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La comodidad de Rajoy con la guayabera

Yo que celebré que los cubanos oficializaran la guayabera como uniforme diplomático también aplaudiría que en España imitáramos tal iniciativa indumentaria. Ciertamente los aires no son tan cálidos como en La Habana pero evitaría la ceguera que provocan nuestros representantes con sus atavíos. Supongo que ahora estaréis pensando que me he vuelto aún más loca de lo que estoy… En fin, ahí va la prueba. Hasta Rajoy parece que ande más suelto con la guayabera;)

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Jamás había visto al presidente, dentro de sus habituales contorsiones, sentarse tan bien.

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Supongo que sacó la guayabera del envoltorio y se la plantó (sin planchar ni sacudida alguna para retirar las arrugas) pero míralo que feliz. En twitter me han comentado que parecía un habitante de geriátrico…

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La entrepierna de José Mujica

Sabéis los que me seguís asiduamente que adoro a José Mujica. Pero por segunda vez (la primera fue ésta) debo ponerle un gran «arghhhhhh». El pantalón le viene muy, muy, muy prieto y se marca todo y más. Entiendo que no pueda cruzar las piernas, pero si podría haber evitado el espatarre. Dios mío…. Ya sabemos que tiene un buen par de «h…», pero no hace falta que sea tan evidente;)

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angelica

Por qué la explicación de Angélica Rivera no es creíble

Análisis rápido (tengo que salir pitando ya) sobre el mensaje audiovisual que la primera dama mexicana emitió ayer para explicar la pedazo «Casa Blanca» que posee. Muchas gracias a @AnaCastleC por informarme de la emisión del vídeo.

1. Opulencia y poder. El tono morado del blazer de la primera dama no era el más idóneo para la ocasión ya que es un color para evidenciar el poder y la opulencia. Si hubiera deseado defender la independencia femenina, hubiera optado por un lavanda. 

2. Protección. Pese a que la posición corporal que adopta, hombros casi caídos, es de disculpa; la mesa tras la que se escuda crea una enorme y poco conveniente lejanía con el espectador.

3. Guión Si estamos convencidos de nuestra verdad, no precisamos de un guión para defendernos. El montoncito de hojas se antojaba como el story board del vídeo (y puede que lo fuera). Ella, más que nadie, debería saber que un buen actor o se aprende el guión o improvisa.

4. Perfección. Le ocurre igual que a su marido: exceso de perfección. Make up y peluquería muy forzada, poco natural. Las pestañas postizas no ayudan para evitar que el mensaje verbal no parezca falso.

5. Gesticulación. Demasiada gesticulación con las manos y los brazos (se traduce como nerviosismo) que no acompañaban al mensaje o, incluso, que contradecían lo que estaba diciendo. Un ejemplo: «Yo no tengo nada que ocultar», dice en una ocasión del vídeo. Mientras afirma, entrecruza los dedos de sus manos y se protege. Si fuera cierto, habría tendido las manos sobre la mesa con las palmas de la mano hacia arriba.