Hasta el moño de la Ferrusola

«Volveré a peinarme con moño, porque es el peinado que más le gusta a mi marido, y usted debe comprender que yo debo respetar los gustos de mi esposo», aclaraba Marta Ferrusola en 1983 durante una fiesta en su honor -con desfile de moda, joyas y peletería incluido- en el Hotel Ritz en la que le hicieron entrega de la medalla al mérito empresarial. Las crónicas del acto de aquel día coincidieron todas en destacar el asombroso cambio de look capilar de la primera dama: «la señora Ferrusola dejó esta vez el moño y lució un cabello recortado y muy bien peinado que cambia totalmente su aspecto». SEGUIR LEYENDO

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Análisis visual del primer discurso de Trump como presidente electo

Otra vez ganaron las emociones Ante todo, los humanos somos seres emocionales. Y para ganar unas elecciones, empatizar con el electorado, hay que generar algún tipo de emoción (la que sea). Las emociones pueden ser positivas (optimistas y esperanzadoras como las que transmitía Obama en 2008) o negativas (el miedo y el odio de Trump en 2016). Si en estas elecciones se hubiera librado la batalla moral entre «el bien» y «el mal», muchos habrían entendido que generar confianza y respeto siempre es mucho más productivo que propagar decepción e ira. Sin embargo, la frialdad de la candidata Hillary Clinton y la contención de su equipo de campaña -miedo a feminizarla demasiado y recurrir a Michelle para que en la campaña demócrata alguien proyectara un puñetero sentimiento sincero- no sólo ha impedido la disputa, también explica la victoria de Trump. El triunfo del republicano alimenta y pondrá de moda las campañas agresivas y de desprecio que muchos partidos y candidatos vislumbran para hacerse con el poder de un modo fácil y rápido (es mucho más sencillo fingir enfado que alegría).

Lenguaje corporal En su primer mensaje como presidente electo, hemos visto a un Trump más sereno. Durante los primeros minutos parecía que finalmente había tomado conciencia de la responsabilidad que acaba de asumir. Sus gestos eran más abiertos y receptivos: en numerosas ocasiones ha recurrido a los brazos en cruz y mostrar las palmas de las manos (os lo digo de verdad). Pero aunque pretendía dibujar una sonrisa de agradecimiento, la sonrisa era forzada (sólo con la boca, no con los ojos) y triste (si se abusa de la sonrisa de Bull Dog, después es imposible deshacerse de ella). La postura de supuesta concordia le ha durado nada. Enseguida ha empezado a hacer su sempiterno gesto de ok  (Trump modifica el gesto y, por lo tanto, cambia el significado: agita arriba y abajo la mano y, más que un «todo está bien»,  debemos leerlo como «se hará lo que yo diga y eso estará bien»). No creo que el Trump verdadero sea tan exagerado como el de la campaña, pero tampoco estaba interpretando un papel demasiado ajeno a su personalidad. El cuerpo no miente y su lenguaje no verbal negativo, aun cuando sabe que debe controlarlo, acaba apareciendo.

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Escenografía Aparece Trump y detrás de él, en fila, lo sigue su familia y equipo que, obedientes, no dan un paso si el líder supremo no lo hace primero. Ningún vínculo físico con su mujer ni sus hijos (hasta que no los saluda con un beso al final del discurso). Ya instalado en el atril, lo flanquean dos hombres: a su derecha, Pence  y a la izquierda, su hijo pequeño (las corbatas de los tres conformaban la bandera de EEUU). Melania y el resto de mujeres quedaban fuera del primer plano televisivo. Muy diferente a la escenografía de la victoria de Obama en 2008 cuando apareció acompañado (núcleo unido, familia, grupo, en común) por sus dos hijas (él cogía de la mano a Sasha) y de Michelle (con Malia).

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Indumentaria Horroroso ver a un presidente de EEUU con la americana desabrochada y la corbata colgando por debajo de la hebilla del cinturón… Y claro, si el padre lo hace que no hará el hijo… Las hijas de Trump iban vestidas de azul (con tejidos inflamables de los chinos), la nuera, de rojo, y Melania, de blanco (lo de conformar la bandera americana les encanta). Sin embargo, la elección estilística de Melania Trump fue la más estudiada para provocar a los demócratas: ¡ la futura primera dama lució un white  jumpsuit de Ralph Lauren (4.000€)! Las seguidoras de Clinton habían acordado vestir un white pant suit, inspirado en el famoso Ralph Lauren de Hillary, si la demócrata ganaba las elecciones como símbolo del feminismo. 

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CuquiCup, la película

 

Coincidamos o estemos a las antípodas de su ideología, hay que reconocer que actualmente no existe otra formación más coherente y creíble que la CUP. El corto que han estrenado esta mañana como vídeo de la campaña electoral del 27-S está repleta de guiños estéticos a la indumentaria de izquierdas. Veamos.

1. Sandalia de Rato. Cae la famosa chancla de la furgo y se la calza David Fernàndez.

2. Camiseta sin mangas y pantalón corto. Estética dañina a la vista en cualquier circunstancia (aunque estés solo en casa o seas el único espécimen humano que habite el planeta Tierra) pero en el contexto, permisible.

3. Pecholobo. Arrufat aparece despechugado. Bueno, en ese contexto, lo pasamos.

4. Goticuqui. Isabel Vallet con total black look y las uñas perfectamente lacadas a juego (no se puede ser más cuqui).

5. El hombre antiguo. Antonio Baños con hermilla, corbata, camisa rosita… Ya, ya lo sabéis: #muerodeamor Eso sí, lástima el nudo…

6. El gato de la suerte. Como los chinos lo copian todo, ahora muchos no saben que la figurita es japonesa. El diseño nipón es el más alternativo del mundo. Son cuquis hasta para las bromas.

7. Mantel de cuadros rojos y blancos (espero que no sea un hule). En serio, no se puede ser más cuqui.

8.  El mono de Rosie la remachadora. No hay una pieza de vestir más icónica en la lucha feminista que el mono azul. A Gabriela Serra le queda estupendamente. Yo de ella lo convertía en uniforme permanente. Las botas de montaña de Bel, con ese estilismo y en ese lugar, tienen todo el sentido del mundo.

9. Los malos. Los malos llevan pulserita independentista de PVC. No son ecos, no son cuquis.

 

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Una presidenta para Croacia

La conservadora Kolinda Grabar Kitarovic, candidata de la opositora Comunidad Democrática Croata (HDZ), se ha impuesto este domingo en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Croacia frente al presidente saliente, el socialdemócrata Ivo Josipovic. Esta ex ministra de Exteriores, de 46 años, se convierte así en la primera mujer de los Balcanes elegida presidenta por sufragio universal. Hija de carnicero, esta «mujer del pueblo» como le gusta definirse, presumía de ser, dentro de la OTAN, «la única que sabía ordeñar una vaca». Rubia, y de sonrisa fácil, se ha ganado muchas críticas por abusar de vestidos y prendas ceñidas, sus moños y las pestañas postizas. Aunque católica practicante, defiende el derecho de la mujer a decidir sobre la decisión de dar vida o no, la adopción homosexual y la utilización de la marihuana con fines médicos. Diplomada de inglés y español, tiene un máster de ciencias políticas por la Universidad de Zagreb.

Misa za Domovinu u crkvi Gospe Velikoga Hrvatskoga Krsnog Zavjeta

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