El problema de esta fotografía

Las ministras de Vogue, también la de medio ambiente, posaron en La Moncloa rodeadas de pieles. Soraya Sáenz de Santamaría no entendió tanto alboroto por aparecer descalza y estirada en el suelo con un vestido de fiesta de Rosa Clará. Incluso a la ministra de justicia de Sarkozy, Rachida Dati, la acribillaron a críticas en el país del lujo por fotografiarse con un vestido y unas botas de Dior (piezas que jamás devolvió a Paris Match)… Pedro Sánchez no es el primero ni será el último, pero este tipo de posado no le beneficia nada a un político. El problema de este tipo de fotografía es que quedas retratado. Veamos por qué.

1. Representante público. Aunque parezca obvio, siempre hay que acabar recordando que un representante público no es una estrella del cine o del rock. Además de cercanía (motivo por el cual parece poder justificarse ya casi todo), el líder político debe transmitir seguridad y seriedad. La idea de Harper’s Bazaar de recrear el posado de Steve McQueen con un político es original (el equipo editorial vela por los intereses del medio de comunicación, no por los de la campaña del candidato), pero los asesores de Sánchez debían haber pactado otro tipo de aparición más propia y beneficiosa para los intereses de un aspirante a presidir un país.

2. «Muy americana…» Los que defienden este tipo de posados y editoriales de moda con políticos enseguida sacan a relucir a los líderes estadounidenses. Sin embargo, nadie señala que Barack Obama -ni como candidato ni mucho menos como presidente- jamás ha aparecido en una revista con ropa cedida y/o elegida por la estilista de una publicación. Sencillamente porque al enfundarte una indumentaria que no es la tuya adoptas otra identidad (falsa). «El disfraz» es un lujo que puede permitirse un actor o un cantante, incluso una primera dama, pero nunca el candidat@ que aspira a conducir un país.

3. Credibilidad. Todo candidato busca resultar creíble. Para ello, es esencial que exista una cierta coherencia entre lo que se dice y lo que se hace (correspondencia entre el discurso verbal y no verbal). Y aunque para la mayoría de la opinión pública al PSOE (y a la socialdemocracia en general) ya no le quede nada de socialista ni de obrero; ellos siguen presumiendo de ser un partido de izquierdas… En esta fotografía, Pedro Sánchez viste un smoking. Junto al chaqué y el frac, el tuxedo representa un símbolo oligárquico que la izquierda siempre ha rechazado con fervor: desde Allende a Mandela pasando por Kruschev. «Ni en tiempos de clandestinidad, cuando tuve que viajar en primera en un transatlántico, fingiendo ser un diplomático, he aceptado utilizar esas prendas (…) Yo pensaba que si me disfrazaba con un smoking o un frac ya no podría volver jamás a Vallecas», explicó Santiago Carrillo sobre esta cuestión. En la instantánea también aparece la mano de una dama con la muñeca llena de relucientes pulseras. En política (y en tiempos de crisis más), la ostentación siempre es signo de mal gusto o como bien dijo Chanel: «Si las joyas son signo de algo abstracto, lo son de la bajeza, de la injusticia o de la vejez (…)». 

4. Pasar de moda. El político debe saber reconocer e incorporar aquellas tendencias (que serán permanentes) a su estilo de vida (demuestra que vive conectado a la realidad) pero no debe caer en los juegos y caprichos de la moda (fashion victim). ¿Por qué? Porque la moda pasa de moda y el objetivo de un político es precisamente otro: permanecer en el cargo o en el recuerdo del colectivo. Y eso, como bien saben los que se dedican al mundo de las vanidades, sólo lo consiguen los clásicos. 

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Hillary Clinton ama a Ferragamo

Con pinza de mariposa

El magazine Harper’s Bazaar dedica su portada a la secretaria de estado de EEUU. Ataviada con su ya seña de identidad, un traje pantalón oscuro y un par de collares de perlas, Clinton confiesa que adora los bolsos y en especial uno de color rosa chicle de Ferragamo.

«¿Cómo puedes ser infeliz con un bolso rosa?», se pregunta Hillary Clinton en la entrevista publicada en Harper’s Bazaar. Aunque quizá la cuestión es cómo se puede ser infeliz con un Ferragamo colgado del brazo, ¿no? A lo largo del reportaje, la publicación insiste en el cambio de imagen que Clinton ha sufrido desde que fuera primera dama hasta ahora. Incluso, el periodista de la conocida revista de moda le recuerda un episodio estilístico para olvidar: cuando acudió a un mitin de Naciones Unidas en NY con una pinza de mariposa sujetándole el cabello. Divertida, Clinton se horroriza de lo sucedido y se justifica explicando que era domingo y que acaba de salir de su hora de natación matinal. «Francamente, cuando me la puse no creí que quedaba tan mal.»

Prefiere el traje chaqueta pantalón que vestidos y faldas

Cierta masculinidad en su estilo aunque en los detalles es muy femenina

El bolso preferido de Clinton

PD. El artículo de Yolanda Mongue para El País referido a la entrevista de Hillary Clinton en Harper’s Bazaar me ha cabreado un poco. Con cierta ironía, deja caer que las revistas femeninas sólo se interesan por lo que llevan puesto las mujeres políticas y nunca por sus trabajos. Si bien en España esto puede ocurrir, no es el caso de Harper’s Bazaar América. Me he leído toda la entrevista y hablan de todo, también de Wikileaks. Por otra parte, ¿qué espera? Se trata de una revista de moda. Por otro lado, si la política acepta, es responsabilidad de ella, ¿no? Quiero decir, si Esperanza Aguirre acudiera la semana que viene a Sálvame… quién tendría la culpa del formato basura que resultara, ¿Aguirre o Jorge Javier Vázquez? En fin, las mujeres siempre haciéndonos las dignas pero después nos dicen que nos van a hacer una editorial de moda con las mejores firmas de moda y corremos como pavas. Y ellos, lo mismo. Pero entre ellos, no se ponen a parir.

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Hillary Clinton loves Ferragamo

The Harper’s Bazaar magazine devoted its cover to the U.S.secretary of state. Wearing his hallmark and a dark pant suit and a pair of pearl necklaces, Clinton admits he loves bags and in particular a pink of Ferragamo.
«How can you be unhappy with a pink bag?» asks Hillary Clinton in the interview published in Harper‘s Bazaar. But maybe the question is how can you be unhappy with a Ferragamo on her arm, right? Through out the story, the publication stresses the make over that Clinton has experienced since being first lady so far. Even the journalist known fashion magazine reminds stylistic episode to forget, when he went to a UN meeting in NY with a butterfly clip holding her hair. Funny, Clinton is appalled about what happened and reasoned that it was Sunday and just hours out of his morning swim. «Frankly, when I put no thought that was so bad.»