Cuquitribu

Si escucháramos las palabras («Si yo pudiera…», posibilidad en primera persona del singular), entenderíamos que es una propuesta (a la reflexión) no una imposición. Si observáramos el lenguaje corporal (risita irónica = burla; levantamiento de ceja= ¿tú, pequeño piltrafilla, pretendes vacilarme a mí? Te vas a enterar…; rascarse la nariz=no estoy de acuerdo con lo que estoy verbalizando; boca hacia abajo=no me gusta la idea que me estás planteando pero tengo ganas de escandalizaros un ratito, pequeños burgueses reaccionarios…), entenderíamos que es una provocación (generar polémica) no una convicción (por lo menos, no es suya). Vista la repercusión y los debates en torno al tema, #doblemanga ha logrado su objetivo. #shewins #comunicacióndeguerrilla 

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¿De qué color era el traje de Sanders?

Ayer se celebró un nuevo debate entre los dos aspirantes a convertirse en candidato demócrata a las elecciones presidenciales estadounidenses. Y, pese a lo que suele suceder cuando se enfrentan un hombre y una mujer, fue el vestuario de Bernie Sanders el que centró todas las miradas y dejó a un lado sus propuestas. ¿De qué color era el traje del senador Sanders?

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El mensaje (no verbal) del rey

Escenografía

Localización De Zarzuela al Palacio Real. Si el rey necesita justificar el cambio de escenario  durante su mensaje (es decir, quitar tiempo a otros asuntos más importantes de los que hablar en su discurso) es porque la localización es totalmente errónea. Cierto es que el momento precisa de seriedad e institucionalidad pero, precisamente por tal razón, es conveniente no hacer experimentos. En vez de haber utilizado el salón (cercanía) del pasado año, la mesa del despacho (incluso haber aparecido de pie frente a una biblioteca, junto a la bandera) lo habría proyectado como una figura aún útil (activa, sabia, comprometida y preocupada por las dificultades del país).

Solemnidad/austeridad Eclipsados por la «inestabilidad» política que ha dejado el 20D y el 27S, los asesores han errado al considerar que la ostentación (decoración, derroche energético…) del Palacio Real podría aportar en este momento (de crisis aún exasperante para demasiados españoles) solemnidad a la figura del rey. Y no es que no sólo no haya logrado la solemnidad que pretendían sino que, al pronunciar la palabra «austeridad» (incoherencia entre el mensaje verbal y no verbal) en medio de ese salón, Felipe VI ha perdido credibilidad.

Soledad No está centrado en el espacio (descolocado) y la silla (pese a ser de madera noble) se antoja ridícula en un espacio tan enorme. El está ligeramente ladeado (incómodo) para obedecer al cámara (cuando debería ser la cámara la que buscara al protagonista…). Es un espacio totalmente frío e impersonal. Por mucho que se empeñe en recordar el significado del «patrimonio pasado español común», allí no hay nada que cree empatía con el espectador (un pesebre, fotos de su familia…).

Alfombras Espejos enfrentados (reflejos egocéntricos) y todo el suelo forrado de alfombras. El rey no toca con sus pies el suelo (lejos de la realidad), sólo moquetas acarosas (arcaico).

Indumentaria

Corbata Sin duda, de su vestimenta, lo más llamativo ha sido la elección del color de la corbata. Si bien el color morado es y ha sido utilizado a lo largo de la historia por los más altos estamentos de poder (aristocráticos y eclesiásticos); actualmente, en España, este tono está completamente vinculado a la formación de Pablo Iglesias. Tras los resultados de las pasadas elecciones generales del pasado domingo, sería absurdo negar la intención buscada de la prenda (nunca nada es improvisado, pero mucho menos en un mensaje tan estudiado como este). La corbata señala el fin del bipartidismo y la aceptación de la Corona a nuevas sensibilidades políticas y sociales. Un pequeño guiño con el que el rey da la bienvenida (invitación a respetar el sistema de monarquía parlamentaria) a Podemos. 

Cejas Posee unas cejas espesas y el maquillaje siempre resulta excesivo. La ceja sirve para encuadrar el ojo (sinceridad) pero no debe en ningún caso eclipsar la mirada.

 

Lenguaje corporal

De espaldas a una entrada Aunque está bien buscado el enfoque de las grandes entradas (apertura, amplitud y profundidad de miras), el efecto pierde completamente su razón cuando decides colocar al rey de espaldas a esas mismas puertas. Regla básica del Feng Shui para lograr una influencia positiva sobre el ambiente.

Autocastigo El dominio gestual de Felipe VI es bastante pobre. Durante el discurso, pese a intentar acompañar el mensaje también con las manos, tan sólo ha utilizado tres gestos que se iban repitiendo dijera lo que dijera (fuera positivo o negativo). Lo más inquietante es que empezó y acabó el mensaje golpeándose las piernas. Abría y alzaba las manos, y al reposarlas sobre el regazo, inconscientemente, se golpeaba («autolesionaba»). El hecho de golpearse uno mismo es un signo evidente de frustración: los simios también lo hacen (golpean su pecho) cuando son conscientes de que no pueden enfrentarse a su rival porque es más fuerte que ellos. Los humanos hemos sofisticado (suavizado) algo el gesto.

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Nunca pensé que me alegraría tanto de ser una "unhappy girl"...

Las camisetas naif de Schez. Camacho

Es tremendamente complicado hablar en serio sobre cualquier aspecto de Alicia Sánchez Camacho (algo bastante funesto para la carrera de cualquier representante público). Pero en este post voy a intentar ser lo más constructiva posible con su imagen, de veras. Hace ya tiempo que la líder del PPC recurre a camisetas con mensajes (no confundir con las camisetas reivindicativas). Este tipo de piezas suelen encontrarse en las secciones de «teenagers» de las grandes cadenas de moda rápida. Suelen ser prendas sencillas con reclamos simpáticos y naif, en inglés o en francés. Y aunque muchos de sus consumidores no entienden el lema que llevan estampado en el pecho, otros recurran a ellas para expresar su personalidad, sus sentimientos, sus gustos o sus anhelos a simple golpe de vista.

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Mensaje (no verbal) de Felipe VI

Resumen del primer mensaje (no verbal) de Navidad de Felipe VI. Feliz Navidad a todos (bueno, excepto a las personas malas).

1. Escenografía.

Espacio. Pasamos del despacho (trabajo) que utilizaba Juan Carlos I para transmitir seriedad al saloncito (recepción) de Felipe VI, cercanía. Fondo blanco (relajado), cortinas abiertas (transparencia), con tonos rojos (celebración, armonía, solemnidad) y madera (rigor, fuerza…).

Luz. Lámpara de mesa encendida = rey reflexivo, dotado con capacidad para guiarnos.

Bandera, pesebre y padres. España, religión y familia de origen se presentan a lo lejos. Hasta que no se hace un plano general no se descubren todos estos elementos. Mejor evitar conflictos.

Familia. Su familia son Letizia y sus hijas. Con la reina, fotografía cariñosa en clase business (nosotros no somos como mis padres, nosotros nos queremos y somos cómplices).

2. Vestuario.

Traje gris. Nada excesivamente formal (negro) para tratar de empatizar y proyectar proximidad.

Corbata azul. A juego con el color de sus ojos y que, al estar sentado, alargaba su mirada. Buen recurso: franqueza.

Gemelos. Los gemelos no eran de oro dorado. Austeridad.

Calzado. Los zapatos de hebilla descubren a un rey, que pese a pretender vendernos una imagen de monarca actual, sigue anclado en el pasado. Borbón, borbón. Insisto, desde la Revolución Francesa que solo es válido el zapato de cordón.

 

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