9.GucciHelle

Gucci Helle

9.GucciHelle

Además de apodarla «Gucci Helle», debido a la predilección que siente por la firma italiana,  la primera ministra de Dinamarca  siempre carga con su bolso Bayswater rojo (guiño al socialismo), de la firma de lujo británica Mulberry. Cuando salió elegida, la prensa afirmaba que no iba vestida como una socialdemócrata…  BSO Zaz – Je Veux

Espejo de Marx, ¿la izquierda no puede vestir bien?
(Península, 2013)

 

chavezmaduro

Maduro gastará más que Chávez en ropa y calzado

Aunque Hugo Chávez consiguió convencer a la opinión pública de que su atavío cumplía estrictamente los cánones socialistas, no sólo por el color de su camisa sino por su supuesta austeridad indumentaria, la verdad es que contaba con un guardarropía formado por más de 100 trajes de las firmas más lujosas. Sin embargo, según los presupuestos de la presidencia de Venezuela para el 2014, el derroche del comandante Chávez se va a ver superado, y con mucho, por su sucesor. Nicolás Maduro tiene prevista una partida de 170.000 bolívares para la compra de zapatos, mientras que la de 2013 -aprobada entonces por Chávez- fue de 30.000 bolívares. Asimismo, también se observa un aumento del 39% en el presupuesto dedicado a la ropa.

 

maduroreloj

El presidente venezolano no puede separarse de su Tissot de 1.025 dólares.

calcetineshilfiger

Aunque Maduro rechaza «el lujo», hace unos meses no dudó en lucir unos calcetines de ejecutivo de Tommy Hilfiger con los colores  de la firma estadounidense.

Los Sarkozy-Bruni colmaron de lujo a los Obama

Como cada año, el gobierno estadounidense ha detallado la larga lista de regalos que la familia Obama recibió en 2011 por parte de otros mandatarios.  Dentro de las 231 páginas del documento, Nicolas Sarkozy fue uno de los líderes más generosos:  32.000 euros en obsequios made in France. Y es que los galos tienen que presumir y publicitar el lujo. Por eso, algunos de los regalos fueron una bolsa de golf de Hermès, polos Lacoste, plumas DT Dupont,   un bolso Louis Vuitton, dos albornoces de Dior, cosméticos y perfumes de Bonpoint y ropa de firma de niños para Malia y Sasha. Pero nada de todo esto podrán disfrutarlo los Obama. Todos los obsequios al presidente y su familia se almacenan en el Archivo Nacional que debe haberse convertido ya en uno de los mejores centros comerciales del mundo.

 

La primera dama china, Peng Liyuan, con un bolso de excepción

A la nueva primera dama de China le han encargado una difícil tarea: conseguir que los miembros del gobierno y sus esposas apuesten por el diseño patrio y dejen de utilizar artículos de lujo occidental como relojes suizos, Birkins y gabardinas Burberry.  Para su debut, Peng Liyuan aterrizó en Moscú vistiendo un abrigo oscuro largo con cinturón y una bufanda azul clara a juego con la de su marido. Pero fue su bolso de cuero,  sin ninguna marca a la vista (algo que ya podrían aprender las españolitas), el que causó más furor. En un principio se habló de que la esposa del nuevo presidente Xi Jinping podría haber apostado por la firma italiana Tod pero unas horas después la marca china Exception confirmó que se trataba de uno de sus modelos. Peng, de 51 años, es una soprano popular, muy famosa en China por su voz aguda y sus folclóricas canciones patrióticas. Profesión, la de cantante, que hace inevitable que en cada artículo sobre ella se la acabe comparando con Carla Bruni.

PD. Quizás esta mujer logre cambiar mi percepción sobre la moda existente en su país, pero de momento sigo considerando que en Made in China sólo hay copias, copias, copias…

 

Peng Liyuan durante una actuación en 2007.

Muere Hugo Chávez

Aunque en los históricos bastiones izquierdistas el rojo se dispusiera omnipresente, ningún dirigente se había atrevido a defender con tanto ahínco el color de la revolución. Porque pese a que se trate de una tonalidad complicada para el vestuario masculino, el presidente venezolano nunca se ruborizó por lucir su característica franela roja. Y a estas alturas de la película, después de casi dos décadas instalado en el poder,  tan solo se conoce una razón por la que Hugo Chávez pudo llegar a plantearse colgar su máxima seña de identidad en el armario: sumar votos. “Nosotros (su comando de campaña) damos ejemplo y si me piden que me quite la camisa roja, porque significa alguna violación a la norma electoral, yo lo haría sin ningún problema. Me pondría otra verde, morada, no importa». Con tal dudosa promesa pretendía Hugo Chávez que su opositor en las últimas elecciones presidenciales, Henrique Capriles, renunciara a seguir usando una gorra con la bandera venezolana. Pero no era la primera vez que, como hiciera Pedro con Jesús, Chávez negaba a su pieza más preciada. Ocurrió el 29 de julio, el día de su 57 cumpleaños, cuando sorprendió a todos vistiendo una camisa amarilla (por supuesto, debajo llevaba una camiseta roja). A sabiendas del dominio que el mandatario caribeño demostró siempre  sobre el simbolismo del ropaje, todos los medios de comunicación, nacionales e internacionales, se apresuraron a ofrecer posibles lecturas sobre aquel cambio tan significativo. Algunos aseguraron que, ante la amenaza de una oposición cada vez más fuerte y organizada, se trataba de un acercamiento a la clase media de cara a las presidenciales de 2012; otros sugirieron que el cáncer que había padecido lo había convertido en un ser más espiritual y menos pasional; y él, por supuesto, también facilitó su propia versión de los hechos: “El tema de la camisa amarilla no tenía ninguna intención política. Buscaba una camisa y salió una amarillo pollito y dije “¡esta es!” y, bueno, un pantalón marrón”. Y fue en esa ocasión cuando formuló una reflexión cuanto menos inquietante -como si él no hubiera tenido nada que ver con la imposición del color bolivariano en su partido. “¿Por qué  tenemos que andar todo el tiempo con camisa roja? Esa gente que se viste toda roja es sospechosa…”, afirmó.  

Pero aunque ahora costara ya imaginarlo sin la típica camisa, conocía otros estilismos. De hecho, la primera vez que un joven y delgado coronel Hugo Chávez Frías apareció orgulloso ante las cámaras de televisión para reconocer que su golpe de estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez había resultado fallido, el 4 de febrero de 1992, lo hizo con su traje de paracaidista y su boina roja. “Yo andaba sin la boina, sin las fornituras, y la imagen que me llegó fue la del general Noriega cuando lo presentaron los norteamericanos después de la invasión, en franela, todo doblado. Y yo les dije: me buscan mi boina y yo me lavo la cara”, reveló el mismo protagonista sobre aquella eficaz puesta en escena. Dos años después, cuando salió de la cárcel, contaba con dos pantalones, unas camisas y tres liqui-liquis: el cuello mao del vestido patriótico, preferiblemente en verde oliva, le sirvió para empezar a hacer campaña. Sin embargo, al convertirse oficialmente en candidato presidencial decidió abandonar su indumentaria de ex golpista y optó por camisas de cuadros y chaleco para las citas informales y trajes en colores cálido –afines al clima- confeccionados por un reconocido sastre venezolano lusitano, Clement, para demás ocasiones. Así lo contó el propio comandante: “Hemos estado haciendo un esfuerzo, lógico, por necesidad de cambiar el ropero y de tener algunos trajes más o menos occidentales… No es que hay entonces esa transmutación del liqui-liqui a Clement. Yo tengo allí hasta mi traje de combate. Si ahora se prendiera un zaperoco, volvería a ponerme el traje de combate para ir a combatir. Es el hombre y sus circunstancias.” Ya una vez instalado en Miraflores, abandonó a Clement por un sastre italiano muy popular entre los caraqueños más acomodados, Giovanni Scutaro. Además, al jefe de estado le encantaba vestir de uniforme y ardía en deseos por enfundarse el traje de gala blanco de los generales aunque nunca –debido al golpe del 4F que pone fin a su carrera militar- hubiera podido ser ascendido a ese grado. Desoyendo a los asesores, Chávez se presentó en un desfile militar subido en un descapotable y luciendo la banda tricolor y abarrotado de medallas. La escena recordaba demasiado a la dictadura de Pérez Jiménez en los años cincuenta. En 2002, tras el fallido golpe de estado que ahora trataba de sacarlo a él del poder, una de sus primeras promesas será no volver a vestir el uniforme.

Fan incondicional de Fidel Castro, al que considera “el político más estiloso del mundo”, se apuntó rápidamente a la moda chandalera lanzada por el cubano. Pero pese a su apariencia hortera, el líder socialista jamás infravaloró el cuidado de su imagen: solo en los presupuestos de 2011 destinó una partida de 329,3 mil dólares para invertir en ropa y calzado y otra de 151 mil dólares para tratamientos y productos de belleza. Sobre todos estos gastos personales, Chávez confesaba sentirse avergonzado pero también defendía que “son necesarios para cumplir con su labor de representación”. Obviamente, sus opositores consideraron que su gusto por el lujo – trajes de de Brioni o Lanvin, corbatas –muchas veces también rojas- de Pancaldi o Hermes, zapatos de cuero inglés, gemelos de Montblanc, relojes de Cartier, Rolex o Victorinox – entraba en clara contradicción con el mensaje de austeridad que defendía el presidente. Y es que la incontinencia verbal solía acabar traicionándolo… Entre las más divertidas, repetir hasta la saciedad “yo soy un soldado, un campesino, un obrero” y lucir una manicura impoluta o blasfemar contra todo lo yankee y al rato, calzarse unas deportivas de la firma estadounidense nike para jugar al beisbol. Pero seguramente en algo tuviera toda la razón del mundo: “Ya me puedo vestir de cura que me van a seguir llamando tirano”. Menos mal que para Naomi Campbell tan solo se trataba de  “un ángel rebelde”.