Let’s go

Te quieres ir. Estás cansado. Preguntas qué está retrasando la salida y te informan de que Bill Clinton se ha entretenido charlando en la pista. Te das cuenta de que nadie va a ir a avisarlo: él también es un «presidente». Te arremangas la camisa mientras le gritas «Bill, nos largamos» («me estoy puteando, como tenga que ir a buscarte te hostio»). No hace caso. Pegas palmadas (me estoy calentando, te voy a hostiar así). Decides salir a la escalerilla para que tu reclamo logre efecto. Y cuando ya has cruzado el umbral de la aeronave recuerdas que ya te habías descamisado y hay cámaras filmándote (intentas ajustar el nudo pero llevas aflojado el #sólounbotón y no tiene sentido). Como ya te han visto, tiras palante y saludas con una sonrisa («la madre que lo trajo»).

El puto amo.
Vale, ya paro. Pero #loveObama

Obama y el pañuelo de tela

Un pañuelo blanco de tela. A poder ser, con las iniciales bordadas. Lo llevas en el interior del bolsillo para cualquier imprevisto. Porque no hace falta que lleguen el frío y los malditos resfriados para poder lucirlo. Tampoco es imprescindible que haya una dama compungida cerca para que brote la caballerosidad. Así, en el funeral de Simon Peres te impresiona (te desagrada y entristece) que su hijo se seque el llanto (y resto de fluidos, pero no voy a entrar en descripciones más precisas) con las manos. Tu boca se deprime para expresar pena (desagrado, asco, repulsión) por lo que estás contemplando. Que un hombre tan mayor ataviado con traje no lleve un pañuelo de tela se te antoja triste e incomprensible. Y ya sea por bondad, solidaridad o porque sabes que cuando acabe el oficio vas a tener que darle la mano a ese individuo, le prestas tu pañuelo. La cámara de tu fotógrafo oficial capta la secuencia. Y yo, damas y caballeros (los pocos que queden), muero de amor. #loveObama

El aprendiz de Obama: Justin Trudeau

Esperando que mis múltiples suplicas y peticiones obtengan respuesta y alguien clone a Obama antes de noviembre, de momento, voy a tener que conformarme con Justin Trudeau… El primer ministro canadiense ha llegado a Washington como el heredero político que el presidente estadounidense no tiene en casa. Admirador confeso del estilo (político y estético) de Obama, el equipo de campaña del actual canadiense se inspiró en él para hacerse con el poder. La sintonía entre ambos es palpable.

Chaleco Un hombre con un terno (un tres piezas) resulta de una sofisticación abrumadora. El primer ministro canadiense no acostumbra a utilizar chaleco por lo que sospecho que buscaba impresionar y no quedar en evidencia al enfrentarse a la perfecta imperfección indumentaria de #loveObama.

Captura de pantalla 2016-03-10 a las 17.34.46

Read More

Visualizar el amor a través de Michelle y Barack Obama

Sabes que te quiere de verdad si te mira así…

mirada

Acaba de ser coronado por segunda vez el hombre más poderoso del mundo y te hace una reverencia (estoy a tus pies).

asuspies

Invades su espacio vital (vamos a ser uno), le susurras algo al oído (intimidad) y sonríe (le encanta la idea).

susurro megustas

Si lo pillas admirando (me gustas) una parte de tu anatomía.

piernas

Si te presta su chaqueta (te doy todo lo que tengo) para que no pases frío.

chaqueta

Comparte contigo su helado (lo más bueno que tengo) y te da de comer (me lo quito de la boca para dártelo a ti = amor verdadero).

helado

 

Te abraza por la espalda (soporte, ayuda, confianza, estoy aquí…).

Te abraza de lado (estoy orgullos@ de ti).

Es tu mejor asesor: siempre pendiente de que luzcas perfect@ (cuido y presumo de ti).

Cierra los ojos (sinceridad) para dar o recibir hasta el beso más casto (te adoro).

Se le encoge el estómago cuando coqueteas con otr@ o coquetean contigo (no quiero perderte).

Busca la manera de pedirte perdón (lo sé, soy un capullo; no quiero perderte) y no se rinde hasta que lo logra (y tampoco quiero dormir en el sofá esta noche).

perdon2

Pese a que lo pones en su sitio (dos asientos más allá de la persona que ha motivado tu ataque de celos), lo perdonas (lo sé, eres un capullo; pero no quiero perderte).

perdon

Y sin darte cuenta, acabas entrelazando las manos en cualquier ocasión (compañer@ de vida).

manos