¡Felices Pascuas!

¡Feliz lunes de Pascua! Entrevista en la revista Quadis. No tengo ni idea del mundo del motor, pero hice lo que pude.

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¿Miente Trias?

El domingo saltaba el bombazo: el ex alcalde de Barcelona y actual portavoz del PDeCat en el consistorio aparecía junto a sus padres y hermanos entre la extensa lista de los Paradise Papers. La Sexta y El Confidencial emitieron entonces una entrevista a Xavier Trias, realizada un par de días antes, en la que en directo se le informaba que su nombre figuraba en los papeles. Salvando las distancias, la pretensión de estos dos medios era provocar un remake de la viral reacción (nerviosismo, enojo y huida) del primer ministro de Islandia cuando The Guardian le preguntó por sorpresa sobre una cuenta en Panamá (y por la que posteriormente acabó dimitiendo). SEGUIR LEYENDO

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Errores (no verbales) de Puigdemont con Évole

Ciertamente, Puigdemont dio la cara. Sin embargo, cuando uno da la cara corre el riesgo de que se la partan. Rajoy, en casa o en plasma, es consciente de su falta de carisma y no se expone. El error de la entrevista de ayer no fue del president de la Generalitat por aparecer (enfrentarse, jugársela), pero sí de su equipo por no negociar previamente o supervisar a posteriori algunos elementos visuales y estéticos que ensombrecieron su aparición televisiva. A continuación detallo brevemente algunos de ellos.

 

Escenografía

Asedio Desconozco si esa fue la primera y única opción de localización para esta entrevista. Sin duda, no fue la más acertada. El encuentro se mantuvo el viernes y en Barcelona hubo momentos en que llovió, tal vez fuera el motivo por el que finalmente tomaron ese espacio. Las paredes de piedra, las puertas selladas de madera, un único acceso vago de luz… El president parecía aislado en una celda o atrincherado en un castillo. El protagonismo del vaso de agua (sin jarra) y la pobreza del atrezzo intensificaban esta sensación de asedio y penuria.

Frialdad La sobriedad del ambiente (intenisficada en la edición) es excesiva. La mesa es demasiado alta y proyecta una especie de barrera, otra más, con el espectador. En vez de una entrevista, aquello parecía una sala de interrogatorio (y el president aparecía, quizá no como culpable, pero sí como sospechoso). En este tipo de formatos es más conveniente no obstaculizar la presencia (dos sillas y mesitas auxiliares) para dar  la idea de charla amable y cordial (nada que esconder).  

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Desprotegido El presentador inicia la entrevista advirtiendo de que él es el que está de espaldas a la puerta. Seguramente se refiere a la puerta por la que han tenido acceso a la sala. Aunque la posición de indefensión (no sólo porque entre la Guardia Civil sino porque pueda entrar cualquier intruso sin que uno pueda verlo) la haya asumido Évole, a lo largo de la entrevista los espectadores pocas veces veremos ese acceso detrás de él y, en cambio, tendremos presentes accesos, aunque cerrados, detrás del president. Por lo tanto, la sensación de desprotección y desventaja (espaldas descubiertas) la percibimos visulamente en Puigdemont. 

Oscuridad El carácter cinematográfico que le ha querido imprimir el programa Salvados a la entrevista perjudica también al president. Además del plano corto, la imagen es oscura lo que proyecta una sensación de que se está hablando de un tema turbio. Sólo la luz de la ventana les acompaña y, aunque incida en el president, la claridad que entra no es tan potente como para presentarlo como el elegido (un visionario). En algunas fotografías tomadas durante la entrevista se ve que hay más focos de luz pero el programa decidió darle durante la edición final ese aspecto (¿Por qué? …)

luz

SINLUZ

Lenguaje corporal

Plano corto Ni el mejor intérprete del mundo es capaz de aguantar un plano corto durante tantísimo rato. Un actor político, mucho menos (ni siquiera Obama). Cualquier asesor de comunicación no verbal política sabe que el primer plano debe evitarse (a no ser que esté perfectamente dirigido y editado por el equipo), no es negociable. Mucho menos cuando se dilata de modo tan exagerado. Todas nuestras dudas e inseguridades se plasman en el rostro. No es sólo que pueda aparecer la mentira o contradicción. Durante el diálogo, el pensamiento y la emoción debaten en nuestro interior. El conflicto se filtra a través de las expresiones faciales antes de ser expresado verbalmente. Las manos son las que pueden ofrecernos contundencia al hablar (y disimular carencias). Pocas veces durante la hora que duró el espacio televisivo se vieron las del president (¿lo habían esposado ya?)

Cansado Como el montaje ha corrido por parte de la productora, prefiero no entrar mucho en el lenguaje no verbal (confío, pero no tengo la certeza de que cada gesto del president coincidía con la pregunta que se planteaba). Sí que la percepción era que Puigdemont estaba cansado (normal, menuda semanita…) y algo desmotivado (su carácter siempre ha sido más enérgico y alegre, incluso en contextos perversos). No creo que sólo fuera que Évole lo cazó en mucho asuntos (que lo hizo), sino que se abandonaba a replicar (excesivamente sincero -cierra lo ojos y estira la boca a modo de mueca de derrota- cuando reconoce que votó en contra de la autodeterminación del kurdistán, dando a entender que el entrevistador llevaba razón; algo que jamás hubiera permitido el ego de Artur Mas que siempre tenía la última palabra y le daba la vuelta a la pregunta). El gesto más repetido en el rostro de Puigdemont fue el de apretarse los labios (reprimir una emoción, pensamiento, idea…), manifestando cierta incomodidad. Fue en la última pregunta (la del fútbol) cuando mostró un gran alivio (resopló y sonrió).

Abatido Si no le ves las extremidades, la persona parece inactiva. Algo que en estos días un líder no puede permitirse. Imaginen que una parte de esa entrevista se hubiera dado en un exterior, a la luz del día, de pie y caminando. Todo cambia según cómo nos lo presenten…

rajoyevole

otegui

Pim, pam, pum

 “No se puede negociar con la pistola del separatismo encima de la mesa. No lo hicimos con ETA y aquellas pistolas mataban…”. ¡Pim! Alberto Núñez Feijoo, para ser gallego, apuntó convencido: mirada al infinito y pertinente negación con la cabeza para sentenciar la imposibilidad.  Pero cuando se volvió a buscar el rostro cómplice de su interlocutora, la periodista Pepa Bueno que lo entrevistaba en el interior de un coche el pasado jueves, reparó en la barbaridad (flaqueza moral: intelectual y emocional) que acababa de verbalizar públicamente.

Para restablecerse de aquella lamentable comparación, el presidente de la Xunta procedió a recolocarse las gafas (comprobar que la visión del mundo seguía siendo la correcta, como si eso pudiera darse) y aplaudió las propuestas descafeinadas sobre el soberanismo en Euskadi que Urkullu ha planteado estratégicamente durante la campaña del 25S para diferenciarse electoralmente de Bildu. Feijoo recurrió al lehendakari en un intento por demostrar que, aunque no comparta su opinión sobre España, respeta al PNV porque ellos son “sensatos” y cumplen con las reglas del juego (sus reglas). Aquel viejo mito de que todas las ideas y sentimientos tienen cabida en democracia… Todas hasta que la periodista entró a matar y le disparó conceptos como “Catalunya”, “independencia”, “Puigdemont” o “Estatut”. ¡Pam!

Y fue muy curiosa la reacción de pánico (debilidad) corporal del presidente gallego al incidir en la cuestión catalana (más cuando tan sólo dos minutos antes habían tratado un asunto mucho más delicado para el popular —su viaje en yate con un narcotraficante— sin ni siquiera inmutarse). De repente, Feijoo empezó a intentar liberarse de una especie de soga al cuello (y eso que no lucía corbata y llevaba un botón desabrochado), estiró la correa del cinturón de seguridad que, justo en ese preciso instante, le oprimía el pecho y se llevó la mano al sobaco para constatar la deshidratación y desgaste enérgico sufrido. ¡Pum!

Sin querer, la inquietud de su cuerpo acababa de revelar que las movilizaciones independentistas, precisamente por ser pacíficas, es lo que más le aterra. Sin querer, la convulsión de su cuerpo confirmó que el derecho a la autodeterminación de un pueblo es una amenaza real para el Estado. Sin querer, el nerviosismo corporal del hoy “hombre fuerte del PP” acababa de regalarle legitimidad, credibilidad y salud al procés. ¡Pim, pam, pum!        

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