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Otra vez Letizia se topa con una mujer que lleva su mismo vestido

Se veía venir el disgusto… A sabiendas de la disconformidad de la opinión pública con el abuso de Felipe Varela por parte de la princesa de Asturias, a Letizia últimamente le ha dado también por  Hugo Boss. Y aunque todos pensáramos que sería alguna firma de low cost patria la que volvería a dejar a la ex periodista en evidencia, como ya ocurriera cuando Belén Esteban y ella coincidieron con un vestido de Mango,  al final ha sido un diseño alemán el encargado de propiciar el momento «tierra trágame» que toda mujer siente cuando se topa con otra fémina que lleva idéntico atavío.

En el tercer día de su gira por EEUU, los príncipes de Asturias han visitado la planta de una farmacéutica catalana en Los Ángeles. Para la ocasión, Letizia ha escogido un vestido negro con estampado blanco y gris de Hugo Boss (629 euros) y ha dado la casualidad -fatalidad- de que una de las trabajadoras también llevaba el mismo modelo. Al momento de posar junto a los empleados, la comparación ha resultado sencilla: las dos habían combinado el vestido con un blazer y salones negros.

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La única diferencia, además de que una llevaba bolso y la otra cartera, eran las medias.

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Las medias princesa (vamos, color carne).

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A juzgar por la cara de disimulo de mosqueo de Letizia (en ella siempre es tan poco creíble), aquí ya se había tropezado con la mujer que llevaba su mismo vestido.

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Aunque para momentazo, cuando coincidieron Letizia y Belén Esteban con el mismo vestido de Mango. Bueno, ambas son princesas…

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Letizia pasa de los parásitos de la moda española

Según informa hoy Vanitatis, los diseñadores españoles están ofendidos con el poco caso que reciben por parte de Letizia. Porque aunque la princesa de Asturias se haya mostrado fiel a la moda nacional después de que la lección le entrara con sangre (las durísimas críticas que recibió cuando el día de la pedida se enfundó un traje pantalón blanco de Armani), la futura (no lo veo yo ya tan claro) reina solo confía en Felipe Varela, Mascaró, Adolfo Domínguez, Zara y Mango. Los creadores patrios no se dan por vencidos y se dedican a enviarle vestidos a Zarzuela para ver si la periodista pica y les hace la mejor campaña de publicidad de su vida. Sin embargo, Casa Real devuelve los diseños y ruega a los modistos a que se estén quietecitos porque después hay que pagar los costes y sale todo muy caro. Todo este asunto me confirma que Letizia no debe estar tan mal asesorada en cuestiones estilísticas: el prêt à porter español no es real, tan solo son parásitos que se lucran del dinero público.

PD. Me consta que cuando Letizia desea un modelo (aunque sea de un modisto de esos que no desfilan en pasarelas públicas), le escribe un mail, solicita el diseño y lo compra.

 

Cifuentes: «Conservo trajes de Thierry Mugler que ahora serían impensables»

No puedo evitar que Cristina Cifuentes (y Llanos de Luna en versión copia) se me antoje como la Carmen Lomana de la política nacional. Con cinco tatuajes ocultos a lo largo de su anatomía, anda siempre tan peripuesta que la aleja de la realidad. Eso sí, para su target, féminas del barrio de Salamanca, cumple con nota. Hoy en Yo Dona – ataviada con pantalón y camisa azul,  una chaqueta que según ella tiene 20 años y las uñas lacadas de oscuro (!!!)- analiza  su cambio de indumentaria desde que se convirtió en la delegada del gobierno de Madrid: «El pelo recogido es más cómodo. Llevo la misma ropa de siempre. La cuido y me dura. Conservo, por ejemplo, unos trajes maravillosos de Thierry Mugler que ahora serían impensables, no está la situación para mucho gasto. Las pocas veces que compro ropa lo hago en tiendas de bajo coste y cadenas como Zara o Mango. Por mi trabajo suelo vestir de un color que me encanta: negro. Me gusta arreglarme y verme bien pero prefiero que la imagen no sea un elemento de distracción. Otra cosa es mi vida privada, cuando estoy deprimida me visto siempre de rojo. Los tonos fuertes animan. »

 

 

Joana Ortega, puños fuera

En cada convocatoria electoral, caen como moscas. Esta vez las mujeres más visibles de la política catalana han accedido a desfilar por las páginas de la revista femenina Yo Dona. Si bien algunas se han mostrado más reticentes a entrar al trapo del estereotipado reportaje (mujer, política, madre, conciliación, ropa), otras como la vicepresidenta Joana Ortega se han atrevido incluso a posar con ropa sexy deportiva y unos guantes rositas de boxeo. Todo porque a la número dos de CiU le encanta practicar kickboxing. Y aunque en la instantánea sale guapa -quizá con alguna ayuda del milagroso photoshop- con su melena recogida y el hombro desnudo, acaba de regalarles a sus contrincantes una oportunidad de oro para poder atacarla: «a la vice le entusiasma dar puñetazos y patadas».

Otra que no iba a perderse la foto es la candidata popular a la presidencia de la Generalitat. Ataviada con el cansino blazer blanco, el periodista que escribe la información no deja de ser generoso con Alicia Sánchez Camacho de quien afirma que «siempre va a la última». Pero las siguientes líneas aún me dejan más perpleja: «últimamente le ha dado por el vintage y ha descubierto una tienda maravillosa, Heritage (por favor, entrad en la página para comprender el peligro que se nos avecina con alguien como Alicia escogiendo) en la que compra auténticas joyas a precio de gangas». Por supuesto, no se olvida ni de Zara ni de Mango porque  se trata de «ropa que funciona cuando tienes una imagen pública». Y allí, en una tienda de Amancio, coincidió hace unos días con la portavoz de economía del PSC. «Teníamos media horita», cuenta Rocío Martínez Sampere la que dispone de un poco más de criterio para vestirse. Remata el reportaje Carmen de Rivera (C’s) a la que le pirra la moda aunque ahora va mucho de Rebajas. Además, dice ser una incondicional de la diseñadora Roser Marcé. Claro, solo hay que verla… Pobre moda.

 

Mas Mango

Hoy me ha pasado como a Enjuto con «Interneeeeeee»… Desconectada del mundo y con un mono indescriptible por la actualidad, empiezo dando mi enhorabuena al president Mas: ha recuperado el espíritu de Gaudí (el de la pasarela, claro. El genio seguro que, si hubiera sabido para qué utilizarían su nombre, se tiraba voluntariamente a las vías del tranvía), toda la caspa madrileña en la capital catalana. Así, la pasarela pública de Barcelona se ha convertido en el desfile de marcas como Mango, Desigual, TCN  y toda la purria que los rodea (desde Carolina Cerezuela o Manu Tenorio hasta Jaime de Marichalar). Y al de MANGO (tal y como están las cosas, yo, si fuera político, intentaría evitar a firma tan reveladora), acudió ayer Artur Mas.

PD. Por favor, cambiad ya el nombre de la pasarela.

De pie, abrochas. Sentado, desabrochas. ¿Tan complicado es?