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Julian Assange desfilará en la London Fashion Week

Aunque sigue recluido en su «pequeña prisión» en la embajada ecuatoriana de Londres, al fundador de Wikileaks siguen llegándole ofertas profesionales de lo más diversas. La última ha sido la de estrenarse como modelo en la próxima edición de septiembre de la London Fashion Week. Julian Assange lucirá piezas de la colección de Ben Westwood, hijo de Vivienne Westwood. Ya la mítica diseñadora le dedicó una edición de camisetas a Assange y se implicó por completo en su liberación. Sin duda, un buen reclamo mediático.

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Para Vanity Fair, De Guindos viste bien

Para gustos, colores. Por eso, a la hora de valorar la imagen de un político es conveniente regirnos por la coherencia que transmite su estilismo y no por nuestros caprichos indumentarios. Sin embargo, la revista Vanity Fair prefiere jugar al «quién es el que más pasta se gasta» para enumerar a los poderosos que, según la publicación, mejor visten. En mi humilde opinión, este sistema de elección lleva al error y lo demuestra el hecho de que en la lista se incluya el nombre de Luis de Guindos. Los motivos que aporta la revista para destacar al ministro de economía es que tiene un estilo «de buena familia madrileña» y su tiempo lo marcan las agujas de un Rólex, un Panarci, un Cartier o un Jaeger Le Couture. Dentro del panorama nacional, también entra el presidente de la Xunta. Y aunque Alberto Núñez Feijóo, en comparación con la bancada de políticos actuales, es salvable; lo cierto es que en su segunda legislatura se ha descuidado bastante.

Fuera de nuestras fronteras, Julian Assange sale favorecido por su premeditado aspecto colegial y el primer ministro de los Países Bajos, Mark Rutte, por el uso del azul en todos sus accesorios. Contar con el mismo sastre que el agente 007, David Craig, es motivo suficiente para que David Cameron también tenga un puesto de honor en Vanity Fair -pese a que la misma publicación nos recuerda que en un encuentro con Barack Obama causó polémica el hecho de que el primer ministro llevara unos viejos y raídos zapatos. Obviamente, la lista incluye al presidente estadounidense aunque sin demasiado entusiasmo. Y ya para rematar y dejarme helada, hasta el mejicano Peña Nieto les parece un galán (a mi también, pero de telenovela). Lo dicho, para gustos, colores.

Assange y la anunciación

Si el monotema sobre el fin del mundo dejaba espacio para algo más en la jornada de ayer era para comentar la próxima anunciación. Pues el ángel Julian Assange -con el pelo algo más largo que la última vez y peinado repipi- salía a la ventana de la embajada de Ecuador en Londres en la que se encuentra recluido desde hace seis meses para transmitir, imitando al Papa, su mensaje de Navidad a todos sus feligreses. E igual que hace el ángel en la representación de la cabalgata de reyes de mi pueblo, asomado en un viejo balcón con cortinas baratas blancas de fondo y lucecitas navideñas, avisa a sus majestades de que Herodes -los gobiernos- los acecha. Sin embargo, el fundador de Wikileaks con abrigo marrón aseguró que, como el arcángel Gabriel, sostiene la espada de miles de documentos que aún en 2013 volverán a hacer mucha pupa.

Assange se pasa a las camisas ecuatorianas

En una entrevista concedida al DailyMail, encuentro a un Julian Assange vestido con una camisa blanca adornada con tradicionales motivos ecuatorianos bordados. Retenido en la embajada de Ecuador en Londres, el fundador de Wikileaks parece estar mimetizándose con el look de sus aliados, y especialmente, con el de Rafael Correa. Aunque no del todo. Le siguen acompañando unos jeans y unos zapatillas deportivas azules.

No es la primera vez que el «ciberterrorista» cambia de estilismo. Desde que estallara el caso Wikileaks, Assange ha pasado por varias fases. En la primera etapa, incluso el New York Times llegó a comparar su imagen con la de cualquier vagabundo desaliñado. Pero ante las acusaciones por acoso sexual, sus abogados le recomendaron sacar partido de su faceta más angelical (rasgos delicados, cabello rubio, piel clara…) y, con su transformación a niño bueno de Oxford, llegó a estar entre los primeros puestos de los hombres mejor vestidos del mundo. Incluso, hace 100 días, cuando hizo la anunciación desde el balcón de la Embajada ecuatoriana, le prestó gran atención a su apariencia. Pese a su tez cristalina, compró una cabina de UVA e intentó broncearse. «Me lo puse para que se me viera con mejor aspecto, no tan pálido. Después de media hora, uno de mis empleados me dijo: «Julian, tienes media cara y una parte del cuello rojos como un tomate.» Parecía una langosta hervida, pero la escena del balcón era un momento político muy importante y pensé que qué le iba a hacer… Intenté igualar el otro lado, mis ojos estaban ardiendo, no podía ver y tenía ampollas por todo la parte izquierda. La piel se me empezó a pelar».  Al fin, la esposa de un amigo de Assange entró en escena y con maquillaje y paciencia arregló el desastre. «Nos llevó una hora y media para asegurar que no se me vería como una víctima de Chernobyl «, explica riendo en la entrevista.