hacer si me cruzo en mi camino a algún líder: observar desde la distancia para comprobar cómo actúan cuando creen que nadie los ve… La estampa me atrapó enseguida. Lo acompañaba una preciosa y atractiva mujer morena -me pareció mucho más joven que el presidente de Òmnium- que conducía un carrito de bebé. Charlaban de pie con otra pareja y sonreían. Los envidié porque desgraciadamente no resulta tan usual ver a alguien tan feliz y comprometido. Y confirmé mis sospechas… Jordi Cuixart es un buen hombre. SEGUIR LEYENDO

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Contracrónica de la Diada

No es la cantidad. Como cada año, y como en cada manifestación, baile de cifras sobre los asistentes. Un millón o 350 mil personas, según a quién le preguntes. Así como hay ciegos que logran ver nítidamente, tampoco hace falta ser ciego para estar ciego. A vista de humano que sólo quiere ver para después analizar y opinar con humildad (la objetividad no existe, a no ser que uno decida dejar de ser sujeto), mucha gente. O por lo menos, la suficiente para que nadie con un mínimo de inteligencia crea que ignorando la presencia (causa y mensaje) de la multitud (una parte importante de la sociedad) el problema desaparece. SEGUIR LEYENDO

 

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