A mí, ahora, las formas “me la bufan”

c5eca4_7c30e63ea52a49bba54860879eb0df18-mv2La culpa no es de los que prefieren a Pablo Iglesias antes que a Íñigo Errejón. Ni de los que persisten en presentar a Obama y Trump como el mismo monstruo. Tampoco de los que pretenden hacerse famosos y millonarios retratándose el culo a lo Kim Kardashian. No, la culpa es de aquellos que no hace tanto tiempo, alzados en un trono de supuesta superioridad moral e intelectual, sentenciaron que las formas eran secundarias, superfluas y banales. Infravalorando las formas (el reflejo externo del fondo), estamos hoy donde estamos. La falta de estética se aprecia fácilmente en una diputada que mastica chicle desde un escaño del Parlament, en el regidor que asiste a un pleno del Ajuntament en bañador y en el secretario general de un partido que se presenta en el Congreso con una camisa sin planchar, tres tallas más grande y manchas de sudor. La apariencia (el arte de estar presente, en paz) y la búsqueda de la belleza (armonía entre físico, pensamiento y sentimiento) es una demostración de respeto no sólo hacia los demás, también hacia uno mismo. Por eso, la pérdida de estética es aún más denunciable y alarmante cuando un presidente del gobierno le niega el saludo al líder de la oposición, cuando un político no sabe pedir perdón (dimitir) y, por supuesto, cuando un cargo público sucumbe a la corrupción.

Read More

El cigarro de Magaldi…

La falta de educación y respeto debilita la causa Jamás, sin excepción, he tolerado o justificado que a nadie, aunque se tratara de una persona a la que no le tuviera estima, la abuchearan, ridiculizaran o lastimaran (física o moralmente) en mi presencia. Una de las lecciones más importantes que aprendí de pequeña es que la falta de educación y respeto sólo sirve para debilitarse uno o a la causa que defiende. Así que no es mi objeto defender o justificar a los manifestantes que supuestamente vociferaron agravios contra Anna María Magaldi, fiscal jefe de Barcelona.

Mirada, desafío Aclarado el punto anterior, en lenguaje corporal responder a un agravio verbal o no verbal mirando al provocador a los ojos es una señal de que aceptas el desafío. Esta respuesta no verbal es muy peligrosa y en cursos de defensa personal es una de las primeras enseñanzas que dan. Me ha sorprendido que la fiscal jefe explicara satisfecha que a cada insulto respondió parándose y levantando la cabeza (orgullo por el papel que representa) como si eso no significara alimentar aún más la tensión. De hecho, podía haber levantado la cabeza (dignidad) pero sin concederles el derecho a violentarla. Si los miras a los ojos les reconoces su importancia.

Captura de pantalla 2017-02-14 a las 19.23.25

La sonrisa burlona Siempre insisto en que existen muchos tipos de sonrisa. En una situación así, la sonrisa más natural sería la de temor (alargada con los labios sellados y la mirada baja o perdida). Sin embargo, no es la de Magaldi: la mirada es de soberbia (desde arriba)  y en la sonrisa, por lo tanto, se entreve cierta sorna. Y aunque no fuera esta la intención (como ella ha dejado claro verbalmente en rueda de prensa), la sonrisa funciona aquí como una expresión no verbal que agrava el conflicto en vez de apaciguarlo. Podía haber salido con la cabeza alta (dignidad), pero sin la sonrisa burlona. El mejor desprecio es no hacer aprecio.

El cigarrillo Fumar es un lenguaje. No viene al caso que me extienda en este post sobre el arte de fumar, pero sí sobre la altura a la que se sostiene un cigarro (celebro que no se tratara de un puro…). Si uno se sintiera cohibido o  intimidado por la vivencia, lo más natural es que el brazo estuviera estirado, pegado al cuerpo (o rígido) y el cigarro apuntara hacia el suelo (o hacia atrás). Magaldi mantuvo el brazo flexionado y el cigarro a la altura de su pecho apuntando (retando) hacia el público concentrado. No modificó esa postura ni cuando descendió las escaleras, ni cuando se paró ni cuando se alejó. Además, aunque sea desde lejos, echar una bocanada de humo hacia alguien es una señal de menosprecio absoluta. Entiendo que en una tesitura como esta una puede perder los nervios. Sin embargo, no es la forma más inteligente de enfrentarse a una intimidación (más cuando era probable que sucediera y seguramente ya la habían puesto en sobre aviso). Podía haber salido con la cabeza alta (dignidad), fumándose el cigarro (relajar nervios) pero sabiendo que en su cargo (fiscal jefe de Barcelona) también debería ir implícita la serenidad (inteligencia emocional). La bravuconería rara vez resulta exitosa, pero mucho menos en un momento como este. La honorabilidad hubiera sido no echar más leña al fuego.  

Captura de pantalla 2017-02-14 a las 19.23.33

 

Trinidad Jiménez provoca a los judíos con un palestino

No es la primera ni la última. El Papa, Zapatero e incluso Cospedal ya probaron de la misma medicina. Adornarse el cuello con una kufiya palestina es ponerse de malas con los judíos. Pero la ministra de exteriores quiso experimentarlo por si misma y en su visita a Hebrón alimentó la ira de una decena de colonos israelíes al aceptar ataviarse con tal polémico y politizado accesorio.

Los colonos judíos insultaron a Trinidad Jiménez acusándola de antisemita. El pañuelo no ayudó a calmar los ánimos.

Un comerciante tentó a la ministra para que comprara el popular pañuelo. Aunque algo reticente, Jiménez cedió.

———————————————————————————————–

Trinidad Jiménez wearing a Palestian scarff

It is not the first nor the last. Pope, Zapatero and even Cospedal already tried the same medicine. Adorning the neck with a Palestinian kufiya is to stand with the Jewish poor. But the foreign minister wanted to experience it for themselves and their visit to Hebron fueled the anger of a dozen Israeli settlers to agree to adorn themselves with such controversial and politicized accessory.