La estrategia de comunicación estética de Anna Gabriel (y la bilis de la caverna mediática)

Confieso que analizar “la nueva” imagen de Anna Gabriel en Suiza me genera cierta pereza. Porque aunque la estrategia de comunicación estética emprendida por la exdiputada de la CUP es tremendamente reseñable, significativa e interesante; el ruido cavernícola, partidista y mediático de las últimas horas entorno a la misma sólo genera juicios precipitados, torpes, vacíos y faltones que opacan el verdadero fin del mensaje visual y provocan que la que aquí escribe deba justificar, o incluso pedir disculpas, otra vez por su trabajo (descodificar la comunicación no verbal) antes de proceder al examen. En fin, ahí va: SEGUIR LEYENDO

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Carles Riera, lo peor que le podría pasar al 155

“Los radicales, extremistas, etarras, agitadores, violentos, perroflautas y la reencarnación de Satán” presentan a este hombre -sosegado, dialogante, formado, buen orador, educado y perfectamente aseado- como candidato a presidir la Generalitat de Catalunya y dejan nuevamente en evidencia a la derecha y la izquierda más casposa de este país. Ames u odies a la CUP, sería honesto reconocer que actualmente no hay aspirante mejor (vestido).

Consciente Carles Riera es terapeuta Gestalt. ¿Qué quiere decir eso? Según los trogloditas de twitter, la Gestalt es una secta o una pseudociencia. Según la psicología (ciencia), la terapia Gestalt consiste en tomar conciencia de lo que pensamos, sentimos y hacemos. 

Seco Como buen psicoterapeuta, emocionalmente reservado: “Dime tú cómo te sientes y yo sabré cómo enfrentarme a esa actitud sin perder mi equilibrio existencial”. Lo describen como un hombre “tranquilo”. Más que tranquilo, se antoja algo seco de carácter (si lo comparas con alguien tan adorablemente sensible como David Fernàndez o alguien tan adorablemente payaso como Antonio Baños). Le cuesta sonreír y entusiasmarse con lo que expone, así que también le cuesta enojarse en un debate (aunque mantener la calma siempre lo hace a uno ganador). Del mismo modo, ninguno de sus gestos es gratuito. Cuando habla, inclina su cuerpo hacia delante (= me dirijo a ti, préstame atención). Cuando escucha, vuelve a su posición normal y lleva su mano a la barbilla o frente (juicio y análisis). Y uno de sus gestos más repetidos es el de pedir calma con las manos (control sobre los demás).

Coherente Camachas, americanas de cheviot, camisas blancas de algodón, jeans, parkas, boinas, jerséis de lana gruesa, piercing (discreto, nada que ver con el pendiente de quinqui que luce Xavier Domènech) … Todas las piezas que viste este señor, incluyendo esas preciosa gafas, son de una coherencia absoluta con la ideoestética de izquierda. Y aunque hubiera lucido un terno (traje de tres piezas: pantalón, americana y chaleco) con corbata, como Antonio Baños, sería coherente (el traje burgués lo crearon los sans culottes en la Revolución Francesa). ¿Por qué? Porque casi toda la indumentaria que usamos hoy es de origen obrero o militar (incluso las piezas más icónicas de los nazis o de la guerra de Vietnam perdieron su antiguo significado cuando los jóvenes pacifistas las adoptaron como señal de protesta). La incoherencia ideoestética vendría si se enfundara un smoking, frac o chaqué (prendas de origen aristocrático y que históricamente la izquierda -la izquierda de verdad, no Pablos Iglesias y Felipes González- ha rechazado por considerarlas un símbolo oligárquico) o escogiera marcas que no fueran ecoéticas (no sostenibles e irrespetuosas con los trabajadores y la creatividad). La única vez que ha tenido un resbalón estético fue el último día que intervino en el Parlament con una sahariana de manga corta (prenda colonialista).

Sencillo Dada la gran pluralidad ideológica que conforma la CUP surge una gran pluralidad estética. El estilo de David Fernández nada tiene que ver con el de Baños o Riera. Aún así, los tres cabezas de lista que ha presentado la CUP tienen dos cosas en común: coherencia (explicado en el punto anterior) y estilo (carácter, personalidad definida) y, por lo tanto, pueden dar lecciones de estética (ética indumentaria) al 98% de los políticos de este país (incluyo a toda España). Otra cosa sería hablar de elegancia. David Fernàndez no es elegante y no viste bien. Tampoco, aunque lo intente, lo consigue Baños. Carles Riera viste bien (harmonía del conjunto resultante) y es elegante (que esa difícil sencillez parezca algo fácil) aunque vista casual. 

Intelectual Aunque lleve jerséis de algodón negros de cuello alto, Carles Riera no es un bohemio. Su peinado (tupé delicadamente domado) y el pulido recorte de su barba (ha lucido sin, pero está mucho más interesante con ella) hablan de una persona de ideas fijas. Y así te lo imaginas: sentado en su vieja butaca, disfrutando de un café en su taza preferida y devorando millones de libros. Sin duda, esta bella y sofisticada estampa de la CUP sería lo peor que le podría pasar al 155. 

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Si los carteles del 21D importaran

Un cabeza de lista en prisión y otro, en Bruselas. Pero pese a la excepcionalidad, los carteles siguen siendo tan aburridos como de costumbre (hemos superado el siglo de la imagen, no impresionáis a nadie presentando una fotografía del busto más que reconocible de vuestro candidato). Y las polémicas sobre el diseño, tan absurdas: Els Comuns aseguran tener la exclusividad del degradado gráfico (en política, la ambigüedad). Si buscan originalidad e impacto en la cartelería, deben insertar en google “propaganda republicana Guerra Civil”. Triste que el pasado de este país, incluso gráfico, se antoje siempre tan actual. Del bloque indepe gana ERC; de los unionistas, C’s. SEGUIR LEYENDO

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Esos rojos separatistas que beben gin-tonics

Si usted es un rojo separatista no se le ocurra asomarse por Casa Fuster. Si lo citan en la terraza con la excusa de que es uno de los pocos sitios que quedan en la ciudad en los que medianamente te saben servir una copa sin tener que ser interrumpido por conocidos a cada sorbo como en el Dry Martini, niéguese en rotundo. Porque usted, por rojo y separatista, no tiene derecho a saborear un gin-tonic, disfrutar de unas espléndidas vistas del Passeig de Gràcia y de una interesante conversación. No importa que le inviten o que haya ahorrado para pagar tan delicioso manjar (unos 12€, si no recuerdo mal), el pecado siempre será el mismo. No se le ocurra demostrar que dispone usted de capital (Dios mío, qué le diría Marx) para pagarlo, eso sería aún mucho peor. ¿Cómo se atreve a defender los derechos del vulgo mostrándoles que pueden alcanzar estados y prácticas orgásmicas que culturalmente les fueron prohibidas? Usted, por rojo, separatista y revolucionario, no tiene derecho ninguno al lujo. Y no se lo digo sólo yo. Ni siquiera es por la deferencia que ha tenido Xavier García Albiol -más dado a la casposidad que ofrece el Majestic o la lujuria del Titus y el reggaeton- al recordarle a usted, rojo y separatista, cuáles son sus límites de gozo en esta vida: “Líder CUP después de manifestarse frente TSJC x la opresión de España, en un hotel 5*GL reponiendo fuerzas revolucionarias”. Es algo intrínseco. En la naturaleza de las cosas, sepa que los lujos y comodidades de la vida pertenecen sólo a unos pocos. SEGUIR LEYENDO

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Don Limpios

Debido a mi fuerte alergia a los ácaros, prefiero pasar la aspiradora. Porque el barrer no resulta tan efectivo: siempre queda el rastro de lo recogido. Y mira que es fácil de comprobar; pasas el algodón y si aún se adhiere porquería es porque la fórmula no es la adecuada.

Es decir, si 100 años después aún hay que que recurrir a la escoba de Lenin es porque la limpieza bolchevique no sólo no resolvió el problema de la alta suciedad sino que acabó esparciendo más mierda. Pero por lo menos, aquella buena o mala idea (júzguela cada cual) en 1917 todavía tenía cabida por original (por eso y porque Lenin estéticamente era más trotskista que estalinista: vestía tres piezas, aguja de corbata y se aseguraba de cambiar el sombrero de copa burgués por la gorra obrera cada vez que regresaba de Europa). Así que la imagen de la mujer que ha sustituido al líder ruso en el cartel de la CUP -con jeans, camiseta y pañuelo en la cabeza, convencida de que le va a caer alguna mota de polvo- resulta demasiado trasnochada para esta formación de izquierdas. No sólo porque hayan tropezado en el tópico de la Kelly (podían haber incluido a un ejército de limpiadores conformado por un grupo social más amplio: hombres, mujeres, ancianos y niños), sino porque la protagonista en vez de ir armada con una escoba debería disparar con Kh-7 -acaba con la roña (corrupción) más incrustada en cualquier tipo de superficie (territorio catalán o español). SEGUIR LEYENDO

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