¿Por qué no convence el retrato de Melania Trump?

«Modelo desde los 16 años». Este es el único dato de la breve biografía de Melania Trump que se comprueba con el retrato oficial de la nueva primera dama estadounidense. La esposa del presidente Donald Trump posa vestida de negro (también lo hicieron Michelle Obama y Hillary Clinton), mira a cámara (como le enseñaron en las campañas publicitarias que ha protagonizado durante su carrera), con los brazos cruzados, pero con las manos perfectamente colocadas para que sus dos joyas (la alianza de casada y el impresionante anillaco de pedida de 25 quilates valorado en 3 millones de dólares del que jamás se desprende) tomen protagonismo. LEER MÁS

 

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Naomi Campbell se mete en el papel de Michelle Obama

Más de una vez, se nos puede antojar que Michelle Obama o Kate Middleton son modelos protagonizando un rentable desfile de moda.  Ahora, la revista W ha logrado inmortalizar a la super modelo Naomi Campbell como una primera dama del siglo XXI. El editorial fue fotografiado por Willy Vanderperre y la modelo usa looks de Nina Ricci, Giorgio Armani, Michael Kors, Hermès y Prada. Las fotos fueron tomadas en Ghana y son sencillamente espectaculares.

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La chaqueta y la falda de Nina Ricci se la vimos hace una semana a Penélope Cruz. La elegancia que prestan unos guantes…

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De Proenza Schouler

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Michael Kors y bolso de Nancy González

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Total look de Prada

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De Alaïa

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Todo de Dior, excepto el bolso que es de Hermès

Cristina Kirchner se gasta 81.000 euros en zapatos de suela roja

Durante su reciente visita de Estado a París, la presidenta argentina no pudo resistirse a hacerse con 20 pares de Christian Louboutin. Según el New York Post, la factura de Kirchner asciende a unos 81.000 euros. Al igual que Eva Perón, la mandataria prefirió disfrutar de su tarde de compras dentro de los aposentos del hotel en el que se alojaba para no llamar demasiado la atención. Los personal shoppers del George V de la capital francesa le llevaron hasta allí calzado de suela roja, además de bolsos de Louis Vuitton y Hermès. Por supuesto, los portavoces de Kirchner se han apresurado en negar tal excentricidad.

La presidenta argentina saluda a su homólogo francés hace dos semanas en el Elíseo.

 

Apriétese el cinturón

Lo de apretarse el cinturón en tiempo de crisis se refería a que, cuando sólo hay para pan y no para jamón, la operación bikini es forzada. Pero al presidente del gobierno español, el origen del dicho se le antoja de otro modo. Por ello, con la que está cayendo,  Zapatero se atrevió a lucir un cinturón de la firma de lujo Hermès. ¡Viva el socialismo!

Salió pletórico al ruedo; José Luis Rodríguez Zapatero participaba el pasado domingo en un mitin electoral para las elecciones europeas de junio en la plaza de toros de Vistalegre (Madrid) con el uniforme informal del político del siglo XXI: americana, jeans y camisa blanca. Pero como buen socialista que se precie, el presidente agradeció el cariño del público levantando, cómo no, el puño izquierdo.

Pero, ¡ay! El gesto de ánimo delató el complemento más preciado del look del socialista: un cinturón de Hermès ceñía la cintura del presidente español. Asombrada por el hallazgo, la web de la firma de lujo francesa resultó de consulta obligada. Así se descubre que 479 euros pasan cada una de las hebillas del tejano de Zapatero sin reparo alguno.  Pese a todo, y aunque a día de hoy muchos medios se atrevan a decir que el cinturón es un modelo auténtico de la firma, a una la H del cierre del socialista le resulta sospechosa (mucho más fina y delgada) al compararla con las que aparecen en el catálogo de Hermès.

De todos modos, ¿qué es peor, que el líder de los socialistas españoles hable ante sus votantes con 470 euros envolviéndole la cintura o que el presidente del gobierno y amigo de la SGAE adquiera falsificaciones de firmas de moda?

La Beyoncé de las primeras damas

Mientras medio mundo se echaba las manos a la cabeza con las desafortunadas declaraciones del Papa sobre el uso del preservativo en su visita a África, el resto se sorprendía con la llamativa compañía femenina que custodiaba al pontífice. La primera dama de Camerún, Chantal, esposa de Paul Biya, no quiso desperdiciar la oportunidad mediática de tal acontecimiento para sentirse por un instante como cualquier consorte occidental icono de la moda, dígase Carla Bruni.

No tenía ni idea de su existencia. Pero el comentario de un familiar me puso en preaviso: “¿Has visto al Papa?”, me preguntó. Totalmente sometida a la actualidad informativa le contesté rápidamente con un “sí” e inicié el discurso sobre la opinión que me merecía la desafortunada declaración del Papa ante su posición contraria respecto a que el condón pueda evitar más enfermos de SIDA. Estaba en ello, cuando mi interlocutor me interrumpió: “No, no… Digo, si has visto lo bien acompañado que estaba el Papa.” Diez minutos después, Chantal Biya, primera dama de Camerún, entraba en mi vida.

Melena cardada al viento, curvas invasivas, trasero prominente, uñas postizas de vampiresa y labios carnosos resaltados con carmín colorado. Tan perpleja me resultó su imagen de Beyoncé cuarentona, que me entretuve varios días en pensar en ella. Y así, entretenida, la versión online de la revista Yodona me ofrecíó más pistas sobre el atuendo de la camerunesa.

Dior y Hermès para occidentalizar su imagen
Una estética de leona que no encaja con la de mojigata recatada a las que nos tienen acostumbrados las primeras damas occidentales. Y aunque las diferencias culturales de cada país -y más aún de cada continente- son notables incluso para decidir el vestuario más adecuado para ocupar el cargo de mandatario, huelga decir que Chantal, pese a sus evidentes esfuerzos, no resultó vencedora. Y es que aunque la esposa de Paul Biya deseara emular a las Carla Bruni enfundándose en vestidos de Dior o con bolsos de Hermès, sus elecciones no han sido las más acertadas.

Basta con observar las fotografías. Por su imagen, en cualquier momento, Chantal se come de un bocado a la Bruni, al Papa o a quien le venga en gana. Pero, en fin, esperemos que sólo se trate de su imagen.