Ibas a votar a Iceta pero…

Llegas decidido al colegio electoral. Lo tienes claro: vas a votar al PSC. Iceta te cae bien, parece majo. Y dada la complicada situación que atraviesa Catalunya, crees que la centralidad de los socialistas (no votarías nunca a la izquierda, pero te incomodan formaciones de derechas como C’s y PP) hará que la cosa se estabilice y que el gobierno de Madrid se relaje.

Tomas la papeleta, la introduces en un sobre y esperas pacientemente en la cola para ejercitar tu derecho. Levantas la mirada de tu teléfono móvil cada vez que percibes que los que te preceden avanzan y, en una de esas, adviertes que la presidenta de la mesa y un vocal llevan un lazo amarillo en la solapa de su suéter y americana. Conoces bien su significado y sabes de compañeros, amigos y familiares que lo lucen desde hace más de dos meses; pero no le das mayor importancia a ese detalle estético. Sigues a lo tuyo, abducido por el universo paralelo que proporcionan las redes sociales donde la información, desinfomación y emociones exacerbadas (te amo u odio) campan a sus anchas acerca del candidato, líder y jornada electoral sin ningún tipo de filtro. Lamentablemente, se te acaba la batería y tienes que entretenerte con la anodina realidad. Tu mirada regresa al lazo amarillo que lucen las personas que en unos minutos recogerán tu voto y lo depositarán en la urna, pero entonces algo inexplicable sucede en tu interior. Esta vez, el lazo amarillo emana una serie de estímulos adoctrinantes hacia tu cerebro que te obligan a romper el sobre que sostienes en la mano. No sabes qué sucede. Intentas controlarte pero, sin saber cómo, brujería, abandonas la fila y corres a buscar otra papeleta con una lista de carácter marcadamente separatista que defienda la libertad de los presos políticos y condene el 155.

No existe ningún estudio tan específico (por no decir ridículo) que demuestre que la apariencia del presidente y vocales de mesa influya en nuestro voto en el último minuto. SEGUIR LEYENDO

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La influencia Thatcher en las políticas de hoy

Mañana los Reyes nos traen el esperado estreno de La Dama de Hierro. Por favor, como ya os advertí, para evitar fraudes en la traducción, optar por disfrutarla en versión original. Aunque opino que actualmente la mujer política debe luchar por alcanzar una feminidad indumentaria real (el uniforme político está hecho por y para los hombres), es de justicia reconocer la influencia (masculina en su totalidad -rigidez de tejidos, líneas rectas, sobriedad…-, pero femenina en los detalles) que la imagen de  Margaret Thatcher (el azul conservador, el collar de perlas, la camisa lazo, el pelo rubio cardado y el bolso de asa corta) ha tenido en las representantes públicas. Incluso a día de hoy…

La camisa de cuello en lazo estuvo presente el día de la foto de familia del nuevo gobierno de Rajoy. A Ana Pastor le favorece el estilo masculino, lástima que no sepa explotarlo.

 

Este estilismo de Elena Salgado (el color, el peinado, el broche y el pendiente de perla) recuerda mucho al de la Dama de Hierro.

 

El cardado y las perlas de Rita Barberá serían la versión barroca del estilo Thatcher

 

Angela Merkel quiso imitar a la ex primera dama británica pero pronto advirtieron que la figura de las dos mujeres poco tenían que ver. Aunque las perlas sean muy Thatcher, la Dama de Hierro nunca hubiera lucido un escote semejante.

 

La dureza política y estética de Condolezza Rice, ex secretaria de Estado de EEUU con George Bush, fue muy comparada con la de Thatcher.

 

Dilma Rousseff quiso lucir bolso como la primera dama. Pero se equivocó de modelo. Thatcher apostó casi siempre por la firma británica Asprey. En cambio, la presidenta brasileña se vio tentada por un Hermès.

 

La primera ministra danesa prefiere el bolso de Gucci. De hecho, la apodan así: Gucci-Helle