Diplomacia

El arte del protocolo y las buenas maneras en sociedad se basan en el hecho de estar presentes. La (buena) presencia se da cuando cuerpo, mente y comportamiento están en perfecta armonía. Se reconoce al formado e ilustrado en estas dotes por su serenidad; nunca un mal gesto, nunca una salida de tono (ni estética, ni verbal). Creerán los más bárbaros que durante la discrepancia no cabe en esta ciencia, aparentemente tan reprimida, respuesta a la ofensa; pero se equivocan. Primero porque “no hay mayor desprecio que no hacer aprecio” y segundo, porque armas imbatibles como la fina ironía, el sarcasmo y humor han sido siempre seña de gustos y talentos exquisitos…  SEGUIR LEYENDO

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Pisarello, apaga el maldito móvil

Cada vez tenemos más ansias por comunicar pero cada vez nos comunicamos peor. El éxito de la comunicación depende de que estemos presentes en la conversación. El oír no implica escuchar y el atender precisa observar (sentir) al emisor. Para empezar, porque las palabras sólo representan el 7% del impacto total de un mensaje frente al 55% de información que aporta el lenguaje no verbal (corporal, estético, escenográfico, protocolar…). Para continuar, porque el hecho de no tener a la persona enfrente, no tener la obligación o posibilidad de mirarla a los ojos, facilita el engaño y la mentira (de ahí el tremendo éxito de aplicaciones refugio como whatsapp, pese a la cantidad de malinterpretaciones que genera). Para acabar, porque no es lo mismo que nos declaremos o pidamos disculpas a la cara (valentía) que enviar un mail o un emoticono con un corazón o unas manos de súplica (cobardía). SEGUIR LEYENDO

pisarello