Rajoy, Felipe, Barcelona

La separación debe entreverse tan inminente (o, por lo menos, tan intimidante) que no sólo ha aparecido por casa el marido ausente con un enorme ramo de rosas (“lamento haberte ignorado durante décadas: venga, aquí tienes 1.900 millones de euros para que te compres los trenes que quieras”), también amenaza con instalarse la suegra (“hija, en la convivencia siempre hay que aguantar cosas”). Según apuntan algunos medios, Felipe VI planea aumentar su presencia en Barcelona y recuperar el Palauet Albéniz como residencia oficial. Ya durante la celebración del Mobile World Congress, el actual rey hizo noche por primera vez en sus reales aposentos. Aprecien aquí toda una declaración de intenciones: “Esta es mi casa”. SEGUIR LEYENDO

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Antes de enfundarse un smoking…

“En la invitación se consignaba que había que asistir de uniforme y con condecoraciones, o bien traje de etiqueta. Esto me molestó y decidí plantear la cuestión al presidente Cortezo. Este, en tono irónico, me contestó: ‘Si usted entiende que el traje de albañil es de etiqueta, puede asistir con él’. (…) Asistí a la sesión inaugural con traje de americana. Entré en el salón de espera inmediato al de sesiones, y me encontré a los otros consejeros vestidos con uniformes militares, de frac, de gentiles hombres con la llave en el trasero… ¡Aquello parecía un baile de máscaras! No me atolondré; al contrario, aquel espectáculo me reconfortó, y consideré ridículo embutirse en aquellos trajes, algunos ya cortos y estrechos por su antiguedad, para discutir asuntos de la administración del Estado. (…) Terminada la ceremonia, recibí felicitaciones de algunos colegas, diciéndome que había hecho bien rompiendo con la tradicición; ellos mismos se reían de verse con tales disfraces. En reuniones posteriores, muchos asistieron ya con traje de calle. El general Weyler fue alguna vez con pantalón de pana, que utilizaba para montar a caballo. Esta mutación de trajes me recordaba cuando Pablo Iglesias entró por primera vez en el parlamento con capa y sombrero flexible, rompiendo con la costumbre de acudir con traje de etiqueta y sombrero de copa”. 

Francisco Largo Caballero. Madrid, 1931

 

Aristocracia A diferencia del traje (aunque después se lo apropiara la burguesía para asentarse, es un vestido de carácter revolucionario gracias a los sans culottes), el smoking (al igual que el chaqué y el frac) responde a un origen aristocrático. En 1860,  el príncipe Eduardo le encargó a su sastre de confianza un traje cómodo para sus celebraciones privadas en casa. Nacía así la dinner jaquet -también conocida como “smoking” por el hecho de que, después de la cena, los hombres se retiraban a fumar y gobernar el mundo. Unos años más tarde, un amigo neoyorquino del príncipe de Gales imitó el look y lo popularizó en el selecto club de millonarios Tuxedo Park Club, de ahí que en EEUU la dinner jaquet británica reciba el nombre de “tuxedo” o “tux”.

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Símbolo oligárquico Debida a esta vinculación clasista, es comprensible que la izquierda nunca se haya sentido cómoda con este tipo de estilismos y los haya rechazado al considerarlos símbolos oligárquicos. Salvador Allende, y todos sus ministros, acabaron con la costumbre de vestir chaqué en la investidura; Mandela y Lula se negaron a someterse a la etiqueta exigida por Isabel II; Krushev y Gorvachov se reunieron con sus homólogos estadounidenses pero, pese a dar el cante en la foto de familia, jamás posaron en una cena de gala con black tie; incluso Blair y Brown acudieron al funeral de Margaret Thatcher con sastre, mientras los demás invitados acataban el código estilístico de la ceremonia… Ejemplos los hay a miles. En España, Santiago Carrillo canceló su asistencia a una celebración en Zarzuela con el rey Juan Carlos por no permitirle ir con traje de calle. “Ni en tiempos de clandestinidad, cuando tuve que viajar en primera en un transatlántico fingiendo ser un diplomático, he aceptado utilizar esas prendas. Yo pensaba que si me disfrazaba con un esmoquin o un frac ya no podría volver jamás a Vallecas”, reflexionaba sobre esta cuestión el comunista español. Pero sí, claro, supongo que si a Pablo Iglesias se lo exige Antonio Resines -galán del cine español por excelencia…-, la cosa cambia… #hiperventilando

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Revolución femenina En los años 70, el gran Yves Saint Laurent continuó reglándole libertad y poder a la mujer al proponer el smoking femenino. La mismísima Miuccia Prada repartía panfletos comunistas en la universidad vestida con un tuxedo de YSL… Y es en ese caso, en el caso femenino, cuando la izquierda puede reivindicar que el smoking persigue también para su ideología una revolución: la revolución de la mujer. Lamentablemente, aunque Carme Chacón se presentara a su primera Pascua Militar con una versión de Purificación García, se le olvidó dotar de significado aquel atrevimiento #rebeldesincausa = #pseudoizquierda

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Informal El smoking, pese a establecerse como un traje de etiqueta por su vinculación a una “clase social superior”, es una pieza informal. ¿Esto qué significa? Así como el chaqué o el frac no lo permiten, el smoking puede convivir perfectamente con el traje (a no ser que en la invitación al evento figure la exigencia de sólo ese dress code en concreto). Por lo tanto, aquí mi mensaje para los yihadistas del protocolo, Pedro Sánchez no incumplió ningún código estilístico la noche de los Goya (pese a ello, ya obtuvo su merecida reprimenda, hace unos meses, por aparecer con black tie en la portada de una revista de moda).

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Protocolo Aunque pueda convivir con el traje, si uno se decide a utilizar un smoking, entonces sí que se exige cumplir con las reglas y el exquisito y meticuloso ritual que conlleva el look: 1) sólo se vestirá de noche; 2) nunca con corbata (aunque lo hagan en Holywood); 3) la pajarita será proporcional a la cabeza de uno y nunca de quita y pon: hay que saber hacerse el lazo, denota madurez; 4. con americana simple, siempre chaleco (se puede desabrochar la chaqueta) o fajín; 5) si se opta por la chaqueta cruzada (menos formal), nunca se desabrocha; 6) aunque no se vean, siempre se llevan tirantes negros (nunca cinturón) 7) el traje debe ser, más bien, entallado; 8) el raso de las solapas debe ser el mismo que el del pantalón y el fajín 9) la camisa blanca es especial para smoking (lleva botones en la parte baja trasera para abrochar en el pantalón e impedir que se mueva) y en los puños, gemelos; 10) botones blancos o negros #painnovaroshaceishipstersyatomarporsaco ; 11) calzado: unos Oxford negros acharolados relucientes con calcetín de seda negra; 12) el smoking será negro #painnovarosahacerishipsetrsyatomarporsaco y con el buen tiempo se permite el blanco #loveBogart en Casa Blanca; 13) el look desenfadado (no me afeito desde hace días) no casa con el vestido; 14) si te pones un pitillo en la boca, echarás el humo hacia arriba (seguridad) 12. si bebes algo, por favor, que sea un whisky; 15) ya advirtió John Berger que “la arquitectura del traje deforma al trabajador”… Todos estos trajes decimonónicos buscan enaltecer el gesto al caminar, sentarse, conversar, escribir… Vamos, que se exige porte (sensibilidad, estilo, carácter, presencia…) para no quedar en evidencia (estudiar a Sinatra) 16) si se va incumplir cualquiera de estos puntos básicos, abstenerse (optar por otra vestimenta). Sencillamente porque es una aberración a la estética, al arte y la cultura #favenirmaldulls

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Provocar… Desnudar a un hombre ataviado con un smoking (desabrochar los botones de la camisa unidos al talle del pantalón, deshacerse de la pajarita, los tirantes, el fajín…) debería sugerir la misma delicia visual y táctil que desvestir a una fémina enfundada en un petit robe noir recto con cremallera (desde la nuca al final de la espalda) y una delicada media de seda (no confundir con un panty). Si no provocas esa sensación (deseo, sensualidad), se te retira inmediatamente la licencia (fantasía) de agente 007. Si el objeto de Iglesias era sorprender a los medios y la opinión pública, bastaba con que hubiera adquirido ropa de su talla (¡la que fuera!). Si sólo trataba de mostrar respeto por el cine español, lo mismo: ¡el secreto está en dar la talla!

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#cataloniaisnotspain Por suerte, la influencia gala ha provocado que la estética de la burguesía catalana sea especialmente austera y sobria (aunque, por desgracia, sin la sofisticación parisina). En este caso, podríamos decir que Catalunya no es España, pues rara vez se ha dado el caso (ni hoy ni antes) en que los representantes públicos del país se hayan prestado a lucir trajes de etiqueta en una ceremonia. El smoking, el chaqué o el frac son vestimentas más propias en sistemas de gobierno con vestigios feudales (pese a que en Catalunya siempre hay el típico horterilla que se presenta a la boda de día de su hermana con smoking…; en Andalucía o Madrid, no hay ceremonia nupcial de postín que se resista al chaqué).

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La influencia de Gabo en el vestir de los políticos latinoamericanos

En 1982, Gabriel García Márquez no vistió frac para recoger un merecidísimo Premio Nobel de Literatura. Aquel día Gabo, no sin provocar una gran polémica por saltarse el protocolo estipulado, decidió enseñarle a una sociedad  excesivamente conformista que cualquier pequeña revuelta, por insignificante que fuera (como es vestir un bello liqui-liqui blanco), significaba una potente oportunidad para cambiar el mundo.  “Con tal de no ponerme el frac soy capaz de aguantarme el frío. Aceptan que los hindúes vayan con su traje nacional y yo estoy dispuesto a demostrar que la guayabera es el traje nacional del caribe y que tengo derecho a ir así”, explicó el escritor. Aquella revolución estética sembró un cambio indumentario en los políticos latinoamericanos de izquierdas. El primero, por supuesto, en apuntarse a la reivindicación estilística de García Márquez fue su gran amigo Fidel Castro abanderándose a la guayabera -tal y como relato en el capítulo titulado “Folclore ilustrado” de mi segundo libro, Espejo de Marx-.  También, recién salido de su paso por la cárcel tras el golpe de estado fallido, Hugo Chávez imitó durante unos años al colombiano más ilustre con una colección de liqui-liquis en diferentes colores. Más tarde, la tendencia se extendería a Bolivia con la chompa de Evo Morales o a Ecuador con la camisa de Rafael Correa. Y ahí, la influencia de Gabo en la indumentaria política: lejos de modas, dignificar la cultura y tradiciones de un pueblo.

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La “absurda provocación” de Morenés

Desde que Chacón no desfila ante las tropas, la Pascua Militar no resulta tan atractiva. Por que ver a Rajoy y compañía vestidos con chaqué no presenta más novedad que si se vistieran con traje de calle o bata de casa:  la misma insulsería. Pero el sustituto de la ministra catalana, Pedro Morenés (alias Drácula), levantó ayer la voz durante su discurso ante el rey para rechazar “las absurdas provocaciones soberanistas”. Yo, mientras, siempre tan repelente, no podía quitar ojo al tsunami de su corbata azul. Porque aunque Morenés tratara de enfatizar el volumen de su lazo bajo el  chaleco, el recorrido trazado era de “para el coche que me mareo”. Y es esta, en mi opinión, parafraseando al ministro, “una provocación absurda” a la elegancia clásica. La derecha española, cada vez más conservadora de boquilla y menos en las formas.

Para Romney, el tamaño sí importa

Ya se sabe: la mayoría de hombres anda obsesionado con eso del tamaño. En el caso de Mitt Romney, parece que el republicano ha considerado que cuánto mayor sea su pin patriótico, mejor. Y sí, si lo comparamos con el de Barack Obama, el presidente queda en evidencia. Sin embargo, intentar exagerar el volumen de la insignia de EEUU (igual que ocurre con el miembro viril o el coche) no es garantía de nada; más bien, lo contrario.

 

Obama y Romney separados por el arzobispo de Nueva York en una cena benéfica de gala (lo siento, pero estos dos conceptos juntos no los acabo de entender). Los dos candidatos vistieron frac con pajarita blanca. Obama se atrevió con botones negros en su camisa.