La imagen del poder 2010

Política y Moda escoge al mejor y peor vestido del año que acaba. También, buscamos la mejor anécdota indumentaria y la imagen internacional más impactante. ¡Vota ya!

Entre los mejor vestidos, encontramos al vicepresidente primero Alfredo Pérez Rubalcaba. El protagonismo que ha tomado el también ministro de interior en el gobierno del PSOE es innegable. Y aunque hace unos días bromeaba con el tamaño de su frente, lo cierto es que su imagen nunca eclipsa a su profesionalidad. No necesita camuflar sus carencias a través de sus estilismos y, por lo tanto, sus looks son correctos y discretos.

En nuestra quiniela también aparece Josep Lluís Durán i Lleida (CiU). Su imagen es intachable. Conoce bien sus puntos fuertes y débiles y escoge con inteligencia los tejidos, las tonalidades y los cortes que más le favorecen. Aunque su estilo es clásico (proyecta seguridad y seriedad), el toque del color en sus gafas transmite modernidad y lo acerca al interlocutor. Otro catalán, Albert Rivera, se instala en nuestra lista de mejor vestidos. El líder de C’s cuenta con un buen físico y además, intenta introducir un nuevo dress code en la política con sus tejanos. Pese a su juventud (nada valorada en el campo de la política), Rivera se aplica en el cuidado de su imagen.

El presidente gallego, Alberto Núñez Feijoo (PP), también se cuela entre los mejor vestidos. Si antes de ganar las elecciones confío su imagen a una estilista, el popular sigue mimando su apariencia. Es uno de los políticos que más color utiliza en su vestimenta y eso le hace destacar sobre el cansino uniformismo indumentario de sus colegas.

Seguimos en el Partido Popular porque es allí donde encontramos a tres de  las protagonistas de las políticas mejor vestidas: María Dolores de Cospedal, Esperanza Aguirre y Arantza Quiroga. Aunque Cospedal ha cometido algún error que otro (cuando se colocó un pañuelo palestino -ver encuesta anécdotas-), la secretaria general del PP se mantiene fiel a ese estilo elegante pero informal. Por su parte, la presidenta de la Comunidad de Madrid ha sido recientemente elegida como la mejor calzada de España. Aunque su elección como mejor vestidas puede resultar polémica, la imagen de Aguirre es absolutamente coherente con su mensaje (otra cosa será que nos agrade o no ese mensaje). Por último, la presidenta del parlamento vasco es una de las políticas con más estilo de la historia de este país. Además, demuestra que la feminidad no está reñida con la política. Por esta misma razón, la ministra de economía está igualmente nominada. Elena Salgado (PSOE) es la clase (dentro del campo de la política) personificada.

Vayamos a los que han corrido menos suerte. A peor vestidos, tanto José Luís Rodriguez Zapatero y Mariano Rajoy están nominados. El presidente del gobierno y el líder de la oposición no pueden representar al país con esas pintas desaguisadas.  Si quieren proyectar una imagen de España digna y creíble quizá deberían empezar por dedicarle algo de tiempo a la suya propia. También, Joan Herrera (ICV) con su aspecto de eterno monitor de campamentos es candidato al peor vestido de 2010. Herrera sigue sin entender que se puede vestir bien y seguir siendo de izquierdas. Por otra parte, Carlos Fabra (PP), presidente de la diputación de Castellón, también dispone de muchas papeletas para ser coronado como el peor vestido.  Esa imagen chulesca entre Berlusconi y el Padrino es poco recomendable para un político. Aunque lleva siempre gafas oscuras (algo que lo aleja del interlocutor) por un problema en un ojo, podría relajar el resto de su estilismo para transmitir, por lo menos, cercanía.

En ellas, en esta ocasión hay triplete de damas socialistas. Las ministras de sanidad, cultura y defensa deberán aplicarse a fondo en su imagen si quieren salir de la lista de peor vestidas. Ni Leire Pajín ni Carme Chacón demuestran ningún tipo de gusto en lo que a estilo se refiere. Los maquillajes, los cortes de pelo, los tejidos, el colorido, la idoneidad de la ropa escogida y un largo etc. las descubren como peor vestidas. Por su parte, el aspecto descuidado de Ángeles González Sinde se merece también la nominación. Además, recordar que entre sus competencias en el ministerio de cultura también se encuentra la moda. Por eso, quizá, aún tiene más pecado que sus compañeras.

Pero el PP tampoco se va de rositas. Soraya Saénz de Santamaría no acaba de controlar su imagen y nos regala estampas estilísticas espeluznantes (pieles rojas, vestidos desestructurados) que no la ayudan nada. Acierta cuando va sencilla. Así que, ¿para qué complicarse la existencia con looks imposibles?

Pasamos a las anécdotas indumentarias del año. Empezamos con el momento María Dolores Cospedal y pañuelo palestino. Si se criticó a Zapatero y al Papa por posar con este complemento, ¿qué se le paso por la cabeza a la secretaria general del PP para colocarse uno? Con un suceso igual de incomprensible nos hemos encontrado hace pocos días: Toxo Fernández, líder sindical de CCOO, con bufanda Burberry. También, a recordar cuando a EEUU utilizó un retrato de Gaspar Llamazares (IU) para buscar a Bin Laden; la coincidencia de vestidos entre la princesa Letizia y Belén Esteban; y el apoyo estilístico de la Reina (vestida de rojo y gualdo) a la selección de fútbol durante todo el mundial.

En el panorama internacional, escogemos la imagen con mayor repercusión. Desde el chándal con la bandera venezolana de Hugo Chávez hasta la futura princesa de Inglaterra, Kate Middleton, con botas de Valverde del Camino (Huelva). También, se incluye como Fidel Castro recupera la salud y el verde militar en su uniforme (el táctel se lo deja a su amigo Chavez) y el estilo pre-mamá de la primera dama británica, Samantha Cameron.


¿Quién crees que es el mejor y peor vestid@? ¿Con qué anécdota te quedas? Y en el panorama internacional, ¿a quién destacarías? ¡Vota ya!

Las fachas de Catalunya

Catalunya está de fiesta. Se conmemora la caída de Barcelona en manos de las tropas borbónicas durante la Guerra de Sucesión española, el 11 de septiembre de 1714 (aseguran los psicólogos que celebrar algo en un día triste ayuda a superar la tragedia…). Nosotros nos quedamos con los looks más inverosímiles que ha lucido la política catalana en su día. Read More

Y en Catalunya, destellos azules

Un millón y medio de personas de todas las edades se manifestaron en el centro pijo de la capital catalana para, en teoría, declarar su rechazo a la sentencia del Estatut por parte del Constitucional. Al final, la manifestación se convirtió en una concentración independentista. Los políticos (excepto Jordi Pujol y Joan Rigol), ante el bochorno, se quedaron en mangas de camisa.

España entera se tiñe de rojo y gualdo pero en Catalunya el rojo y gualdo se camufla con destellos de estrellas en fondo azul, “l’estelada” (símbolo del independentismo). Un millón y medio de personas invadieron durante horas Paseo de Gracia para transmitir su disconformidad por el recorte que el constitucional ha hecho del Estatut.

En mangas de camisa

En la cabeza de la manifestación (aunque pronto se convertiría en una concentración ya que la respuesta masiva de asistentes impidió que la marcha avanzara), los principales líderes políticos de la hasta ahora comunidad autónoma: Josep Montilla, Pascual Maragall, Jordi Pujol y Ernest Benach. Aunque para la foto oficial aguantaron con la americana puesta, tras unos minutos y la subida de temperaturas, Montilla y Maragall  se quedaron en mangas de camisa. No fue el caso de Pujol y Rigol que prefirieron respetar el protocolo.

Clases de políticos y políticos con clase

Si bien es cierto que la indumentaria de un político hombre suele relajarse cuando acude a eventos en fin de semana (un tejano y una camisa de manga larga arremangada pueden resolver el día), la excesiva despreocupación en estos temas nunca es aconsejable. Artur Mas, Joan Puigcercós, Joan Herrera y Duran i Lleida así lo entendieron.  Pero el ex presidente Maragall también hizo caso omiso a este consejo y, tras la fotografía oficial, decidió abandonar la americana y mostrar la manga corta. Pero sin lugar a dudas, el que no se debería haber permitido este error es el actual presidente de Catalunya, José Montilla. Menos mal que Jordi Pujol y sobretodo el ex presidente del parlament, Joan Rigol, (él único que entendió que la corbata sobraba pero que la americana clara y la camisa blanca aportaban seriedad al evento) siempre salvan la papeleta. Para la próxima “mani”, me comprometo a redactar un manual de estilo: Política y Moda en manifestación.

El hábito hace al monje

Empezamos la campaña catalana con CiU y sin fecha marcada aún para celebrar las elecciones. Será en otoño: octubre o noviembre. Las últimas, en 2006, ocurrieron el primero de noviembre, festividad de todos los Santos. En esta ocasión, quizá la fecha más apropiada sea el 2 de noviembre, día de los difuntos. Ya tocan las campanas…

Aquella imagen me transportó a otra época. Aquella en que la gente acudía en masa a recibir el sermón del párroco del pueblo esperando encontrar respuestas a una vida cada vez más jodidamente jodida. Y es que la preocupación ya no está tanto en la crisis económica como en la ineficaz e insultante manera con la que el gobierno pretende sacarnos de ella. La edad de jubilación y las pensiones son la última ocurrencia de los socialistas para frenar el endeudamiento al que han llevado a este país. Por eso no es de extrañar que ayer los pelos blancos se echaran a la calle para recibir a la que dicen es la única esperanza de recuperación de Cataluña (véase como es de grave la cosa). Aunque supongo que la fecha, un domingo 30 de enero, la hora, las 12 del mediodía, y el día, nublado y con amenaza de lluvia y nieve, no animaban a ningún otro sector a tragarse un mitin a cambio de un viajecito en autobús y un bocata.

Y en un pabellón gris, CiU inició su campaña para las próximas elecciones autonómicas de otoño. Había cambios, o eso se repetían unos a otros para autoconvencerse. A lo pronto, una presentadora pelirroja virtual (la cara de pijina la acercaba a su electorado) daba paso a videoclips de los 80 de Madona (ya saben, cualquier tiempo pasado fue mejor y más para CiU). Y así, los pelos blancos agitaban sus senyeres a ritmo de Lady Gaga. Hasta que llegaron los pelos blancos jefes: Jordi Pujol y Josep Antoni Durán i Lleida. Y una que se ha cansado de defender a Pujol como político atractivo por sus ideas y no por su imagen, en esta ocasión, me quedé desencantada. Sin haber pasado por el barbero y con unos tonos marrones, verdosos amarillentos, Pujol evidenciaba que si las cosas hubieran salido bien o fueran a ir bien, él ya no tendría que estar ahí intentando arrancar votos. Pero Pujol es Pujol y sus discursos aún hoy se agradecen. Incluso, los sermones de Durán i Lleida se soportan. Aunque esta vez, él tan dado a la perfección, optó por camisa blanca y americana negra dando la sensación de que sólo se asomaba como puro figurante, el camarero de todo festín que se precie.

Y al fin llegó el anfitrión; no sólo por ser el candidato a presidente de la Generalitat sino por cumplir 54 añitos. Como sacado de sus vacaciones en los Hamptons, Artur Mas salió al ruedo una vez más con esa imagen arrogante que le proporciona su peinado y su gesticulación. Y así, señor Mas, no debería ganar las elecciones –sus contrincantes desgraciadamente no le son rivales-. No resulta próximo, ni usted ni su esposa. Me aseguran que es usted una bellísima y encantadora persona y para nada vanidoso, pero yo, que tengo la suerte o la desgracia de no conocerle y de dedicarme a opinar sobre política y moda, me quedo con la apariencia.

Como último apunte, Pujol, Durán i Lleida y Mas mezclaron extrañamente sus americanas con pantalones de distinta tonalidad… Ruptura de mensaje pero sin nada más interesante que aportar: “Començar il•lusiona”. A la salida de misa, los pelos blancos resignados compraron La Vanguardia y el postre de los domingos. Cuando no hay propuestas siempre queda la tradición.

PD. Entre el público, un joven me atormentaba con sus gritos: “Molt bé, molt bé. Ara sí!” En pleno siglo XXI me sorprende tanto entusiasmo por nada y más por política. Pero lo que realmente me impresionó es que chaval vistiera pantalones caídos y me dejara ver sus bóxers. Quizá sí que algo está cambiando…