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La semana pasada un outfit en amarillo de Melania Trump se convirtió en el estilismo más alabado por las revistas de moda especializadas de todo el mundo. El amarillo es tendencia, para desgracia de los unionistas y dicha de los independentistas. O no. Porque vestir de amarillo, ir a la moda, se antoja últimamente en este país únicamente como una significación política (ni siquiera social, y eso que para pedir la libertad de los presos que no han cometido delito de sangre alguno no hay que ser obligatoriamente separatista, sólo tener unos niveles mínimos de humanidad). SEGUIR LEYENDO

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Tous, Santi Vila y otras joyas del procés

Hace más de quince años que en el sector de la moda y el diseño de este país (me refiero a los profesionales, a los que viajan como mínimo tres veces al mes a París, Milán, Nueva York, Amberes, Londres o Japón) se escucha la misma chanza: «Tous, la marca de los pobres». Y es que el anhelado osito que Rosa Tous consiguió convertir en objeto de deseo entre las clases populares -obreristas (alienados en clase media) y nuevos ricos (alienados en nunca seréis clase alta)- copiando la cajita azul de Tiffany servía para detectar ipso facto la falta de gusto, carácter y conocimiento de sus clientes.

Hoy, debido a una cuestionable campaña de marketing -léase una falta de filosofía, ética y principios no sólo empresariales, también personales (más allá del mantra económico «lo que nos haga ganar más dinero)»-, llevar un producto de Tous es posicionarse políticamente con el unionismo y el 155. Así, este mismo lunes, cuando los reyes recibieron en el Palacio Real al presidente de Palestina, los medios de comunicación interpretaron los pendientes que colgaban del lóbulo de las orejas de Letizia como un guiño de apoyo implícito a la marca catalana que está tratando de desvincularse desesperadamente del independentismo y de todo lo que huela a secesionista por miedo a que la campaña navideña se vea afectada negativamente. SEGUIR LEYENDO

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¿Y lo que sí se hizo bien durante el procés?

«Soy tan optimista que me permito el lujo de ser pesimista», me confesó una vez el filósofo Raimon Panikkar durante una entrevista. En mi caso, por desgracia, me sucede lo contrario. Pero según mis mejores amigos, mi empeño es también llevar siempre la contraria. Así que en esos momentos en que toca autoflagelarse y estar sumergido en el catastrofismo y la decepción, una se crece y empieza a ver las bondades del contexto. Porque en algunos escenarios, siempre desde un análisis crítico, coincido con Winston Churchill y defiendo que hay que ser optimista porque «no parece muy útil ser otra cosa». SEGUIR LEYENDO

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La rosa encantada

Érase una vez, en un país muy, muy cercano (…). La rosa que les habían ofrecido (los votos a una mayoría independentista) era en verdad una rosa encantada que seguiría fresca hasta que se cumplieran 21 meses (alguien poco enterado con el relato de Disney dijo 18, pero en realidad tienen de margen hasta junio).

Si los habitantes de aquel Palau eran capaces de celebrar (o fijar una fecha) un referéndum o referéndum vinculante antes de que cayera el último pétalo se desharía el hechizo y tendrían la posibilidad de independizarse. Si no, seguirían condenados a seguir formando parte del Estado para siempre y acabarían todos inhabilitados. Al pasar los meses, algunos comenzaron a impacientarse y perdieron toda esperanza (a hablar de posibles «candidatos autonomistas» y a querer denunciar al aliado ante la fiscalía enemiga, un disparate). SEGUIR LEYENDO

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