Tous, Santi Vila y otras joyas del procés

Hace más de quince años que en el sector de la moda y el diseño de este país (me refiero a los profesionales, a los que viajan como mínimo tres veces al mes a París, Milán, Nueva York, Amberes, Londres o Japón) se escucha la misma chanza: «Tous, la marca de los pobres». Y es que el anhelado osito que Rosa Tous consiguió convertir en objeto de deseo entre las clases populares -obreristas (alienados en clase media) y nuevos ricos (alienados en nunca seréis clase alta)- copiando la cajita azul de Tiffany servía para detectar ipso facto la falta de gusto, carácter y conocimiento de sus clientes.

Hoy, debido a una cuestionable campaña de marketing -léase una falta de filosofía, ética y principios no sólo empresariales, también personales (más allá del mantra económico «lo que nos haga ganar más dinero)»-, llevar un producto de Tous es posicionarse políticamente con el unionismo y el 155. Así, este mismo lunes, cuando los reyes recibieron en el Palacio Real al presidente de Palestina, los medios de comunicación interpretaron los pendientes que colgaban del lóbulo de las orejas de Letizia como un guiño de apoyo implícito a la marca catalana que está tratando de desvincularse desesperadamente del independentismo y de todo lo que huela a secesionista por miedo a que la campaña navideña se vea afectada negativamente. SEGUIR LEYENDO

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El problema de esta fotografía

Las ministras de Vogue, también la de medio ambiente, posaron en La Moncloa rodeadas de pieles. Soraya Sáenz de Santamaría no entendió tanto alboroto por aparecer descalza y estirada en el suelo con un vestido de fiesta de Rosa Clará. Incluso a la ministra de justicia de Sarkozy, Rachida Dati, la acribillaron a críticas en el país del lujo por fotografiarse con un vestido y unas botas de Dior (piezas que jamás devolvió a Paris Match)… Pedro Sánchez no es el primero ni será el último, pero este tipo de posado no le beneficia nada a un político. El problema de este tipo de fotografía es que quedas retratado. Veamos por qué.

1. Representante público. Aunque parezca obvio, siempre hay que acabar recordando que un representante público no es una estrella del cine o del rock. Además de cercanía (motivo por el cual parece poder justificarse ya casi todo), el líder político debe transmitir seguridad y seriedad. La idea de Harper’s Bazaar de recrear el posado de Steve McQueen con un político es original (el equipo editorial vela por los intereses del medio de comunicación, no por los de la campaña del candidato), pero los asesores de Sánchez debían haber pactado otro tipo de aparición más propia y beneficiosa para los intereses de un aspirante a presidir un país.

2. «Muy americana…» Los que defienden este tipo de posados y editoriales de moda con políticos enseguida sacan a relucir a los líderes estadounidenses. Sin embargo, nadie señala que Barack Obama -ni como candidato ni mucho menos como presidente- jamás ha aparecido en una revista con ropa cedida y/o elegida por la estilista de una publicación. Sencillamente porque al enfundarte una indumentaria que no es la tuya adoptas otra identidad (falsa). «El disfraz» es un lujo que puede permitirse un actor o un cantante, incluso una primera dama, pero nunca el candidat@ que aspira a conducir un país.

3. Credibilidad. Todo candidato busca resultar creíble. Para ello, es esencial que exista una cierta coherencia entre lo que se dice y lo que se hace (correspondencia entre el discurso verbal y no verbal). Y aunque para la mayoría de la opinión pública al PSOE (y a la socialdemocracia en general) ya no le quede nada de socialista ni de obrero; ellos siguen presumiendo de ser un partido de izquierdas… En esta fotografía, Pedro Sánchez viste un smoking. Junto al chaqué y el frac, el tuxedo representa un símbolo oligárquico que la izquierda siempre ha rechazado con fervor: desde Allende a Mandela pasando por Kruschev. «Ni en tiempos de clandestinidad, cuando tuve que viajar en primera en un transatlántico, fingiendo ser un diplomático, he aceptado utilizar esas prendas (…) Yo pensaba que si me disfrazaba con un smoking o un frac ya no podría volver jamás a Vallecas», explicó Santiago Carrillo sobre esta cuestión. En la instantánea también aparece la mano de una dama con la muñeca llena de relucientes pulseras. En política (y en tiempos de crisis más), la ostentación siempre es signo de mal gusto o como bien dijo Chanel: «Si las joyas son signo de algo abstracto, lo son de la bajeza, de la injusticia o de la vejez (…)». 

4. Pasar de moda. El político debe saber reconocer e incorporar aquellas tendencias (que serán permanentes) a su estilo de vida (demuestra que vive conectado a la realidad) pero no debe caer en los juegos y caprichos de la moda (fashion victim). ¿Por qué? Porque la moda pasa de moda y el objetivo de un político es precisamente otro: permanecer en el cargo o en el recuerdo del colectivo. Y eso, como bien saben los que se dedican al mundo de las vanidades, sólo lo consiguen los clásicos. 

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Por qué la explicación de Angélica Rivera no es creíble

Análisis rápido (tengo que salir pitando ya) sobre el mensaje audiovisual que la primera dama mexicana emitió ayer para explicar la pedazo «Casa Blanca» que posee. Muchas gracias a @AnaCastleC por informarme de la emisión del vídeo.

1. Opulencia y poder. El tono morado del blazer de la primera dama no era el más idóneo para la ocasión ya que es un color para evidenciar el poder y la opulencia. Si hubiera deseado defender la independencia femenina, hubiera optado por un lavanda. 

2. Protección. Pese a que la posición corporal que adopta, hombros casi caídos, es de disculpa; la mesa tras la que se escuda crea una enorme y poco conveniente lejanía con el espectador.

3. Guión Si estamos convencidos de nuestra verdad, no precisamos de un guión para defendernos. El montoncito de hojas se antojaba como el story board del vídeo (y puede que lo fuera). Ella, más que nadie, debería saber que un buen actor o se aprende el guión o improvisa.

4. Perfección. Le ocurre igual que a su marido: exceso de perfección. Make up y peluquería muy forzada, poco natural. Las pestañas postizas no ayudan para evitar que el mensaje verbal no parezca falso.

5. Gesticulación. Demasiada gesticulación con las manos y los brazos (se traduce como nerviosismo) que no acompañaban al mensaje o, incluso, que contradecían lo que estaba diciendo. Un ejemplo: «Yo no tengo nada que ocultar», dice en una ocasión del vídeo. Mientras afirma, entrecruza los dedos de sus manos y se protege. Si fuera cierto, habría tendido las manos sobre la mesa con las palmas de la mano hacia arriba.

 

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CFK se deja patilla para apoyar a Kicillof

Esta mujer se me antoja tan surrealista toda ella que me genera una especie de atracción; me pasaría horas observándola para tratar de comprender en qué demonios andará metida su psique. En fin, siguiendo la estrategia impuesta por el gobierno, Cristina Fernández de Kirchner atacó a los fondos buitre, negó la «default» y defendió a su ministro de economía. Y tanta es la sintonía de CFK con Axel Kicillof -según algunas lenguas, «el yogurín» de la presidenta-, que la presidenta, a la que jamás se le desarma un pelo de su larga melena rojiza, parecía emular las famosas patillas del joven.  Además, aunque no abandonó el medio luto, esta vez predominó el blanco -angelical- en su atuendo. Eso sí, sus fastuosas joyas no se las quita nadie ni con agua caliente… ni siquiera una bandada de buitres…

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Con esas miraditas…. o tienen rollo o se han repartido el defualt entre los dos;)

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Apreciad ese remolino en la patilla derecha de Kirchner… Pues toda la comparecencia con él. Si era por tener un gesto de aprobación con el ministro de economía, podía haber optado por una palmadita en la espalda y listos.

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La reina del exceso… Exceso en maquillaje, en joyas…