Ya no queremos ser Claire Underwood

Una blusa de algodón blanco con una falda beige. La melena suelta y su sempiterno labial rouge. Pendientes de perlas que en ella, más que un símbolo conservador, se antoja como un regalo familiar poco comprometido con su estilo pero que prometió ponerse en su día más especial -¡noticia! nadie nos obliga ya a que sea el de la boda. Observo la dulzura y delicadeza de Alexandria Ocasio-Córtez y siento su triunfo como algo mío. SEGUIR LEYENDO

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Love Ocasio-Cortez

La semana pasada la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, tuvo la oportunidad de participar en un debate con el nuevo fenómeno de la política estadounidense, la candidata demócrata al Congreso, Alexandria Ocasio-Cortez. La mesa estuvo moderada por la periodista de Democracy Now, Amy Goodman, que resaltó las similitudes entre ambas líderes: dos mujeres que provienen de familias humildes sin vínculos con las élites, feministas y de izquierdas que comenzaron sus carreras en las trincheras del activismo social para dar posteriormente el salto a la política institucional.

Pero pese a las supuestas semejanzas; aparentemente, poco más tenían que ver esas dos mujeres…  SEGUIR LEYENDO

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Qué no hacer en un debate electoral

1. Sé tú mismo Típico consejo de último minuto por parte de tu equipo para intentar tranquilizarte, que se añade al tan recurrente “ o vas a hacer genial, lo sé” y que propicia que haya aspirantes a la presidencia de la Generalitat repanchigados en sus asientos como si estuvieran en el sofá de ca la sogra o en el bar de la esquina. Porque, ¿qué “tú mismo” debes ser? ¿El “tú mismo” que eres con tu mujer, amante, hijos, compañeros, amigos, enemigos, vecinos, contigo mismo? A no ser que seas Obama, ni caso. La improvisación y la naturalidad son artes reservados a los semidioses. Que sí, a todos (incluida la propia moderadora, Ana Pastor) nos enamoró que Antonio Baños sacara un abanico en mitad del debate de las elecciones del 27S o nos divirtió que Gabriel Rufián abandonara el plató de Tv3 para ir al baño; pero es mejor caer en gracia que ser gracioso. SEGUIR LEYENDO 

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Inés Arrimadas: ¿y si fuera ella?

Es la única candidata con posibilidades reales de convertirse en la primera presidenta de la Generalitat de Catalunya. Es algo que como mujer debo confesar que celebro. Sin embargo, más allá de que su programa contribuya o no a la igualdad de sexos (que ya se encargarán los demás analistas de juzgar las “promesas electorales que jamás se cumplirán”), la imagen de Inés Arrimadas en cada comparecencia colocada por detrás de Albert Rivera esperando su turno para hablar (incluso en suelo catalán) o con Albert Rivera a su espalda (como vigilándola) es deprimente. Aquí va su perfil estético actualizado (el de 2015 fue éste). 

Si la ruptura social significa casarse con un indepe… Si fuera real la ruptura social que C’s asegura que existe en Catalunya, Inés Arrimadas no hubiera encontrado al amor de su vida en la bancada convergente. Y no es un reproche, no se equivoquen. Si fuera ella, en vez de destacar tanto los errores de los demás, pondría en valor mi gran acierto. Porque declarar que amas a una persona que piensa distinto a ti (o, por lo menos, su familia política) es una prueba de inteligencia y el mejor argumento para contrarrestar la falta de diálogo y tolerancia que sus adversarios, muchas veces con razón, le afean a su formación. Al fin y al cabo, ¿qué sería de C’s sino existiera el independentismo catalán? El arte de amar, de Erich Fromm, habla de ese amor tóxico que nos lleva al “te odio porque te amo, pero no te puedo someter”.

Anticatalanismo  “Inés ama mucho la cultura catalana, te lo aseguro”, me recriminó muy educadamente una persona muy cercana a Arrimadas al termino de una conferencia. Pero en política, no sólo basta con ser (que los tuyos sepan cómo eres), hay que demostrarlo (convencer a las personas que sólo te conocen a través de una pantalla de televisión). Y posar con una bufanda del Barça sobre una camiseta de la selección española no es suficiente. Aunque no te guste (yo también preferiría El Cant dels Ocells como himno), que la líder de la oposición se cruce de brazos y no tararee Els Segadors es sencillamente un insulto a todos los ciudadanos de Catalunya. Y me parece fenomenal que acuda cada año a la Feria de Abril vestida de flamenca (junto al de cordobesa, unos de los vestidos folclóricos más bellos, femeninos y favorecedores del mundo), pero también se le agradecería una esperdanya para celebrar el 11 de septiembre y no tanta paella (¿por qué coméis paella? ¿no sería más propio un pà amb tomàquet?). En definitiva, que una cosa es que seas españolista (PP = España por encima de todo) y otra que des la impresión de ser anticatalanista (Catalunya por debajo de todo)…

¿Viste bien? Viste Esade… Viste como una directiva que lleva 15 años en la misma empresa (el calcetín de media para el zapato de tacón me mata). Guste o no, es el perfil estético que casa dentro del electorado de C’s y, por lo tanto, es coherente (lo fue incluso cuando se casó con un vestido de Pronovias, después de que la empresa amenazara con irse de Catalunya si se independizaba). No es un look elegante ni sofisticado (no hay un estilo propio que demuestre cierta sensibilidad por la cultura indumentaria), y mucho menos “clásico” (clásico es cualquier estilismo de Casablanca. Por favor, os ruego que no lo confundáis con rancio). Es el típico uniforme conformista de “qué orgulloso estoy de ser clase media”.

Sus dedos Tiene un cutis perfecto (no necesita maquillarse; le bastaría un poco de rímel y polvos mate para evitar brillos) y unos rasgos faciales muy infantiles (puede permitirse rouge en los labios para empoderar porque además el rojo le favorece muchísimo). Eso consigue suavizar y equilibrar el mensaje agresivo con el que C’s intenta demoler a los separatistas. Pero para analizar el mensaje de la única candidata a la presidencia de la Generalitat, la clave está en el movimiento de sus manos, concretamente en la impresionante contorsión de sus dedos (por eso Polònia pone énfasis en ese detalle al imitarla). Debería intentar reeducar este tipo de gestos para que la obsesión por la perfección, la tensión y la frustración no fueran tan evidentes.

¿Naranja natural? Hay gente que se traga un zumo de bote como si fuera natural, sí. Quizá por eso, en La Vanguardia leo un perfil de una “asesora de imagen y experta en comunicación no verbal” que asegura que Inés Arrimadas es “natural”. Sí, tan natural como la melena rizada que abrasa con la plancha y con mil y una técnicas para lograr alisarla (“Me juré que no tendría más el pelo rizado, y efectivamente, me los desricé durante muchos años. Acababa de dar el primer paso hacia la degradación de mí mismo”, Malcolm X). La líder de C’s es una perfeccionista, confesa, y eso le impide ser natural cuando interpreta su personaje de “jefa de la oposición”. Sus asesores, amigos y conocidos aseguran que en las distancias cortas es un encanto de persona y muy divertida (lástima que la mayoría del electorado jamás tenga la ocasión de irse a tomar una copa con ella para comprobarlo). No lo dudo porque cuando se relaja y deja de fingir en algún programa televisivo de entretenimiento (su imitación en Polònia fue sensacional y a Bertín Osborne lo puso en su sitio), consigue empatizar con un gran segmento de la población que, a priori, no la votaría. Pero el nivel de exigencia que se autoimpone (desgraciadamente, no sólo ella sino todas las mujeres) la convierte en demasiadas ocasiones en una especie de ser robotizado que se aprende los discursos al dedillo y que necesita calcular y ensayar cada gesto antes de parlamentar. Pero es justamente cuando dejamos de actuar, sólo cuando somos nosotros (con todas nuestras virtudes y defectos), cuando somos perfectos. Que lo pruebe, en serio. Resulta muy conciliador con uno mismo y con el mundo en general.

 

 

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Por cierto, ¿cuánto cobráis los que maquilláis palabras?

Año 1960. Primer debate televisado. Nixon rechaza los retoques de la maquilladora por considerarlo “una mariconada”. Jackie Kennedy sonríe satisfecha: el presidente de los EEUU acaba de picar el anzuelo. Mientras, la mejor asesora de John F. Kennedy y futura primera dama le indica a la esteticista cómo perfeccionar el rostro bronceado de su atractivo marido para las cámaras. El resto -no fumo, pero imagínenme inclinando la cabeza hacia atrás y echando una honda bocanada de humo hacia el techo-, historia. SEGUIR LEYENDO 

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