Mariano Rajoy, nuestro Mr. Bean

Algunos analistas sostienen que el presidente del gobierno es un ser maquiavélico, extremadamente inteligente, que las mata callando. Creo que los que defienden esta teoría también serían capaces de asegurar que Elvis sigue vivo… Yo siempre he percibido a Mariano Rajoy como una especie de Mr. Bean: un ser torpe, débil y limitado al que las cosas siempre le acaban saliendo bien por chiripa (o porque al destino le produce tanta lástima que le acaba echando una mano) y que incluso, de tan surrealista que resulta, te acaba provocando risa. Y al igual que al famoso personaje, el popular tampoco precisa articular palabra para que todos sepamos lo que le pasa realmente por la cabeza…

Efecto bicolor Estamos de acuerdo en que el vello facial es lo primero que canea. Estamos de acuerdo también en que si el pobre hombre tiene cierto complejo con las cicatrices de su rostro es comprensible que no quiera prescindir de la barba (Aznar se afeitó el bigote simplemente porque empezaba a blanquear). Ahora, la patilla también forma parte del vello facial. Por eso, lo que no es creíble es que las canas empiecen y acaben en un punto exacto del rostro. Y lo que no es normal tampoco es que el castaño viejo de Farmatint se reafirme siempre el día antes a un acto importante en su agenda.  Así que, el “yo no me tiño” de Rajoy sería comparable al “fueron unas pastillas fortificantes” de Rivera. Tiene un bonito tono de cana, no le quedaría mal. Si el temor es a envejecer, debería preocuparse más por su actitud y vestimenta.

Gafas Eres un ser anodino pero es tu zona de confort y has tomado la decisión de no querer salir de ahí. Bien, para los individuos que, por su profesión o falta de personalidad, se antojan aburridos y grises, la indumentaria es una herramienta imprescindible. Y si apuramos, existe un accesorio capaz de otorgar carácter al más “saborío” de los hombres: las gafas. Simplemente con recuperar la montura de cualquier lente que luciera antiguamente (desde niño a ministro), ganaría. El insulso modelo que lleva desde hace una década le hace un flaco favor.

Marca España No sabría decir quién es el mejor embajador de la marca España en cuestiones de imagen, pero sí el peor. Por responsabilidad política, el presidente del gobierno debería estar obligado a mirarse al espejo antes de salir de casa. Al inicio de la legislatura, corrió el rumor de que Rajoy vestía de una afamada firma italiana. Y aunque la afirmación se descarte simplemente al contemplarlo; quizás sea preferible que la mala fama de su inaptitud estilística se le atribuya a otro país. Ante la mediocridad en la que se han amparado los políticos españoles, su despropósito todavía pasa algo desapercibido. Pero cada vez que se produce un encuentro con Obama, la marca España tarda años en recuperarse.

Conservador, hecho un pincel Antiguamente, la derecha se esmeraba especialmente en las formas (había que aparentar). Iban todos hechos unos pinceles y la pulcritud era un síntoma, no sólo de aseo, de educación. Esta finura y sensibilidad al adornarse provocaba que, a su vez, la izquierda tomara exquisito cuidado (la precariedad también obligaba) al seleccionar la imagen con la que se iban a enfrentar a los poderosos (no querían quedar por debajo). Por suerte o por desgracia, a la vista está que todo esto se ha perdido ya. La desidia al vestirse y la falta de respeto por uno mismo y por los demás (que tenemos que verle) impera especialmente entre los más conservadores. Las greñas, las camisas amarillentas o grisáceas, el traje mal cortado, la incapacidad para hacerse un nudo de corbata, el desconocimiento del protocolo para defender un sastre (…) lleva a pensar que más que defender las tradiciones, Rajoy lo que desea es acabar con ellas.

El milagro de las elecciones Con Rajoy pasa una cosa muy curiosa… Es un auténtico desatino todos los días del año pero cuando entra en periodo electoral saca unas cuantas americanas de algodón o cheviot que te descolocan. Incluso, las combinaciones de colores y tejidos toman sentido. Lo malo es que acabada la campaña, las guarda en el fondo del armario hasta la próxima cita electoral. Entiendo que algún asesor freelance hace esos días de consejero de imagen. En mi opinión, debería contratarlo urgentemente y permanentemente. No es que mejore todo lo que debiera pero...

Los tics de Mariano No es un hombre carismático ni telegénico. Pero no es al primer líder que le ocurre; para muestra, Gordon Brown. Pero claro, tenerlo durante cuatro años protegido por un plasma no ayuda. ¿Cómo ese hombre va a sobrevivir a un debate? Lo devorarían. Y no sólo porque si no le preguntan de fútbol no sepa bien qué responder, también porque tiene un problema gravísimo con su comunicación no verbal. Descontrol absoluto de su lenguaje corporal y unos cuantos tics que repite y que el pueblo ya ha aprendido a descifrar. Por ejemplo, si le empieza a parpadear el ojo izquierdo es que no está siendo sincero; si saca la lengua (gesto, por cierto, de lo más desagradable) es que no entiende algo; y si arruga el ceño, no es que esté enfadado, es que no sabe/no contesta. “¿Y la europea?”

 

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Tsakalotos, el ministro multicolor

Efklidis Tsakalotos es el nuevo ministro de Finanzas griego y, a priori, podría antojarse como la antítesis personal de Yanis Varoufakis: tímido, tranquilo y discreto (dócil) frente a la seguridad, fuerza y chulería (poderío) de su antecesor. Pero Tsakalotos, como Varoufakis, no viste al uso y viene dispuesto a imponer su imagen de profe universitario de izquierdas. Pero que su look bohemio, desenfadado y cómodo no os engañe: pertenciente a una familia de pasta -de ahí que lo apodaran  “el aristócrata rojo”- sabe bien qué se echa encima. Utiliza tejidos como la pana, americanas desestructuradas, luce jerseis y camisetas bajo la chaqueta, se sirve de mochilas y bandoleras… Y como buen holandés, no le asusta nada el color.  Que tiemble el viejo uniforme diplomático occidental, Varoufakis ha pasado el testigo.

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Por qué Varoufakis sí pero tú no

Llevo ya unos cuantos días recopilando y estudiando todo lo que se publica acerca de la figura del primer ministro de finanzas griego. Existen extensos e interesantes análisis sobre la apariencia de Yanis Varoufakis, pero me entristece que aún (dentro y fuera de nuestras fronteras) sigamos creyendo que cualquiera, con la misma ropa, hubiera sido capaz de comunicar igual (una creencia pueril, típica de adolescentes, que considera que imitando el look de sus estrellas, se convierten en ellas). Porque no es cuestión de que este hombre esté bueno o no, de que tenga unos rasgos faciales típicamente helenos o cara de malo. El secreto es el carácter (actitud, personalidad…). Reconozco que es una cualidad cada vez menos frecuente pero quien la posee, tarde o temprano, tiene el éxito asegurado. Veamos qué tiene Varoufakis que otros no.

1. Pose. Aunque no es muy recomendable que un político oculte sus manos en los bolsillos (engaño, inacción, pasotismo…), dadas las circunstancias a las que se enfrenta (una Europa hostil) es un gesto valiente. Además, suele guardar solo una mano en el bolsillo (esta tarea es tan fácil que no requiere toda mi atención) y si son las dos, empuja los bolsillos hacia fuera (reclamando su espacio vital). El apoyarse con un solo pie también es una pose nada vista en un representante público, por lo que tiene de vacilona (la espera me está resultando soporífera), pero es que el contexto se lo merece.

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2. Mirada. Sus rasgos faciales son tan duros que no le hace falta que invierta en nada más para transmitir fortaleza. Si se pone serio, fulmina al enemigo con una mirada. Pero lo mejor es que sabe cómo sonreír con los ojos. Aunque haga la mueca con la boca, le reconocemos la amabilidad del gesto en la mirada (sinceridad) y hay muy pocas personas que puedan conseguir un efecto así.

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3. Feminidad. Es tanta la seguridad y seriedad que emana que se puede permitir caprichos estéticos que en otro se antojarían ridículos o incluso afeminados y que a él, simplemente, lo dulcifican y lo convierten en un Dios humano. A ver cuántos machitos ibéricos pueden lucir sus camisas de colores y estampados… Por cierto, la camisa azul eléctrica que escogió para su visita a Londres (y que le quedaba prieta, la verdad) dice su mujer (una reconocida artista griega, hija de una familia adinerada del sector textil) que fue la consecuencia de haber perdido la maleta en el vuelo y haber tenido que bajar a comprarse una en un segundo.

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4. Cabeza rapada. Por desgracia, el daño que los hipsters han provocado a la seriedad y seguridad que representaba un hombre barbudo es incalculable. Así que el prototipo de hombre protector y fuerte se ha visto alterado de repente, incluso en el panorama intelectual. Porque que un hombre, en los tiempos de injertos que corren, sea capaz de asumir su alopecia y raparse la cabeza dice mucho de él.

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5. Te aplastaré. Ya no se estila pero con una bota o un botín (aunque sea de caña baja), dominas el mundo. Es lo que tiene ser un motorista… El cuero y las botas son imprescindibles para protegerse. Y está claro que Varoufakis antes que economista y político es motorista.

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Una cosa blanca sin identificar en la boca de Margallo

Aunque la introducción de la periodista ha provocado que me mantuviera alerta a lo que tenía que decir el ministro de asuntos exteriores en su charla para La Razón, lo cierto es que cuando han puesto su imagen ya no he escuchado nada más. Creo que la primera vez que opiné sobre Margallo recalqué que debía ir urgentemente a un dentista o dejar de sonreír para siempre (su dentadura es un claro ¡¡¡ARGHHHH!!), sin embargo hoy  la cosa ha ido más allá. Por favor, que alguien me explique qué es eso blanco que le cuelga de un lado de la boca (ARGHHHH).  ¿Salivilla? ¿Un lapo? ¿Resto de comida? Bueno, os dejo el vídeo para que juzguéis por vosotros mismos (aunque os aviso que las imágenes pueden dañar la sensibilidad y la digestión de cualquiera).