Por respeto a Catalunya, por respeto a ustedes mismos

Últimamente peco de romántica y entusiasta, lo sé. Esta vez quise convencerme de que se nos presentaba una oportunidad única para hacer las cosas de un modo distinto, diferente. Hoy, toda esa emoción e ilusión parece que se ha volatilizado. O por lo menos, algunos nos mostramos reticentes en eso de creer y exponer nuestros sentimientos para que no vuelvan a defraudarnos y dañarnos. El espectáculo de estas últimas semanas ha sido bochornoso. Estéticamente así lo vi: Un vicepresidente con media camisa por fuera del pantalón; diputados corriendo y dando saltitos por los pasillos del Parlament; otros paseando relajadamente con los brazos detrás de la espalda y el jersey echado al hombro como quien sale un domingo a media tarde a darse un garbeo; colegas/compañeros pegándole collejas al President de la Generalitat, una portada de presupuestos posiblemente diseñada por un alumno de primaria… ¿Y aún les extraña que cunda el desánimo? Això es can Pixa! La falta de seriedad en la presencia y actitud transmite incapacidad de gestión. Por favor, por el bien de todos, no lo permitan. Sin decir ni mu, empiecen a demostrar un mínimo de respeto por Catalunya, sus gentes y sus instituciones. Será en ese momento cuando ustedes sean de nuevo dignos de respeto.

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Presupuestos Catalunya 2016-17. Si te dicen que es un almanaque cutre de los que «regalaban» antes los bancos te lo crees. Ya sólo por el diseño, enmienda a la totalidad.

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Presupuestos 2016 EEUU. ¿Hace falta que comente la sutil diferencia entre un ejemplar y otro? #aañosluz

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Y en Australia te los entregan con una bolsa de tela super mona.

 

Respeto Les recuerdo que cuando pisan el Parlament no sólo se representan a ustedes mismos, personalizan a todo el pueblo de Catalunya. La responsabilidad, por lo tanto, es enorme. Su cometido es que con sus actuaciones, decisiones y presencia nos y se honren. Soy consciente de que entretenerse en buscar un estilismo con el que sentirse mejor e identificarse (emociones, pensamientos y esperanzas que nos inundan durante el día o la vida) se antoja desde hace unos treinta años como un lujo egocéntrico. El acto de amor (respeto) que conlleva el hecho de cuidar los sayales (sean ostentosos, humildes o excéntricos) que nos echamos encima de la única propiedad física con la que nacemos se ve que ya no lo valora casi nadie. Aún así, comprobar tanta desidia estética en el Parlament no sólo me provoca estupor por la ofensa (falta de respeto, de amor) a la institución y al país (a los demás); me causa pena, preocupación y asco por la falta de autoestima, motivación y dignidad que se aprecia en los que nos conducen (ustedes mismos). 

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Fiel reflejo de la sUciedad. Intentan convencerme de que esta batalla -la de exigir sensibilidad estética (el reflejo externo de una coherencia ética, moral e intelectual) en los cargos públicos- es banal. «Nuestra dejadez estilística es un reflejo de la sociedad que representamos», me repiten con cierta sorna. Pero la degradación educativa y cultural que sufrimos actualmente no debería ser excusa para nuestros gobernantes. Un líder debe dar ejemplo. Debe proponer, indicar y señalar un camino de mejora, no camuflarse y acomodarse entre la mediocridad.

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CUPable  Desde hace días recibo mensajes retándome a que culpabilice de esta negligencia estilística que nos amenaza a la CUP. No lo voy a hacer porque no es cierto ni es así de simple la cosa. Si bien, reconozco que ha llegado un momento en que es difícil, incluso para mí, seguir defendiendo la coherencia de los cupaires. Sonará a broma pero no lo es y sé que algunos entenderán perfectamente la siguiente reflexión: la CUP cada vez es menos cuqui y los cuquis que no han sido seducidos (aducidos, convencidos) por el nuevo canon de belleza dictado por el Politburó no se atreven a alzar la voz (léase, revelarse contra el nuevo pero ya caduco uniforme de dejadez impuesto: camiseta pancarta y jeans). Porque es sospechoso que en una formación tan plural y rica impere un único estilo. El tema no es baladí: la defensa de la uniformidad (estética e ideológica) anula (mata) los valores de la izquierda y la democracia. Las t-shirts de David Fernàndez fueron una revolución estilística: consciente y coherente. Pero hoy apostar exclusivamente por esa tendencia es tan carca como las feas corbatas de cuadros que se atan los #convergentlovers. El objetivo (llamar la atención, comunicación de guerrilla) ya ha perdido fuelle: visualmente ya no impresiona, aburre y cansa. Para que nos entendamos, «la moda pasa de moda». Así que si quieren impresionar, progresar, concienciar, revolucionar o asustar a alguien deben ser un poco más arriesgados (valientes) con sus elecciones. Más que asistir a un pleno del ayuntamiento en bañador, atrévanse a defender una falda de caballero (¿hay huevos?). Más que llevar medio cuerpo tatuado, ¿por qué no utilizan maquillaje masculino y se pintan los ojos como los piratas o los bereberes? Más que insistir en que las mujeres podamos vestir como los hombres (feministas del mundo, mensaje captado y superado), ¿qué tal si defendemos también otros patrones femeninos? ¿Qué, hay ovarios? Hoy por hoy, el desarreglo ya no es subversivo (si es que alguna vez, con excepción de las guerras, lo fue). Acudir al Parlament vestidos como cuando tenían 15 años sólo confirma un grado de inmadurez estética supina. Se llama complejo de Peter Pan. Para más información consulten a sus terapeutas.  

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Supuesta izquierda radial les presento a Yohi Yamamoto (uno de los hombres más elegantes, sofisticados del mundo). Cuando averigüen quién es y qué ha hecho, valoren si su armario es tan rupturista como ustedes se creen.

Izquierda radial, les presento a Yohji Yamamoto (uno de los hombres más elegantes y sofisticados del mundo). Cuando averigüen quién es y qué ha hecho, valoren si su armario es tan rupturista como ustedes se piensan.

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Año 1983 (el año que nací yo). Katherine Hamnett se presenta en una cena de gala en Downing Street con esa camiseta reivindicativa (algodón ecológico). Thathcer grita horrorizada pero rectifica: «Por fin algo original». Ahora de sorprendente ya no tiene nada…

 

Algo mejor No mal interpreten ni utilicen esta reprimenda a su antojo electoralista (no salvaría a más de cinco de los 135 diputados que se sientan en el Parlament). El problema aquí no es que se vistan con camiseta o con corbata. La sugerencia es que dentro de sus posibles y de su estilo, en lo que ustedes crean (modelo alternativo o clásico), lo hagan de la mejor manera posible. Vaya, que se aprecie un cierto esfuerzo en representarnos y en representarse. «La gente nunca había lucido tan fea como ahora. Simplemente consumen demasiado. Estoy hablando de toda esa basura desechable… lo que estoy diciendo es que compren menos, elijan mejor. No se limiten a chupar ropa, porque todo el mundo se ve como clones. No solo coman McDonalds, consigan algo mejor. Coman ensalada. Eso es la moda: algo un poco mejor”, defiende Vivienne Westwood, creadora de la estética punk e impulsora de los Sex Pistols. Sinceramente, creo que este pequeño pero gran país se merece algo mucho mejor. Deseo que ustedes también así lo convengan.  

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Les presento a Vivienne Westwood, otra de las diseñadoras más relevantes del s.XX. Hizo una colección apoyando el «Sí» en el referéndum escocés. También apoyó el catalán. Ustedes, como siempre, en la inopia.

 

Carta de Don Quijote de la Mancha a Sancho Panza, gobernador

(…) Dícenme que gobiernas como si fueses hombre, y que eres hombre como si fueses bestia, según es la humildad con que te tratas: y quiero que adviertas, Sancho, que muchas veces conviene y es necesario, por la autoridad del oficio, ir contra la humildad del corazón, porque el buen adorno de la persona que está puesta en graves cargos ha de ser conforme a lo que ellos piden, y no a la medida de lo que su humilde condición le inclina. Vístete bien, que un palo compuesto no parece palo: no digo que traigas dijes ni galas, ni que siendo juez te vistas como soldado, sino que te adornes con el hábito que tu oficio requiere, con tal que sea limpio y bien compuesto. (…)

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Te juzgaré siempre por lo que vistas (o no vistas)

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Vale, pues vaya en pelotas «Júzguenme por lo que hago, no por lo que llevo encima». No hay frase que me saque más de quicio. Lo gracioso es que la suelen emplear los que más juzgan por las apariencias. Cada vez que tengo que oír esa consigna viene a mi mente Umberto Eco y me compadezco de él y de la semiótica. Porque la torpeza que esconde el anunciado (y que a su vez descubre al ignorante) es de (psico)análisis: «Júzguenme por lo que hago y no por lo que visto». Hasta el más necio entenderá que «vestirse» implica siempre una acción (decisión). «Quien haya estudiado a fondo los problemas actuales de la semiología no puede hacerse el nudo de la corbata, por la mañana ante el espejo, sin tener la sensación clara de seguir una opción ideológica, o, por lo menos, de lanzar un mensaje, una carta abierta, a los transeúntes y a quienes encuentre durante la jornada», advierte el maestro italiano en su ensayo El hábito hace al monje. Hoy, la estúpida frasecita se la he tenido que leer al líder de Podemos en la nueva revista de La Vanguardia y me ha puesto de muy mala leche… Es una frase que sólo le tolero -porque en este caso (si quitamos las pinturas y adornos que las tribus al final siempre acabaron empleando para distinguirse) sí sería algo coherente- a un naturista -que, quizá con bastante razón, defiende que el humano debería volver a vestirse con sus propias pieles-.

Pobres «Quieren que vistamos como pobres porque quieren que pensemos como pobres». Esta frase procedente del abuelo anarquista de Antonio Baños me tuvo varios días reflexionando. Políticamente incorrecta en estos tiempos de mediocridad indumentaria (y moral, claro), cada vez se me antoja más profunda y certera. Porque el hecho de que a Podemos le beneficie la imagen zarrapastrosa de su líder y que Pablo Iglesias presuma de «visto como mis electores» es altamente alarmante. Tanto como lo es que a la derecha le funcione desde hace décadas esa apariencia casposa.  ¿Respeto por el votante? Ninguno. ¿Respeto por él mismo? Ninguno. Porque aún me atormenta aquello que se atrevió a decirles a sus militantes cuando se ató una corbata una semana antes del 20-D: «Con vosotros, (señalando a su corbata) todo el respeto». Parecería que nunca antes se hubiera reunido con sus militantes o que el resto de electorado potencial no le mereciéramos la misma consideración que parece significar para él la corbata (y que tal como ultraja al accesorio, ya os advierto que es nulo)…  Pero como en un debate en Sálvame Deluxe siempre gana Belén Esteban, me resigno: Francia nos lleva siglos de ventaja (no sólo por el retroceso de la Guerra Civil, también por los años de luz y dos revoluciones sociales y culturales) y no podemos competir ni ideológica ni estilísticamente con el país vecino por mucho que yo, por cercanía geográfica (Barcelona) y estética, me empeñe.

Ricos El lerrouxismo ha vuelto y con más fuerza que nunca otra vez de la mano de una supuesta «nueva política»…  Mi mejor amiga, una sevillana con mucha gracia, siempre me advierte al ver saciar mi apetito con cualquier mierda: «Patry, somos lo que comemos». Tiene razón y creo que el consejo también es aplicable a la estética. Porque aquí no se trata de consumir todos los días caviar, sólo de comer sano (¿sardinas? mmmmmhhh… ¡Qué ricas!). Para que voy a andarme por las ramas, ya lo dijo la gran Vivienne Westwood: “La gente nunca había lucido tan fea como ahora. Simplemente consumen demasiado. Estoy hablando de toda esa basura desechable… lo que estoy diciendo es que compren menos, elijan mejor. No se limiten a chupar ropa, porque todo el mundo se ve como clones. No solo coman McDonalds, consigan algo mejor. Coman ensalada. Eso es la moda: algo un poco mejor”. Y he aquí el problema de España, creer que la moda es únicamente el capricho de cuatro (desequilibrados emocionales e intelectuales) fashion victims. Es como si alguien considerara que la cocina es sólo McDonalds. La cocina es también Ferran Adrià y los guisos de nuestras abuelas y nuestras madres (porque la comida de casa, de proximidad, sabe siempre mejor que ninguna). Ya les digo que la elección del establecimiento dónde compran y los productos que meten en la cesta delatan su filosofía de vida (sean ustedes ricos o pobres). No le estoy pidiendo a Pablo Iglesias que deje de ser él (más bien que se defina de una maldita vez y lo refleje en sus ropas), tampoco que se gaste grandes fortunas en ropa (menos cantidad, más calidad). Lo que digo es que el sencillo suéter negro que le prestaron en La Vanguardia para hacerle las fotos es infinitamente más elegante y comprometido con la causa que supuestamente defiende que la camisa blanca sintética con la que llegó al shooting.

Prueba por ahí, por ser tú. Por respetarte. Por respetarnos. Por ser coherente.